domingo, 22 de noviembre de 2009

La excusa.

“Cuando pudo no quiso, porque cuando quiso no pudo; y así por un mal querer perdió su buen poder”.
San Agustín de Hipona.

Vivir es una decisión en sí. La vida esta plagada de decisiones, cada momento, cada circunstancia es una decisión distinta. Son ellas las que nos hacen ser, son nuestras decisiones las que les dicen al los demás quienes somos, siendo así, definidos por ellas.
Dentro de todo ese mundo de las elecciones, los vicios más comunes de los vivientes son los caprichos. Poder y no querer, es un lujo que, solo las criaturas capaces de razonar pueden darse. Es preferible equivocarse en la elección a no optar por ninguna posibilidad. El que se equivoca, es pacas de aprender y a la vez de comprender más de su propio entorno. Sin embargo quien o quienes no hacen uso de su capacidad de elección, se privan de aciertos y errores, que, más que condimentos de la vida, son una suerte de contrapeso de la misma.
En la vida existen dos clases de personas, las que tienen iniciativa propia y las que no la tienen. Los que esperan el momento junto para actuar, y los que actúan en el momento justo. Nunca va a llegar el momento justo para actuar. Se puede pasar toda la vida esperando y esperando. Esa es una posición muy cómoda, mientras se espera a que se acomode todo en derredor se pierde tiempo. Las oportunidades se generan, se persiguen y se alcanzan, pero no se esperan.
Actuar en el momento justo es tomar la iniciativa, decidir que hacer ante las situaciones, y no permitir que las situaciones decidan por nosotros.
Para los impulsivos que tropiezan con sus errores, el tiempo va menguando sus ganas de dejarse llevar por la pulción del momento. Mientras el miedo a equivocarse va creciendo en ellos, sus oportunidades caen al suelo como pétalos marchitos de una flor sin agua.
Por otro lado, querer y no poder, es más común. Lo trágico de dicha situación, es saber que desperdiciamos la oportunidad de hacer. Sea por falta de decisión, por capricho o por algún factor externo, que nos condicionó o nos condiciona, es algo que nos acompañara el resto de la vida casi como una incógnita de lo que pudo haber sido y no fue.
Si de algo debemos preocuparnos en la vida es de no permitir que nuestros caprichos minen u obstruyan nuestra capacidad de decisión y elección.
Si alguna vez la culpa late en tu pecho, que sea por haber hecho algo, y no por la desazón de dejar pasar las oportunidades.
La historia recuerda a quienes, con éxitos o fracasos, escribieron en sus páginas sus actos.
Mediocre no es quien se equivoca, sino el que cae preso del miedo a equivocarse. Y así, la excusa justa de un perfeccionista, es el miedo a equivocarse.

El traje de un poeta.

“Es mejor la más débil de las tintas, que la memoria mas brillante”

Existen historias que merecen ser contadas. De las cuales debe permanecer un testimonio firme, fidedigno, presto a ser utilizado como evidencia del pasado. Historias útiles a otros, ya sea por la experiencia intrínseca en ella o por su capacidad de llevarnos a la reflexión.
También existen otras historias, quizás menos interesantes o no, las que no tienen final feliz, de las que a veces es preferible no hablar, son aquellas que quien las cuentas no disfruta de hacerlo. No por esas razones, éstas, las menos virtuosas de las historias, deben encontrar en el olvido un reposo perpetuo.
Un hecho se transforma en una historia, cuando es contado, cuando es repetido una y otra vez. Así y todo, solo llegan a trascender en el tiempo aquellas que son escritas. Escribir, como forma de expresión, es la forma más fiel que el ser humano tiene para preservar en el tiempo sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos. De esta manera, quienes escriben, juegan a ser filósofos sin serlo, descargando letra tras letra pensamientos brindados por alguna epifanía personal, o como fruto de un pensamiento que germino, y de repente la verdad se mostró radiante iluminando el camino. Aquellos que sufren emplean las palabras para vestirse de poetas, encontrando en frases o rimas parafraseadas la expresión justa de su corazón en momentos de aflicción.
De este modo, con el traje prestado de filósofos y poetas, los simples somos capaces de compartir algunas de nuestras historias, pensamientos, sentimientos o anhelos.
Todos tenemos la necesidad de contar una historia, nuestra historia, como una señal a la posteridad de que caminamos alguna vez por esta tierra. Dejar rastro de nosotros a otros. Decir algo que permanezca, al menos una frase que retumbe en los pasillos del recuerdo. Que esos instantes de lucidez comunicativa muestren a los demás quienes fuimos y que hicimos, nos entiendan o no, lo compartan o no, les guste o no, esta débil tinta venció al tiempo.

domingo, 11 de octubre de 2009

La paz no tiene metáforas.

