A los pocos minutos de apoyar la cabeza en la almohada me dormí.
No me interesó que se quedara en el comedor tomando té o mirando tele, estaba muy cansado como para preocuparme por eso.
En lo mejor del sueño, me sacudieron el hombro.
- Flaco, no rompas más los pies. Te dije que estoy cansado. Andate a lo de la vecina querés.
Pensé que era el angelucho enamorado que quería seguir hablando.
- Tenemos que hablar. Es importante.
Contestó otra voz más grave. Abrí los ojos de repente, la luz me segó y me incorporé en la cama. Había una persona parada al lado de mi cama, cruzada de brazos mirándome fijo.
- Dejame adivinar, - dije medio dormido- sos un ángel ¿no?
- Sí.
- Ustedes ¿no descansan? Se dedican a molestar gente de noche o qué.
- Te pido disculpas, sé que es tarde…
- No. No es tarde, este horario no existe, es hora de dormir. No de meterse en la casa de alguien, aunque sea para saludar. – Interrumpí.-
- Lo sé. Es importante que hablemos sobre la visita que tuviste hace una hora.
- ¿La del ángel de la vecina? ¿Vos sos el papá del flaco o algo de eso?
- Soy el supervisor de área.
Todo estaba cambiando de color. Éste tipo era el superior del otro, todo tenía un tono más formal, más serio.
- No lo van a despedir ¿no? Es un pobre pibe, está medio confundido pero nada más, no creo que le haga mal a nadie. No tiene cara de malo. Lo único por lo que me preocuparía es por que cuide bien a la vecina, paro nada más. Si el pibe anda distraído con otra cosa es un problema.
- Por eso no te preocupes. Para atender estos menesteres estoy yo. Quiero saber qué te dijo, de qué hablaron, a eso vine.
Pedía mucho para la hora y para el sueño que tenía.
- En pocas palabras, está enamorado, o no sabe, pero sí le gusta la amiga de su protegida. Y vino a pedir consejo, porque no sabe qué hacer. Eso.
- ¿Y qué le dijiste?
- Que la conociera, que se tomara tiempo.
- Nada de eso está en el reglamento.
- Y a mí que. Digo, ¿Por qué vino acá y no fue con alguno de los suyos? Eso suena más razonable. A parte no tengo idea de que reglamento me hablas.
- Nuestro reglamento nos prohíbe fraternizar…
- Entonces son todos…- interrumpí.-
- Nada de eso – continuo- no podemos distraernos de nuestras tareas. Estamos a cargo de cuidar la vida de otra persona. Eso sería una distracción, un gran error. Por eso tendría que haber recurrido a mí y no a vos.
- Todo muy lindo, pero tengo que dormir. Así que te pido por favor que te las tomes. Ya escuchaste lo que querías, listo.
- ¿Siempre sos así?
- Así ¿Cómo?
- De mal educado
- No, sólo cuando viene gente a molestar mientras duermo.
Hubo silencio. Como si pasara un ángel. Valga la redundancia.
- Che, no lo echen, dice que está enamorado. Eso no es pecado. Aunque se porte como un gil, tiene cara de bueno.
Terminé de hablar, él se dio vuelta y desapareció.
Que bueno, pensé, ya se fue. Me acosté, me di vuelta para la pared y me quedé pensando. ¿Por qué lo defendía? Sí la tontería de los enamorados es indefendible.
No me interesó que se quedara en el comedor tomando té o mirando tele, estaba muy cansado como para preocuparme por eso.
En lo mejor del sueño, me sacudieron el hombro.
- Flaco, no rompas más los pies. Te dije que estoy cansado. Andate a lo de la vecina querés.
Pensé que era el angelucho enamorado que quería seguir hablando.
- Tenemos que hablar. Es importante.
Contestó otra voz más grave. Abrí los ojos de repente, la luz me segó y me incorporé en la cama. Había una persona parada al lado de mi cama, cruzada de brazos mirándome fijo.
- Dejame adivinar, - dije medio dormido- sos un ángel ¿no?
- Sí.
- Ustedes ¿no descansan? Se dedican a molestar gente de noche o qué.
- Te pido disculpas, sé que es tarde…
- No. No es tarde, este horario no existe, es hora de dormir. No de meterse en la casa de alguien, aunque sea para saludar. – Interrumpí.-
- Lo sé. Es importante que hablemos sobre la visita que tuviste hace una hora.
- ¿La del ángel de la vecina? ¿Vos sos el papá del flaco o algo de eso?
- Soy el supervisor de área.
Todo estaba cambiando de color. Éste tipo era el superior del otro, todo tenía un tono más formal, más serio.
- No lo van a despedir ¿no? Es un pobre pibe, está medio confundido pero nada más, no creo que le haga mal a nadie. No tiene cara de malo. Lo único por lo que me preocuparía es por que cuide bien a la vecina, paro nada más. Si el pibe anda distraído con otra cosa es un problema.
- Por eso no te preocupes. Para atender estos menesteres estoy yo. Quiero saber qué te dijo, de qué hablaron, a eso vine.
Pedía mucho para la hora y para el sueño que tenía.
- En pocas palabras, está enamorado, o no sabe, pero sí le gusta la amiga de su protegida. Y vino a pedir consejo, porque no sabe qué hacer. Eso.
- ¿Y qué le dijiste?
- Que la conociera, que se tomara tiempo.
- Nada de eso está en el reglamento.
- Y a mí que. Digo, ¿Por qué vino acá y no fue con alguno de los suyos? Eso suena más razonable. A parte no tengo idea de que reglamento me hablas.
- Nuestro reglamento nos prohíbe fraternizar…
- Entonces son todos…- interrumpí.-
- Nada de eso – continuo- no podemos distraernos de nuestras tareas. Estamos a cargo de cuidar la vida de otra persona. Eso sería una distracción, un gran error. Por eso tendría que haber recurrido a mí y no a vos.
- Todo muy lindo, pero tengo que dormir. Así que te pido por favor que te las tomes. Ya escuchaste lo que querías, listo.
- ¿Siempre sos así?
- Así ¿Cómo?
- De mal educado
- No, sólo cuando viene gente a molestar mientras duermo.
Hubo silencio. Como si pasara un ángel. Valga la redundancia.
- Che, no lo echen, dice que está enamorado. Eso no es pecado. Aunque se porte como un gil, tiene cara de bueno.
Terminé de hablar, él se dio vuelta y desapareció.
Que bueno, pensé, ya se fue. Me acosté, me di vuelta para la pared y me quedé pensando. ¿Por qué lo defendía? Sí la tontería de los enamorados es indefendible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario