“Tratando de cambiar emoción por canción”.
(Andrés Calamaro)
Suele suceder en esas ocasiones donde la revolución de los sentimientos no encuentra lenguaje alguno para expresarse. Es en ese pérsico momento en el que recurrimos a determinada música, a algún autor en particular, grupo, cantante o temática. Por nuestros propios medios no alcanzamos a sacar lo que tenemos adentro, pero si encontramos a alguien que ya había escrito algo relativo o muy parecido a lo que vivimos. En definitiva el cantante también es un ser humano como uno, con las mismas necesidades, pero a diferencia nuestra tiene esa capacidad o don de traducir el lenguaje del alma al papel usando un poco de tinta. De a ratos viene a ser como pequeñas líneas de sangre sobre, de un individuo que de a poco la corriente del rió empiezo a llevarse su roja esencia. En el mejor de los casos son guirnaldas de carnaval de brasil, palabras que procuran describir alegría, entusiasmo, exaltar virtudes etc.
Las canciones que nos facilitan la comunicación de nuestros sentimientos con nosotros mismos y con los demás. Nos proveen de metáforas prácticas para poner en frases la circunstancia que estamos viviendo, lo cual no quiere decir que no podamos por nosotros mismos, sino que nos gusta mas como lo dice otro.
Nos gusta mas como lo dice otro, no solo quiere decir que la otra persona tiene una facilidad o una practicidad para comentar las cosas, sino que también nos deslinda de toda responsabilidad del comentario, total fue el otro el que lo dijo. De ser un cómplice a un desconocido, no hay mucha distancia, solamente depende de la ocasión.
Cambiar emoción por canción es una virtud divina que solo algunos dotados poseen, en esas canciones podemos ser sus cómplices, asintiendo con nuestra alma la veracidad de sus glosas, hasta que cambie el viento que impulsa la vela de nuestros sentimientos y sean otras canciones las que nos den el empuje para seguir, como si una impetuosa ráfaga llevara nuestro pequeño navío por la ruta trazada en las aguas de la vida. Pero en la ausencia de las corrientes de los aires, cuando las naves se detienen también hay canciones, como anclas, con las que no podemos movernos, ni avanzar ni retroceder, inmóviles, estáticos, pero con canciones y emociones.
La diferencia es saber mover el dial en el momento justo, para no detenerse.
viernes, 3 de abril de 2009
cualquiera puede quejarse
“Si no fuera esto, seria otra cosa”.
En lo particular pienso que es una frase concisa, concreta y bastante sincera. Lo cual no quiere decir que se pueda aplicar a todas las situaciones en general, eso seria un vano capricho. Sin embargo la aplico mucho a la queja. Esta frase me hace pensar en las personas que se quejan con mucha vehemencia, por emplear términos decorosos.
Solamente con la idea de disertar un breve momento voy a abordar la queja desde dos puntos de vista, como un reclamo justo y necesario, y como un capricho.
Existen ciertas circunstancias en la vida en las cuales se padecen injusticias, contrariedades varias, etc. en las cuales la queja es un recurso, a veces el único, de hacer notar dicha aflicción a los demás socios de la sociedad. Probablemente esta sea la forma correcta de ejercer la queja, por así decirlo, de haber alguna forma correcta. Las adversidades, sean por factores externos o internos, le dan carácter de legal la queja, la abalan. Por ejemplo, cuando le roban a una persona en la vía pública, es victima de un arrebato, consideramos que ésta esta en todo su derecho de reclamar y quejarse por haber afrontando un hecho tan desafortunado, en el cual dicha persona es ajena a toda culta y responsabilidad.
Por otro lado, y cambiando la óptica rotundamente, la queja como capricho es meramente banal, ante la mas mínima incomodidad, desacuerdo o mal estar particular, cualquier particular pone su voz en el cielo para hacer notar su disconformidad. El ejercicio de la queja, en este caso, se puede aplicar a situaciones y cosas muy diversas, desde una caries en un diente, la picazón en un ojo, dolor de estomago, que nuestro equipo de futbol, porque hace frio o calor, por el discurso de alguna persona o comentario particular, o solamente porque tenemos el tiempo hacer comentarios quejumbrosos, eso en el mejor de los casos es considerado deporte, de mal gusto.
