martes, 9 de agosto de 2011

El riesgo de peinarse demasiado

“La creatividad resulta evasiva cuando las letras, sílabas y palabras se caen de la cabeza al cuaderno rebotando de renglón en renglón para escaparse de ser escritas.
La inspiración está siempre latente, detrás de cada situación, observación, persona u objeto, en cada vacio siempre hay algo para escribir. Siempre se está escribiendo. “

Hay ideas que son como los dientes del peine, surcan una y otra vez nuestra cabeza hasta dejar, de alguna manera, un peinado, un pensamiento.
Ahí está el tema, cada quién es responsable del peine que usa para peinarse. No sólo es el peine, es la cantidad de veces que uno se peina, que uno piensa lo mismo.
Pensar y pensar hasta que las marcas de esos dientes dejan un claro sentido en la cabeza.
Peinarse no está mal, de ninguna manera, es más, muchos desconfiamos de las personas despeinadas. Una persona despeinada no solo es una persona despeinada, ese desorden en la cabeza podría ser un ejemplo del desorden interno. La falta de ideas igual a la falta de peine.
Por otro lado, tener peine y no usarlo sería como pensar pero no llegar a nada con eso. Tener ideas que no llegan a nada,  que nunca se ponen en acción. ¿De qué sirve pensar mucho si no se espera llegar a nada?
Pero por otro lado se encuentran las personas que si usan el peine todos los días.
Existen muchos tipos de peines, con dientes finos, con dientes un poco más gruesos, tipo cepillos, etc. Cada uno de ellos tiene un objetivo distinto al usarse.
¿A caso está mal tener un peinado característico que nos diferencia el resto? No, en lo más mínimo. Esa es una de las cuestiones por las que peinarse es necesario, tan necesario como pensar. Sí todos nos peináramos igual no habría diferencia y sería todo muy aburrido. Sí todos pensáramos lo mismo, nadie pensaría mucho, y eso también sería aburrido.
Es necesario peinarse, es necesario pensar. Pero ¿Cuánto tiempo  al día debemos dedicarle a nuestro peinado? Imagino que el que sea necesario para que nos veamos bien. Sin embargo, no ocurre lo mismo con nuestras ideas y pensamientos, a diferencia del pelo, mientras más vueltas les damos, mientras más nos pasamos el peine por la cabeza, más se enredan.
Los malos peinados se pueden ver de lejos, los pensamientos enredados conocen cuando se abre la boca.
Por eso cada quien es responsable del peinado que tiene, del peine que usa, y de la cantidad de veces que el peine (idea) para por la cabeza.
Peinarse demasiado trae consigo algunos riesgos: peinados demasiado complicados, tan elaborados que no se los puede disfrutar afuera de la casa; perder demasiado tiempo del día y de la vida frente al espejo arreglando algo que la naturaleza hizo así; buscar tanto la perfección que ningún peinado viene bien; usar tantas cosas para peinarse y pasarse tantas veces el mismo peine puede hacer que el pelo se empiece a caer.