Mientras el viento recorría de forma ágil, pero vigorosa, tu rostro, cerraste los ojos. La sensación de libertad se hizo presente en tu vida como no ocurría desde hacia meses.
Eso fue libertad. Pero esa paz duró lo que duran las brisas matinales de los finales de verano. Ahí la pregunta, ¿el viento se llevo la paz? ¿O el viento como una metáfora de la naturaleza, hace recordar ese sentimiento alguna vez vivido?
No existe ni siquiera uno de los mortales que sea como el viento. Sabemos de donde salimos y donde terminamos. Y, ojala, fuéramos invisibles como él a la hora de atravesar situaciones incomodas y evitar pasar vergüenza.
La libertad y la paz van de la mano, casi como hermanas mellizas. Conviven en el corazón del hombre, no pueden existir separadas.
Así es como el hombre siente paz cuando es libre, y se siente libre cuando tiene paz.
Son tus decisiones las que te acercan o te alejan de la paz. Son tus propios pasos lo que pueden conducirte a la libertad o privarte de la misma.
Tus elecciones trazan una ruta de vida, eligiendo las llanuras más prometedoras a la distancia, las que, tal vez, al acercarse se descubren como tierras áridas y secas, el engañoso contraste de verdes se destiñe ante una realidad adversa. O enfrentando caminos serpenteantes a las laderas de las montañas. Caminos que requieren más del cien por ciento de tu esfuerzo para lograr llegar a destino, pero que en el transcurso del viaje descubriste las mejores vistas de tu vida hasta ese entonces.
Mirando hacia atrás no hubieras cambiado por nada la aventura cuesta arriba, porque cuando estabas en la sima de la montaña fuete el primero del valle en ver el amanecer, el sol y su imparable ascenso hasta la sima. En ese momento el viento, sin previo aviso, volvió a empujar tu cuerpo inundándolo de es sentimiento grato de libertad.
Valles y montañas contrastan en las elecciones de nuestra vida, como lo hacen las buenas y las malas decisiones.
Solo hay un camino y una verdad para llegar a ser libre y gozar de la paz que sobrepasa todo limite.
Algunos gustan de una inevitable verdad; otros de la verdad inevitable. Puntos de vistas pasados por el prisma de las percepciones, y la infinita discordia definida por San Agustín entre quienes buscan tener razón y los que buscan la verdad.
La gran y única verdad de la vida: solo existe un camino para encontrar paz.
Otra vez cerraste los ojos y esperaste el viento en el rostro para sentir un poco de paz. Pero ese paliativo no llego, el brillo seco del sol en tus ojos cerrados parece cegarte. Y no hubo viento.
La libertad es una elección de basada en las decisiones de tu vida cotidiana. El viento es una metáfora de la libertad. Pero la paz no tiene metáforas. Su ausencia si.
Esta en los valles, esta en las montañas, no depende del lugar, no depende de las personas, no depende del tiempo, no depende de tu velocidad al avanzar. La paz esta en las decisiones correctas.
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