Bajo este punto de vista, cualquier estadio de incomodidad es valido para quejarse.
Para este último grupo de personas acostumbrada al mencionado ejercicio, la más mínima molestia puede ser el motivo, bajo este punto de vista “si no fuera esto, seria otra cosa”.
Todos conocemos personas con la “patología” de la queja por deporte, siempre se están quejando por algo, si no es esto, es lo otro o aquello. Siempre hay algo.
Dejando de lado comentarios optimistas o pesimistas, siempre va a haber cosas, situaciones o personas que nos desagraden, molesten, incomoden o no toleremos, pero la respuesta no es quejarse, la solución no es esa.
A diferencia de la protesta, la queja es pasiva, porque perder tiempo en algo que no redunda en beneficio de nadie. Ser activo, hacer algo, no detenerse, si te molesta cambialo, modifícalo, pelea por lo que es justo. Elegí el camino del esfuerzo, no te acostumbres, la queja te moldea a las situaciones, cualquiera puede quejarse. Pero son los menos los que se imponen a las adversidades, esos son los que no se quejan.
En lo particular pienso que es una frase concisa, concreta y bastante sincera. Lo cual no quiere decir que se pueda aplicar a todas las situaciones en general, eso seria un vano capricho. Sin embargo la aplico mucho a la queja. Esta frase me hace pensar en las personas que se quejan con mucha vehemencia, por emplear términos decorosos.
Solamente con la idea de disertar un breve momento voy a abordar la queja desde dos puntos de vista, como un reclamo justo y necesario, y como un capricho.
Existen ciertas circunstancias en la vida en las cuales se padecen injusticias, contrariedades varias, etc. en las cuales la queja es un recurso, a veces el único, de hacer notar dicha aflicción a los demás socios de la sociedad. Probablemente esta sea la forma correcta de ejercer la queja, por así decirlo, de haber alguna forma correcta. Las adversidades, sean por factores externos o internos, le dan carácter de legal la queja, la abalan. Por ejemplo, cuando le roban a una persona en la vía pública, es victima de un arrebato, consideramos que ésta esta en todo su derecho de reclamar y quejarse por haber afrontando un hecho tan desafortunado, en el cual dicha persona es ajena a toda culta y responsabilidad.
Por otro lado, y cambiando la óptica rotundamente, la queja como capricho es meramente banal, ante la mas mínima incomodidad, desacuerdo o mal estar particular, cualquier particular pone su voz en el cielo para hacer notar su disconformidad. El ejercicio de la queja, en este caso, se puede aplicar a situaciones y cosas muy diversas, desde una caries en un diente, la picazón en un ojo, dolor de estomago, que nuestro equipo de futbol, porque hace frio o calor, por el discurso de alguna persona o comentario particular, o solamente porque tenemos el tiempo hacer comentarios quejumbrosos, eso en el mejor de los casos es considerado deporte, de mal gusto.
Bajo este punto de vista, cualquier estadio de incomodidad es valido para quejarse.
Para este último grupo de personas acostumbrada al mencionado ejercicio, la más mínima molestia puede ser el motivo, bajo este punto de vista “si no fuera esto, seria otra cosa”.
Todos conocemos personas con la “patología” de la queja por deporte, siempre se están quejando por algo, si no es esto, es lo otro o aquello. Siempre hay algo.
Dejando de lado comentarios optimistas o pesimistas, siempre va a haber cosas, situaciones o personas que nos desagraden, molesten, incomoden o no toleremos, pero la respuesta no es quejarse, la solución no es esa.
A diferencia de la protesta, la queja es pasiva, porque perder tiempo en algo que no redunda en beneficio de nadie. Ser activo, hacer algo, no detenerse, si te molesta cambialo, modifícalo, pelea por lo que es justo. Elegí el camino del esfuerzo, no te acostumbres, la queja te moldea a las situaciones, cualquiera puede quejarse. Pero son los menos los que se imponen a las adversidades, esos son los que no se quejan.
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