Mientras el viento recorría de forma ágil, pero vigorosa, tu rostro, cerraste los ojos. La sensación de libertad se hizo presente en tu vida como no ocurría desde hacia meses.
Eso fue libertad. Pero esa paz duró lo que duran las brisas matinales de los finales de verano. Ahí la pregunta, ¿el viento se llevo la paz? ¿O el viento como una metáfora de la naturaleza, hace recordar ese sentimiento alguna vez vivido?
No existe ni siquiera uno de los mortales que sea como el viento. Sabemos de donde salimos y donde terminamos. Y, ojala, fuéramos invisibles como él a la hora de atravesar situaciones incomodas y evitar pasar vergüenza.
La libertad y la paz van de la mano, casi como hermanas mellizas. Conviven en el corazón del hombre, no pueden existir separadas.
Así es como el hombre siente paz cuando es libre, y se siente libre cuando tiene paz.
Son tus decisiones las que te acercan o te alejan de la paz. Son tus propios pasos lo que pueden conducirte a la libertad o privarte de la misma.
Tus elecciones trazan una ruta de vida, eligiendo las llanuras más prometedoras a la distancia, las que, tal vez, al acercarse se descubren como tierras áridas y secas, el engañoso contraste de verdes se destiñe ante una realidad adversa. O enfrentando caminos serpenteantes a las laderas de las montañas. Caminos que requieren más del cien por ciento de tu esfuerzo para lograr llegar a destino, pero que en el transcurso del viaje descubriste las mejores vistas de tu vida hasta ese entonces.
Mirando hacia atrás no hubieras cambiado por nada la aventura cuesta arriba, porque cuando estabas en la sima de la montaña fuete el primero del valle en ver el amanecer, el sol y su imparable ascenso hasta la sima. En ese momento el viento, sin previo aviso, volvió a empujar tu cuerpo inundándolo de es sentimiento grato de libertad.
Valles y montañas contrastan en las elecciones de nuestra vida, como lo hacen las buenas y las malas decisiones.
Solo hay un camino y una verdad para llegar a ser libre y gozar de la paz que sobrepasa todo limite.
Algunos gustan de una inevitable verdad; otros de la verdad inevitable. Puntos de vistas pasados por el prisma de las percepciones, y la infinita discordia definida por San Agustín entre quienes buscan tener razón y los que buscan la verdad.
La gran y única verdad de la vida: solo existe un camino para encontrar paz.
Otra vez cerraste los ojos y esperaste el viento en el rostro para sentir un poco de paz. Pero ese paliativo no llego, el brillo seco del sol en tus ojos cerrados parece cegarte. Y no hubo viento.
La libertad es una elección de basada en las decisiones de tu vida cotidiana. El viento es una metáfora de la libertad. Pero la paz no tiene metáforas. Su ausencia si.
Esta en los valles, esta en las montañas, no depende del lugar, no depende de las personas, no depende del tiempo, no depende de tu velocidad al avanzar. La paz esta en las decisiones correctas.

lunes, 5 de octubre de 2009

No existe la soledad absoluta, siempre que exista la familia.

