Abrió los ojos. No sabía dónde estaba, pero nada lo sobresalto. Tenía la extraña sensación de que todo estaba bajo control.
Estaba en un lugar distinto de lo que había conocido. No percibía ningún aroma u olor. Parecía todo muy limpio.
Escuchaba voces a lo lejos, pero no podía distinguir que decían, ni siquiera si eran voces de hombres o mujeres.
Se bajó de lo que parecía ser una cama. Estaba descalzo, pero no tenía frío cuando pisaba.
De a poco acercó a la puerta para ver afuera. A medida que avanzaba, las voces se aclaraban. Era, o parecía ser, una charla entre cuatro o cinco personas. Asomó la cabeza, primero a la derecha, pero no vio a nadie. Después a la izquierda, pero tampoco vio gente.
Sin pensarlo, se lanzó a caminar por el pasillo. Estaba bien iluminado, pero no había ventanas. Solo puertas a los costados.
En algunos cuartos había gente, en otros no. Cruzo miradas con otras personas, pero se dio cuenta que estaban en la misma situación que él, sin saber donde estaban.
A ciencia cierta, no sabía cuánto tiempo había estado durmiendo, no tenía hambre y no estaba cansado.
Caminó a paso lento un buen rato, hasta que vio venir una persona caminando de frente.
Justo cuando pensó en preguntarle dónde estaba él, la persona le sonrió amable mente y le dijo:
- Bienvenido.
Y eso fue todo, siguió caminando sin darle oportunidad de decirle nada.
Le llamaban la atención las voces, que aún no había encontrado, lo limpio y brillante del lugar, y lo largo del pasillo.
De repente, se detuvo frente a una de las puertas que estaba abierta. Adentro había alguien que le resultaba sumamente familiar, pero no sabía de quién se trataba.
Desde afuera, veía como una mujer caminaba de lado a lado de la habitación, parecía ansiosa.
Decidió entrar, se paró en el umbral, pero la mujer no lo miró. Así que entró.
Dio tres pasos, y quedó frente a la ella.
Pasaron unos instantes antes que lo mirara.
Ambas miraras fueron de reconocimiento y a la vez familiares.
Justo en el instante en el que se iba a presentar, se dio cuenta que no sabía cómo se llamaba.
Calmo, pero con incertidumbre, trato de recordar pero no pudo.
La mujer lo miraba como si esperara algo de él.
- ¿Sabes cómo me llamo? – preguntó mirándola a los ojos.-
- No. – hizo una pausa.- Pero tu cara me resulta muy familiar, no sé por qué, como si alguna vez te hubiera visto.
- A mí me pasa lo mismo.
Se quedaron un rato en silencio. Mirándose, estudiando el uno la cara del otro.
- ¿Qué hay afuera? – dijo ella señalando con la mirada el pasillo.-
- Nada, un pasillo.
- La verdad que hasta tu tono de voz me resulta familiar, pero no creo conocerte, o no te recuerdo.
- Es cierto, podría jurar que antes escuche tu voz en algún lugar. Ahora todo lo que recuerdo es que viajaba en el auto con mi esposa. Después de eso me desperté acá.
Volvieron a mirarse a los ojos, pero ya ninguno de los dos estaba ahí.
Estaba en un lugar distinto de lo que había conocido. No percibía ningún aroma u olor. Parecía todo muy limpio.
Escuchaba voces a lo lejos, pero no podía distinguir que decían, ni siquiera si eran voces de hombres o mujeres.
Se bajó de lo que parecía ser una cama. Estaba descalzo, pero no tenía frío cuando pisaba.
De a poco acercó a la puerta para ver afuera. A medida que avanzaba, las voces se aclaraban. Era, o parecía ser, una charla entre cuatro o cinco personas. Asomó la cabeza, primero a la derecha, pero no vio a nadie. Después a la izquierda, pero tampoco vio gente.
Sin pensarlo, se lanzó a caminar por el pasillo. Estaba bien iluminado, pero no había ventanas. Solo puertas a los costados.
En algunos cuartos había gente, en otros no. Cruzo miradas con otras personas, pero se dio cuenta que estaban en la misma situación que él, sin saber donde estaban.
A ciencia cierta, no sabía cuánto tiempo había estado durmiendo, no tenía hambre y no estaba cansado.
Caminó a paso lento un buen rato, hasta que vio venir una persona caminando de frente.
Justo cuando pensó en preguntarle dónde estaba él, la persona le sonrió amable mente y le dijo:
- Bienvenido.
Y eso fue todo, siguió caminando sin darle oportunidad de decirle nada.
Le llamaban la atención las voces, que aún no había encontrado, lo limpio y brillante del lugar, y lo largo del pasillo.
De repente, se detuvo frente a una de las puertas que estaba abierta. Adentro había alguien que le resultaba sumamente familiar, pero no sabía de quién se trataba.
Desde afuera, veía como una mujer caminaba de lado a lado de la habitación, parecía ansiosa.
Decidió entrar, se paró en el umbral, pero la mujer no lo miró. Así que entró.
Dio tres pasos, y quedó frente a la ella.
Pasaron unos instantes antes que lo mirara.
Ambas miraras fueron de reconocimiento y a la vez familiares.
Justo en el instante en el que se iba a presentar, se dio cuenta que no sabía cómo se llamaba.
Calmo, pero con incertidumbre, trato de recordar pero no pudo.
La mujer lo miraba como si esperara algo de él.
- ¿Sabes cómo me llamo? – preguntó mirándola a los ojos.-
- No. – hizo una pausa.- Pero tu cara me resulta muy familiar, no sé por qué, como si alguna vez te hubiera visto.
- A mí me pasa lo mismo.
Se quedaron un rato en silencio. Mirándose, estudiando el uno la cara del otro.
- ¿Qué hay afuera? – dijo ella señalando con la mirada el pasillo.-
- Nada, un pasillo.
- La verdad que hasta tu tono de voz me resulta familiar, pero no creo conocerte, o no te recuerdo.
- Es cierto, podría jurar que antes escuche tu voz en algún lugar. Ahora todo lo que recuerdo es que viajaba en el auto con mi esposa. Después de eso me desperté acá.
Volvieron a mirarse a los ojos, pero ya ninguno de los dos estaba ahí.
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