Se bajó del taxi unas cuadras antes porque había mucho transito, y no quería llegar tarde. La tarde estaba fea, pero no llovía, mejor para ella, porque tenía ganas de caminar. Y tuvo que hacerlo ligero porque hacía frío.
Cuando cruzó la calle, sonó su celular, era su amiga, con la que se iba a juntar, que le avisaba que llegaba un piquito más tarde.
Entró en el bar en el que ambas habían convenido. Estaba en una esquina y tenía dos vistas posibles, la primera daba a la avenida y la otra a la plaza. Obviamente, iba a elegir estar del lado que se veía la plaza.
Busco una mesa para dos, se sacó el abrigo, lo colocó en el respaldo de la silla y se sentó.
Mientras el mozo se le acercó con la carta.
- Hola, buenas tardes. Te dejo la carta. –Dijo el mozo.-
- No, está bien, traeme un americano con crema, por favor. Y un vasito con agua. – Dijo ella sin extender la mano para agarrar la carta.
El mozo le sonrió, dio media vuelta y fue a hacer el pedido a la barra.
Ahora esperaba a su amiga, pero al menos iba a tomar algo calentito.
En el bar había columnas con espejos, eso le resultó gracioso, porque le hizo pensar que antes que ese lugar fuera un café, seguramente había sido un boliche o algo así.
Mientras esperaba, se distraía mirando por la ventana como la gente caminaba por la vereda de la plaza. Hasta que una conversación captó su atención por completo.
Rápidamente, buscó a los interlocutores con la vista. Los encontró gracias a uno de los espejos ubicados en una columna. Lo cual, disimulaba su curiosidad.
Era una parejita, teniendo una charla de café. Por el tono de la charla, se imagino que estaban por terminar una relación. Porque por lo general, para eso son las charlas de las parejas en algún café, pensó.
Pero después de escuchar unos instantes, se dio cuenta que estaba equivocada.
Estaban teniendo algo así como un ajuste de tuercas entre los dos.
Él le reclamaba que pasaba mucho tiempo con sus amigas, en comparación al tiempo que le dedicaba. Y ella le decía que él era un desinteresado en sus cosas. O algo así era lo que podía entender de esa charla.
- Sí, puede ser que paso mucho tiempo con mis amigas. Pero vos también pasas tiempo con tus amigos y yo no me quejo. Te vas a jugar a la pelota los sábados cuando podrías estar conmigo. – La chica hizo una pausa para tomar aire. - Y lo que me da más bronca, es que no me escuchas, no me prestas atención, a veces siento que no te importa lo que hago, que tus cosas son siempre más importante que las mías.
La chica estaba al borde de las lágrimas. Él estaba serio y con cara de preocupado. Al menos eso parecía por el espejo.
- Sí me importa, como podes pensar eso, yo te amo. Claro que me importa. Es que, a veces lo único que me contás es lo que les pasa a tus amigas, me venís con los problemas de ellas. Y yo no tengo nada que ver con eso. Con los chicos es solo un rato, pero para vos tengo todos los días…
La charla seguía. Pero ella, había tenido un mal recuerdo. La última charla con su ex, había sido en un bar, solo que comenzaron hablando bien de cualquier tema, pero de repente estaban discutiendo. Acto seguido, terminaron.
Sintió ganas de levantarse e ir y decirle a la chica: dejalo, no va a cambiar. Todo lo que te puede decir ahora son solo excusas, porque en realidad tiene miedo de estar solo, porque se acostumbro a estar con vos. Solo por eso están juntos. No te ama. Date cuanta.”
Esa sensación le revolvió la pansa. Todo por escuchar una conversación ajena.
Le dio el último sorbo a la taza, todavía le quedaba el vasito con agua y la masita que venía con el café.
Se sobre saltó cuando su amiga le tocó el hombro, no la había visto entrar.
- ¿Te asustaste? – dijo la amiga, con una mueca graciosa – Che, ¿te pasó algo? Tenés una cara. – Exclamó.-
- Sí, me asustaste, no te vi llegar. – Sonrió- Estaba concentrada en otra cosa, no me hagas caso.