Una noche de eterna soledad. Esos momentos en los que ni siquiera podemos sentir el suave viento de los últimos meses del año deslizándose por nuestra humanidad. Pensar en la soledad no es una opción, menos una elección. Solos por exclusión, por abandono, por olvido o simplemente porque las distancia con los demás se agrandó y creció hasta tener identidad propia. Una persona de entidad ausente que aleja a los demás simulando acompañarnos, pero no lo hace. Soledad.
En esa relación sin diálogos, entendemos que el silencio es su lenguaje universal. Cualquiera que haya caminado con ella, va a saber entenderla, hasta asimilarla, pero pocos traducen esos diálogos nocturnos de abandono en uno mismo.
Aceptar los momentos sin compañía, sin gente, pero con ella. Puede llevarnos a la trampa fatal de creer que es la única que nos acepta tal como somos. Bajo el pretexto que no dice nada, parece estar callada. Y nuestros pensamientos retumban como un eco en su interior, diciéndonos lo que queremos escuchar, devolviéndonos las mismas notas de nuestra canción de lamento, repitiéndolas de memoria hasta el cansancio.
De melodía triste, casi hipnótica. Nuestros propios versos de desgracia y desanimo parecen cobrar peso solo en sus labios, endulzando nuestros oídos, cayendo en el engaño de estar alejado de los demás.
La peor trampa que podemos tendernos a nosotros mismos es vivir en la mentira de creer que estamos solos, andamos solos, vivimos solos, que no somos aceptados. Encontrando la auto compasión en la soledad.
No nacimos para estar solos, pero primero debemos aprender a aceptarnos tal cual somos nosotros, para poder aceptar a los demás. Entendiendo los momentos de soledad, valoramos más la compañía de nuestros pares.
No existe la soledad absoluta, siempre que exista la familia, siempre que están los amigos, aunque lejos, pero están. El núcleo primario, el seno que nos vio nacer y crecer no nos abandona. A pesar de todo nos acepta tal como somos. Para aceptarnos, primero hay que aceparlos, una casa dividida no prevalece. Aceptar su compañía, y acompañarlos, eso es familia. Esa unidad inexpugnable, ese castillo sobre la roca, que la soledad no se atreve a atacar, pero siempre va a susurrar sus canciones desde lejos. Con la intención de atrapar algún desprevenido que no entienda que no esta solo.

domingo, 4 de octubre de 2009

Los unicos que sufren

"Si no tenes nada bueno para decir, no lo digas"


Las manos llenas de preguntas y bolsillos abarrotados de quejas. Una tormenta de ideas signada por el mal clima interno, antes que por las ideas. Y en esos momentos complicados de contractura mental y espiritual, no tenemos otra intención que pararnos delante del que está Sentado a pedir explicaciones de nuestra desgracia.
Imaginarnos una situación así, podría resultar fácil, lo difícil debe ser imaginarnos una respuesta.
Mientras las quejas caen solas de nuestros bolsillos. Las manos se aflojan perdiendo fuerza, dejando caer las quejas que se escabullen como un puñado de arena seca. Él sigue sentado, mirándonos como un padre, con la tranquilidad que solo los padres tienen. Esperando que su hijo deje de sollozar para poder consolarlo.
Esos son nuestros peores momentos, donde cualquier cosas puede salir de nuestros labios, sin importar el destinatario o el motivo, defendernos con un ataque.
En ese esfuerzo de guardarnos en nosotros mismos, lastimamos a los demás, los que nos quieren y cuidan.
“Si no tenes nada bueno para decir, no digas nada”. Aunque cueste, limitarse a ser agradecidos, es el mejor bálsamo para aliviar un corazón asediado por el pesimismo, la angustia y a la amargura. El agradecimiento nos lleva a pensar en lo que tenemos y no en lo que nos falta; en lo que conservamos después de la tempestad y no en lo que las olas, como las malas situaciones, arrastraron mar adentro. Siempre queda gente que nos quiere, que nos ama, sin importar el tamaño de las olas. Aquellos a quienes la fuerza de los vientos no llevo para otro lugar. Los amigos más fuertes que las tormentas.
Así como el sol sale sobre buenos y malos, nadie queda exento de tormentas así. Para todo el que se aventura en las aguas de la vida. Ni por más bien que sepas llevar la nave de tu existencia, vas a poder evitar las nubes oscuras de los momentos tristes.
Cualquier momento y lugar es bueno para ser agradecido. Aun en los momentos más incómodos e inoportunos hay cosas buenas que la gente hace por nosotros. Quizás no pensando en uno mismo, pero si por los nuestros, dar gracias por ellos. Por el principal, Él.
Tenemos todo el derecho de estar enojados, por lo que sea. Pero de ninguna forma tenemos derecho a lastimar por estar enojados, frustrados o decepcionados. Siempre es preferible callar antes que lastimar. Todos alguna vez tuvimos las manos llenas de preguntas y los bolsillos abarrotados de quejas.
No se sufre en secreto por vergüenza, no es ocultar lo que uno piensa o siente, es esperar el momento indicado pera decir lo correcto, para no pensar siempre que somos los únicos que sufrimos. No somos los unicos que sufrimos, pero podemos evitar que otros sufran por nuestras palabras.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Almendras amargas

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba el destino de los amores contrariados....Aunque el aire de la ventana había purificado el ámbito, aun quedaba para quien supiera identificarlo el rescoldo tibio de los amores sin ventura de las almendras amargas.”
Estracto de El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.

