"Si no tenes nada bueno para decir, no lo digas"
Las manos llenas de preguntas y bolsillos abarrotados de quejas. Una tormenta de ideas signada por el mal clima interno, antes que por las ideas. Y en esos momentos complicados de contractura mental y espiritual, no tenemos otra intención que pararnos delante del que está Sentado a pedir explicaciones de nuestra desgracia.
Imaginarnos una situación así, podría resultar fácil, lo difícil debe ser imaginarnos una respuesta.
Mientras las quejas caen solas de nuestros bolsillos. Las manos se aflojan perdiendo fuerza, dejando caer las quejas que se escabullen como un puñado de arena seca. Él sigue sentado, mirándonos como un padre, con la tranquilidad que solo los padres tienen. Esperando que su hijo deje de sollozar para poder consolarlo.
Esos son nuestros peores momentos, donde cualquier cosas puede salir de nuestros labios, sin importar el destinatario o el motivo, defendernos con un ataque.
En ese esfuerzo de guardarnos en nosotros mismos, lastimamos a los demás, los que nos quieren y cuidan.
“Si no tenes nada bueno para decir, no digas nada”. Aunque cueste, limitarse a ser agradecidos, es el mejor bálsamo para aliviar un corazón asediado por el pesimismo, la angustia y a la amargura. El agradecimiento nos lleva a pensar en lo que tenemos y no en lo que nos falta; en lo que conservamos después de la tempestad y no en lo que las olas, como las malas situaciones, arrastraron mar adentro. Siempre queda gente que nos quiere, que nos ama, sin importar el tamaño de las olas. Aquellos a quienes la fuerza de los vientos no llevo para otro lugar. Los amigos más fuertes que las tormentas.
Así como el sol sale sobre buenos y malos, nadie queda exento de tormentas así. Para todo el que se aventura en las aguas de la vida. Ni por más bien que sepas llevar la nave de tu existencia, vas a poder evitar las nubes oscuras de los momentos tristes.
Cualquier momento y lugar es bueno para ser agradecido. Aun en los momentos más incómodos e inoportunos hay cosas buenas que la gente hace por nosotros. Quizás no pensando en uno mismo, pero si por los nuestros, dar gracias por ellos. Por el principal, Él.
Tenemos todo el derecho de estar enojados, por lo que sea. Pero de ninguna forma tenemos derecho a lastimar por estar enojados, frustrados o decepcionados. Siempre es preferible callar antes que lastimar. Todos alguna vez tuvimos las manos llenas de preguntas y los bolsillos abarrotados de quejas.
No se sufre en secreto por vergüenza, no es ocultar lo que uno piensa o siente, es esperar el momento indicado pera decir lo correcto, para no pensar siempre que somos los únicos que sufrimos. No somos los unicos que sufrimos, pero podemos evitar que otros sufran por nuestras palabras.
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