Sin perder tiempo, le hizo una seña al mozo para que se acercara. Y siguió la charla con su amiga. Una mala charla ajena no le iba a arruinar la tarde.
Cuando cruzó la calle, sonó su celular, era su amiga, con la que se iba a juntar, que le avisaba que llegaba un piquito más tarde.
Entró en el bar en el que ambas habían convenido. Estaba en una esquina y tenía dos vistas posibles, la primera daba a la avenida y la otra a la plaza. Obviamente, iba a elegir estar del lado que se veía la plaza.
Busco una mesa para dos, se sacó el abrigo, lo colocó en el respaldo de la silla y se sentó.
Mientras el mozo se le acercó con la carta.
- Hola, buenas tardes. Te dejo la carta. –Dijo el mozo.-
- No, está bien, traeme un americano con crema, por favor. Y un vasito con agua. – Dijo ella sin extender la mano para agarrar la carta.
El mozo le sonrió, dio media vuelta y fue a hacer el pedido a la barra.
Ahora esperaba a su amiga, pero al menos iba a tomar algo calentito.
En el bar había columnas con espejos, eso le resultó gracioso, porque le hizo pensar que antes que ese lugar fuera un café, seguramente había sido un boliche o algo así.
Mientras esperaba, se distraía mirando por la ventana como la gente caminaba por la vereda de la plaza. Hasta que una conversación captó su atención por completo.
Rápidamente, buscó a los interlocutores con la vista. Los encontró gracias a uno de los espejos ubicados en una columna. Lo cual, disimulaba su curiosidad.
Era una parejita, teniendo una charla de café. Por el tono de la charla, se imagino que estaban por terminar una relación. Porque por lo general, para eso son las charlas de las parejas en algún café, pensó.
Pero después de escuchar unos instantes, se dio cuenta que estaba equivocada.
Estaban teniendo algo así como un ajuste de tuercas entre los dos.
Él le reclamaba que pasaba mucho tiempo con sus amigas, en comparación al tiempo que le dedicaba. Y ella le decía que él era un desinteresado en sus cosas. O algo así era lo que podía entender de esa charla.
- Sí, puede ser que paso mucho tiempo con mis amigas. Pero vos también pasas tiempo con tus amigos y yo no me quejo. Te vas a jugar a la pelota los sábados cuando podrías estar conmigo. – La chica hizo una pausa para tomar aire. - Y lo que me da más bronca, es que no me escuchas, no me prestas atención, a veces siento que no te importa lo que hago, que tus cosas son siempre más importante que las mías.
La chica estaba al borde de las lágrimas. Él estaba serio y con cara de preocupado. Al menos eso parecía por el espejo.
- Sí me importa, como podes pensar eso, yo te amo. Claro que me importa. Es que, a veces lo único que me contás es lo que les pasa a tus amigas, me venís con los problemas de ellas. Y yo no tengo nada que ver con eso. Con los chicos es solo un rato, pero para vos tengo todos los días…
La charla seguía. Pero ella, había tenido un mal recuerdo. La última charla con su ex, había sido en un bar, solo que comenzaron hablando bien de cualquier tema, pero de repente estaban discutiendo. Acto seguido, terminaron.
Sintió ganas de levantarse e ir y decirle a la chica: dejalo, no va a cambiar. Todo lo que te puede decir ahora son solo excusas, porque en realidad tiene miedo de estar solo, porque se acostumbro a estar con vos. Solo por eso están juntos. No te ama. Date cuanta.”
Esa sensación le revolvió la pansa. Todo por escuchar una conversación ajena.
Le dio el último sorbo a la taza, todavía le quedaba el vasito con agua y la masita que venía con el café.
Se sobre saltó cuando su amiga le tocó el hombro, no la había visto entrar.
- ¿Te asustaste? – dijo la amiga, con una mueca graciosa – Che, ¿te pasó algo? Tenés una cara. – Exclamó.-
- Sí, me asustaste, no te vi llegar. – Sonrió- Estaba concentrada en otra cosa, no me hagas caso.
Sin perder tiempo, le hizo una seña al mozo para que se acercara. Y siguió la charla con su amiga. Una mala charla ajena no le iba a arruinar la tarde.
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