En una comparación entre nuestros cinco sentidos, dado que cumplen funciones diferentes ninguno es más importante que otro, pero sí ninguno puede suplantar al otro. Es decir, que la vista suplante al tacto, o el gusto al oído.
Por nuestras propias vías no podemos anular nuestros sentidos, podemos atenuarlos. Algo esta a nuestro alcance pero no lo tocamos, o no lo miramos, o no lo comemos, hasta podemos tapar nuestros oídos; pero no podemos dejar de percibir aromas.
Ésta es la gracia del fragmento anterior, la irrevocabilidad del sentido que nos permite discernir los aromas. Así como cuando pasamos por un lugar pestilente no podemos evitar llevarnos la mano a la nariz para taparla sin éxito alguno, sabiendo que es imposible no percibir.
¿Cómo algo tan grato como el olor de las almendras transforma en algo desagradable? Es sólo el proceso de descomposición natural de las cosas, o también el descuido involuntario, eso sin mencionar el descuido premeditado. Cualquiera de estas situaciones responde al ciclo natural de las cosas que no duran para siempre, no existen las almendras perennes.
Una cualidad que distingue al sentido olfativo es su gran memoria, capaz de reconocer perfumes en el cajón de los recuerdos, y así hacer revivir un recuerdo, una persona, un momento. No discrimina si el momento fue de los buenos o de los otros, sólo los trae, los acerca sin quitarle el polvillo del tiempo pero con su perfume característico intacto.
Aun cuando los vientos del tiempo desdibujan rostros, se llevan frases en sus remolinos y su susurro al oído arrastra palabras al olvido, es el mismo viento el que nos acerca esa fragancia de recuerdo, de pasado, de lo que fue y no es.
De la misma forma que los aromas no se pueden cambiar y su recuerdo es tan firme como el presente. Los aromas de los amores contrariados son amargos. Sólo el tiempo disimula la intensidad de las voluntades que no se pudieron poner de acuerdo, que cedieron al ciclo natural de las cosas, en el cual los elementos descuidados se corrompen, pierden la esencia de su verdadero significado, dejando de ser una misma cosa y asemejarse a un cuerpo desmembrado.
Y es inevitable, también, para los que saben reconocer, no darse cuenta cuando el rescoldo ha dejado de ser tibio.

domingo, 30 de agosto de 2009

Contrato sentimental

Ni en su afán de encontrar la sabiduría, o dilucidar los misterios de la vida, la filosofía no encontró el camino a la definición de los sentimientos, que, por escénica intrínseca, son parte del alma, casi como una sola cosa.
Quizás, los cronistas más fieles de los sentimientos son los escritores, quienes no pretenden explícalos, solo los describen tal cual los ven o alguna vez lo experimentaron.
La situación de los escritores es una contra posición a la del común denominador, el hombre cotidiano, apegado a la rutina, sintetizado, la versión las Light de una vida. El escritor es esa facción de la raza humana que puede traducir con la tinta al papel lo extraordinario de los sentimientos, de las sensaciones, lo sobre natural de lo cotidiano, la capacidad de vivir sintiendo.
Sin el ambiente que los sentimientos generan en nuestras vidas, los paisajes de nuestras rutas personales serian solo un juego de luces y sombras, blanco y negro sin espacio para los grises. Albergando en dichos colores lo bueno y lo malo. Como si en los días del hombre solo existieran dos sentimientos, el amor y el odio.
Extremos de la misma soga, ambos se entretejen en el alma de los mortales. Una conjugación esencial para quienes viven, sienten, aprenden, aciertan y se equivocan con la misma facilidad y naturalidad de la respiración, algo incorporado por necesidad.
El alma interpreta las situaciones en sentimientos, haciendo uso de la escala cromática para darle sentido a lo que nuestros ojos naturales ven, y llevarlo al plano interno es ese nexo entre lo físico y lo espiritual, el alma.
“Engañoso y perverso es el corazón del hombre ¿Quién lo conocerá?”… no es una ciencia ni mucho menos una metáfora bonita. Talvez el designio perfecto del Arquitecto de todas las cosas.
Una cláusula en el contrato de la inmortalidad del alma, del espíritu de la escénica puesta por el Hacedor en cada uno, el no poder entender todas las cosas, como un resguardo de nosotros mismos y de nuestro propios sentimientos.

