jueves, 19 de agosto de 2010

Son ellos

Indiferentes, caminan y andan por todas partes.
Son atemporales. Los hubo, los hay y los habrá.
Dicen lo que los demás no van a entender.
Expresan más de lo que piensan, menos de lo que se los escucha.
Nadie les tiene miedo de día.
Aún estando en presencia de conocidos, sus palabras los transforman en extraños.
Algunos de ellos, no todos, gesticulan, acompañando su particular discurso.
Sus ojos, parecieran poder ver cosas invisibles, su mirada penetra el aire.
Entre ellos no se entienden, hablan el mismo idioma, pero no saben de qué habla el otro.
Llevan una vida normal, cada uno de ellos es un número más.
Ellos mismos no se sienten distintos del resto. Pero lo son.
Exteriorizan algo que debería quedarles adentro.
Ocasionalmente, esa exteriorización les puede causar problemas, situaciones embarazosas.
Pero se asumen a sí mismos, de la manera en la que los demás los ven.
Les preguntan qué dicen, porqué lo dicen, para qué lo dicen. La mayoría no suele contestar.
Son capaces de guardar un secreto a oídos de todos.
Distinto sería que todos hicieran lo mismo. Ellos ya no serían especiales.
Discuten, pero nadie les contesta. Se equivocan y se corrigen.
Son ellos, los que todo el mundo conoce, los que todo el mundo ve.
Son ellos, los que hablan solos.

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