sábado, 14 de agosto de 2010

Silencios

Dentro de la escala del silencio, la cúspide está ocupada por el silencio del olvido.
Por eso no todo silencio es olvido.
Una pausa de respiración no es silencio, es el momento justo para fortalecer el alma antes de hablar.
Se hace silencio, cuando los ojos no miran a ellos mismos en la vereda de enfrente.
Suele tenerse como el peor castigo cuando el cólera llena las venas. Suele ser definitivo cuando esa sangre llega al corazón.
Hacen falta más agallas para callarse que para propinar palabras en forma de puñetazos a la integridad moral de otros.
Diferentes clases de silencios transitan nuestra vida. Caminamos con ellos, miramos con ellos, son una compañía más. No es necesario estar solo para que el silencio reine en la habitación, de hecho es más crudo cuando se la comparte.
Pero existe uno solo olvido, y muchos silencios.
En los días del hombre, como en las partituras musicales, los silencios realzan las notas, le dan sentido a la melodía.
Hasta existen interrupciones de sonido en el código Morse.
Las emociones son las que componen los diferentes grados de la escala de silencios. Desde los más inocentes, hasta los terriblemente maliciosos.
Un silencio inocente, puede darse cuando alguien no contesta, porque primero no escuchó.
El silencio malicioso, en cambio, el que es ejercido con pleno conocimiento y entendimiento, que, al ejecutarlo, lastima y daña.
Estos dos, serían los extremos en la escala de silencio.
Sin embargo, como cada persona es única, cada uno hace uso de sus silencios de forma particular, si bien, en algún punto, los silencios se perecen, no son iguales. Varían en intensidad, en objetivo y en motivo.
Por lo general suelen ser incómodos para la mayoría, porque es como estar delante de una persona que nos mira pero no nos dice lo que piensa. Hay que destacar que no todos piensan cuando miran, por eso hay silencios a los que no se les debe prestar tanta atención.
También, podemos encontrar silencios mal ubicados, fuera de tiempo. A estos, se los suele confundir con los innecesarios, pero no son lo mismo. Un silencio innecesario está más cerca de un capricho que otra cosa. Y los mal ubicados, por lo general, son un descuido de alguien desatento.
Hay que destacar que, no todos los silencios son malos. Cuando no hay más palabras, el silencio toma el control de la comunicación, de la situación. Y es en ese momento en el que se puede entender lo que se dice.

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