sábado, 16 de mayo de 2009

confiar en pocos

“Ama todos; confía en pocos; no hagas mal a nadie.”
(W. Shakespeare)

Esta es una de mis frases favoritas de Shakespeare, hasta casi parecen tres mandamientos bíblicos. Aunque no necesariamente sea eso lo que el autor pretende transmitir.
Por nuestra propia naturaleza no podemos amar a todos, amamos a las personas más cercanas. En los tiempos que corren es un verdadero milagro amar a alguien y prácticamente imposible amar a todos. Con tantas barreras que la propia cultura ha marcado y la sociedad ha impuesto, sin mencionar nuestras propias barreras, las cuales parten de la ignorancia para desembocar en la intolerancia hacia las personas que no son similares a nosotros o comparten un mismo objetivo.
Partiendo de esta cuestión, se sobre entiende que “no hacer mal a nadie” es algo mas que imposible. Por más que pongamos todo nuestro empeño en no lastimar a nadie, e intentemos ser políticamente correctos, inevitablemente vamos a herir susceptibilidades.
Tanto amar a todos, como no lastimar a nadie, son cuestiones que se escapan de las más buenas intenciones que podamos llegar a tener.
No obstante algo que si encuadra en los parámetros de la mayoría de los mortales, es ser desconfiado. Así como existen las personas crédulas, confiadas o tan solo por demás inocentes; existen personas por demás desconfiadas. Pero aquí el autor no se refiere al hecho de ser desconfiado, sino todo lo contrario, es casi una exhortación para generar algún vínculo de confianza, pero no con todos.
Confiar en pocos, tiene muchos matices de una señal de advertencia. A medida que pasan los años en la vida, las experiencias van adquiriendo un tinte áspero y entendemos que las personas defraudan, que algunas situaciones y personas no suelen ser lo que aparentan, nuestro circulo de confianza empieza a perder diámetro, lo cuan no es malo, lo malo seria no darse cuenta de la necesidad de estrechar filas.
No podemos impedir ser afectados en mayor o en menor media por las circunstancias que nos rodean, pero si podemos plantearnos a nosotros mismos que tanto dejamos que dichas cuestiones o personas incidan en nosotros.
A su vez, hay dos cosas que no pueden ser eludidas en esta cuestión: dejar de confiar en las personas; o cerrarnos lo suficiente como para no dejar que los nuestros accedan a nosotros.
Saber elegir en quien confiar es no buscar el mejor confidente, sino el indicado. Y solamente podemos saber quien es el indicado después de haber confiado primero.

viernes, 3 de abril de 2009

nos gusta más como lo dice otro.

“Tratando de cambiar emoción por canción”.
(Andrés Calamaro)

Suele suceder en esas ocasiones donde la revolución de los sentimientos no encuentra lenguaje alguno para expresarse. Es en ese pérsico momento en el que recurrimos a determinada música, a algún autor en particular, grupo, cantante o temática. Por nuestros propios medios no alcanzamos a sacar lo que tenemos adentro, pero si encontramos a alguien que ya había escrito algo relativo o muy parecido a lo que vivimos. En definitiva el cantante también es un ser humano como uno, con las mismas necesidades, pero a diferencia nuestra tiene esa capacidad o don de traducir el lenguaje del alma al papel usando un poco de tinta. De a ratos viene a ser como pequeñas líneas de sangre sobre, de un individuo que de a poco la corriente del rió empiezo a llevarse su roja esencia. En el mejor de los casos son guirnaldas de carnaval de brasil, palabras que procuran describir alegría, entusiasmo, exaltar virtudes etc.
Las canciones que nos facilitan la comunicación de nuestros sentimientos con nosotros mismos y con los demás. Nos proveen de metáforas prácticas para poner en frases la circunstancia que estamos viviendo, lo cual no quiere decir que no podamos por nosotros mismos, sino que nos gusta mas como lo dice otro.
Nos gusta mas como lo dice otro, no solo quiere decir que la otra persona tiene una facilidad o una practicidad para comentar las cosas, sino que también nos deslinda de toda responsabilidad del comentario, total fue el otro el que lo dijo. De ser un cómplice a un desconocido, no hay mucha distancia, solamente depende de la ocasión.
Cambiar emoción por canción es una virtud divina que solo algunos dotados poseen, en esas canciones podemos ser sus cómplices, asintiendo con nuestra alma la veracidad de sus glosas, hasta que cambie el viento que impulsa la vela de nuestros sentimientos y sean otras canciones las que nos den el empuje para seguir, como si una impetuosa ráfaga llevara nuestro pequeño navío por la ruta trazada en las aguas de la vida. Pero en la ausencia de las corrientes de los aires, cuando las naves se detienen también hay canciones, como anclas, con las que no podemos movernos, ni avanzar ni retroceder, inmóviles, estáticos, pero con canciones y emociones.
La diferencia es saber mover el dial en el momento justo, para no detenerse.

cualquiera puede quejarse

“Si no fuera esto, seria otra cosa”.


En lo particular pienso que es una frase concisa, concreta y bastante sincera. Lo cual no quiere decir que se pueda aplicar a todas las situaciones en general, eso seria un vano capricho. Sin embargo la aplico mucho a la queja. Esta frase me hace pensar en las personas que se quejan con mucha vehemencia, por emplear términos decorosos.
Solamente con la idea de disertar un breve momento voy a abordar la queja desde dos puntos de vista, como un reclamo justo y necesario, y como un capricho.
Existen ciertas circunstancias en la vida en las cuales se padecen injusticias, contrariedades varias, etc. en las cuales la queja es un recurso, a veces el único, de hacer notar dicha aflicción a los demás socios de la sociedad. Probablemente esta sea la forma correcta de ejercer la queja, por así decirlo, de haber alguna forma correcta. Las adversidades, sean por factores externos o internos, le dan carácter de legal la queja, la abalan. Por ejemplo, cuando le roban a una persona en la vía pública, es victima de un arrebato, consideramos que ésta esta en todo su derecho de reclamar y quejarse por haber afrontando un hecho tan desafortunado, en el cual dicha persona es ajena a toda culta y responsabilidad.
Por otro lado, y cambiando la óptica rotundamente, la queja como capricho es meramente banal, ante la mas mínima incomodidad, desacuerdo o mal estar particular, cualquier particular pone su voz en el cielo para hacer notar su disconformidad. El ejercicio de la queja, en este caso, se puede aplicar a situaciones y cosas muy diversas, desde una caries en un diente, la picazón en un ojo, dolor de estomago, que nuestro equipo de futbol, porque hace frio o calor, por el discurso de alguna persona o comentario particular, o solamente porque tenemos el tiempo hacer comentarios quejumbrosos, eso en el mejor de los casos es considerado deporte, de mal gusto.
Bajo este punto de vista, cualquier estadio de incomodidad es valido para quejarse.
Para este último grupo de personas acostumbrada al mencionado ejercicio, la más mínima molestia puede ser el motivo, bajo este punto de vista “si no fuera esto, seria otra cosa”.
Todos conocemos personas con la “patología” de la queja por deporte, siempre se están quejando por algo, si no es esto, es lo otro o aquello. Siempre hay algo.
Dejando de lado comentarios optimistas o pesimistas, siempre va a haber cosas, situaciones o personas que nos desagraden, molesten, incomoden o no toleremos, pero la respuesta no es quejarse, la solución no es esa.
A diferencia de la protesta, la queja es pasiva, porque perder tiempo en algo que no redunda en beneficio de nadie. Ser activo, hacer algo, no detenerse, si te molesta cambialo, modifícalo, pelea por lo que es justo. Elegí el camino del esfuerzo, no te acostumbres, la queja te moldea a las situaciones, cualquiera puede quejarse. Pero son los menos los que se imponen a las adversidades, esos son los que no se quejan.

jueves, 19 de marzo de 2009

Los detalles no se explican, solo se aprecian.

"Por un clavo mal colocado, se salio una herradura; por una herradura que se descalvo, se perdio un corcel; por un corcel herido; se perdio un jinete; por un jinete perdido, no llego un mensaje; por un mensaje que no llego se perdio una guerra"
(Proverbio japones).


Así como los sistemas de baja presión combinados con algunos fenomenos mateorologicos, relativos a la temperatura y la humedad, se conjugan para generar un tornado. Así tambien en la vida cotidiana, son las pequeñas situaciones que se van aglomerando con el paso del tiempo, en ocaciones solo segundos o munitos, para dar lugar a fenomenos que hacen caso omiso a la monotonia de la vida.
Lograr entender que algo minusculo puede generar cosas mayores, solo se puede ver tomando como analogia una semilla, la cual siendo tan pequeña, cuando se cultiva, de su interior va naciendo un arbol.
Pero en situaciones ordinarias, y no tanto, las cuestiones que pasan inadvertidas para unos, no lo son asi para otros. Estas son las que se albergan en las mentes y corazones de las personas para dar lugar a otras y así sucesivamente dar paso, como si fueran eslavones de unas cadena, a cuestiones mas serias.
En cuestion, todo problema o diferencia, sale de algo diminuto, par ir agrandandoce, extendiendoce, ensanchandoce y asi combertirse cada vez en algo de mayor trascendencia.
Surgen de charlas, premisas, posturas, ideologias, vivencias, agenas o propias las que luego llegan a ser las "madres" o "padres" de grandes problemas.
Sin ir mas lejos, en una charla cotidiana suelen salir a luz puntos de desencuentro, de discidencia, desembocando en el antagonismo de los interlocutotes, sea el numero que sea.
El detalle, palabra asociada con algo casi imperseptible para el ojo no entrenado, es la semilla de las diferencias mas grandes entre prójimos.
Tan pequeño pero a la vez tan importante o hasta casi indispensable para darle sazón a la vida, el detalle o los detalles, porque donde hay uno siempre puede descubrirse otro, proporciona el sentido, el color o el sabor al las cuestiones, sean de la indole que sean.
Aún asi y todo esto, no siempre le damos importancia, la rutina y la cotideaneidad parecen ser sus enemigas más acérrimas, distrayendonos y guiando nuestros ojos, haciendo la vista gorda.
Si tan solo en ocaciones fueramos más atentos, estuvieramos más presentes de cuerpo y mente.
Si tan solo entendieramos que los detalles no se explican, solo se aprecian, librariamos nuestras mentes de comparaciones, distracciones, analisis o conjeturas. Ellas son las que hacen que se salga el clavo de la herradura.
Un detalle nunca deja de serlo, sino dejaria de serlo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Dice un proverbio Arabe

"Cuatro cosas que no vuelven: la flecha lanzada; la palabra hablada; la experiencia vivida; la oportunidad desaprovechada."

En la mayoria de las culturas existen proverbios, los cuales son usados generalmente para alguna clase de enseñansa moral, de la vida cotidiana, o a cerca de algun aspecto en el trato con los semejantes. Pero no es mi intencion hacer un analisis de los proverbios ni mucho menos, no porque no me resulte interesante, solo por la razón de no ser sociologo y no poseo los conocimientos ni las herramientas necesarias para poder hacerlo.
Sin embargo, este proverbio es uno de mis favoritos, tengo un cuaderno lleno de mis proverbios favoritos copiados con mi palicera de tinta negra, en particular observo las cuatro cosas mensionadas en el, los verbos en pasado proveen un sentido de sentencia sin lugar a apelaciones.
De la misma manera, el es tiempo, juez y partidor sobre las situaciones de nuestra vida, el tiempo parece decretár que no hay réplica para ciertas cosas de nuestra vida, es en ese momento, y solo en ese momento, en el que pasan a ser parde del pasado y en el mejor de los casos, se combierten en recuerdos, de los que nos gustan y los que no tanto.
Para comenzar con la cuestion en si, quisiera aclarar que nunca tire una flecha, nunca use un arco. Si he tirado piedras, solo por aclarar, en el mejor de los casos no me devolvian la pedrada con la misma piedra que yo habia lanzado. La interpretación que podria darle a esta parte del proverbio son los ataques de cualquier indole, que como seres humanos damos y recivimos sin importar raza, religion, estado civil, ideologia politica o club de futbol. Son esos ataques verbales, fisicos u hostilidades de algun tipo las que no vuelven. Brindamos y recivimos. esas situaciones no vuelven, pueden repetirce, pero no vuelven y cuando nos miramos a nosotros mismos encontramos alguna que otra cicatriz, o alguna herida aun con el calor de alguna batalla que termino recientemente. Recuerdos que, aunque nos queramos desprender, nos siguen como la estela de un meteorito.
Las palabras no vuelven, solo tienen boleto de ida. Podemos tener una devolución verbal, pero las palabras que salen de nuestra boca no retornan. Para las personas las cuales éstas no tienen valor, esta cuestión no les merece importancia alguna. En lo que a mi respecta, las palabras habladas tambien son parte del pasado, algunas quedan dando vueltas en la cabeza, otras llegan al corazon, otras lo traspasan, alientan o desaniman, acercan o alejan, edifican o destruyen. Asi es la palabra, dulce en la boca del sabio, amarga en la del necio.
Las vivencias nos llenan de experiencia, nos nutren,hasta pueden llegar a cerar anticuerpos. En definitiva cada uno es la suma de sus experiencias. Son ellas las que nos forman, para bien o para mal. Podemos tener algun que otro dejavu, nadie esta exento de eso. El pasado no vuelve, solo se hace presente en las ocaciones en las que el perfume de algun recuerdo llega a nosotros, o alguna cancion que nos conduzca casi levitando a cierto rincon de la memoria.
Quisas esta sea la parte más triste del proverbio, al menos para mi, lo que pude hacer y no hice. Proponiendonoslo o no, como dijo algun poeta contemporaneo: "a veces esperando las oportunidades, no se ven y se tira todo a la marchanta"... esa es la cara mas dura de las oportunidades, estar esperandolas hasta cuando parece que no llegaran más, desistir o abandonar esa espera para luego caer en cuenta que llegaron y se fueron, sin poder hacer nada para alcanzarlas, vienen como tortugas y se van como liebres.
Lo que no vuelve, deja de ser, pero no deja de existir, los hechos no dejan de existir porque se los ignore. Lisa y llanamente se van de nuestro presente.

martes, 17 de marzo de 2009

Al que jura para su propio daño, y no cambia despues.

"Sus palabras son firmes como oraculos; su amor, sincero, inmaculado es su pensamiento; sus lagrimas del corazón mensajes directos; su corazon se halla del fraude tan distante como se hallan el cielo del infierno".
W.S. (Parafrasis del salmo 15.4)

Si bien hoy en dia no se hallan con tanta facilidad los lectores de W.Shakespeare. Dentro de su fronduosa obra, se hallan incontables parafrsis de parrafos de las sagradas escrituras, este es uno de ellos.
Con el objetivo de comprender dicha sita debemos adentrarnos en contexto de escrito original.
El salmo 15 es uno de los salmos escritos por el Rey David, bajo el rotulo "El hombre que permanece en Dios". en el cuel describe cualidades que deberian pertenecer a un hombre integro y recto.
En el original dice lo siguiente: "El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia". Algo con lo cual me identifico directa e indirectamente. Directamente, porque soy de las personas que procura mantener su palabra a pesar de las circunstancias, sostener lo que digo me hace ser quien soy, claro que tambien se pedir perdon y retractarme de mis palabras, pero considero que alguien que no puede sostener sus palabras no es digno de credibilidad o de confianza.
Indirectamente porque esas palabras decriben a alguien quien yo mismo quisiera ser, poseer esa conducta intachable.
Esta mañana me levante distinto al que se habia levantado el dia anterior, por alguna de esas cuestiones raras de la vida hay dias en los que nos levantamos y todo esta igual, pero otros dias nos levantamos siendo otros en nuestro propio cuerpo. Por fuera somos exactamento los mismos, tenemos todo lo que nuestro "yo" del dia anterior tenia, pero es en ese momento cuando ves la luz de un nuevo despertar, casi como una epifania, que descubris algo mas de vos o de la vida que antes no habias visto que se presenta de forma inesperada, sin invitacion alguna o previo aviso.
Me encontre con una sensacion de estar cansado de ser tan ser humano a veces, a la luz de entender que a veces no puedo sostenerme en mis propias palabras, sabiendo que no solo alcanza con buenas intenciones, sino encontrar una constancia de conducta. Sostenerme en mis resoluciones aunque desemboque en mi perjuicio.
Lo cual me condujo a una premisa, poner a mis seres amados y queridos en primer lugar, no solo es ser consecuente con uno mismo, es llevarlo mas alla, aunque eso no me beneficie sino que sea beneficioso para los mios.