El banco estaba justo debajo de un nogal de considerables dimensiones. El árbol tenía un farol que iluminaba el follaje y lo hacía verse más grande. No estaban muy alejados de los demás pero, en ese lugar no había bullicio, así que podían charlar sin alzar la voz.
Para estas alturas era una charla distendida. Martín ya había hecho uso de varias de sus anécdotas graciosas de su infancia, de esas que siempre le resultaban para seguir charlando.
Cada uno tenía su copa en la mano, pero no tomaba, parecía más para disimular la charla de personas que cuarenta minutos antes no se conocían.
Santi en un momento pasó por donde estaban charlando poniendo cara de nada, pero cuando estuvo detrás de Victoria, donde solo Martín podía verlo, le hizo una mueca y levantó el pulgar de la mano derecha. Martín lo vio pero puso su mejor cara de nada.
Las miradas iban y venían entre ambos, pero ya no eran miradas de estudio, sino de interés.
Justo en un momento de silencio y miradas, se escuchó la voz de Santiago llamando la atención para anunciar lo que ya todos sabían, y hacer un brindis.
- Primero, quiero agradecer a todos los que vinieron, son muy importantes para nosotros, los queremos muchísimo. Gracias a las familias, a los amigos, de ambos lados. Quisiera hacer oficial la fecha: El veintiuno de Noviembre, estaremos dando el Sí en el altar…
El discurso del novio seguía, pero en la cabeza de Martín, estaban dando otro discurso. Ya era la hora del brindis, eso quería decir que no le quedaba mucho tiempo más de charla con Victoria.
A lo único que atinaba era a pedirle el número de celular para llamarla e invitarla a salir. En realidad tenía ganas de agarrarle la mano o algo así, tal vez intentar un beso. Después de todo ninguno de los dos era adolescente como para andar con juegos sin mucho sentido. El detalle importante era que hacia nomás una hora y un poco más que la conocía.
La situación en la cabeza de Victoria no era muy distinta. Recién lo conocía, pero adentro tenía el impulso, o la ilusión que algo pasara. Todo eso mezclado con los miedos de las experiencias anteriores.
Así y todo, no quería que se terminara la noche. La veía a su prima y a su novio allí adelante levantando las copas, y como nunca antes sintió que ella también quería un día así para ella.
Ella decidió que sí él hacía algo, y eso no la ponía incomoda, le seguiría la corriente. Sólo necesitaba estar segura que a él le pasaba algo parecido.
Sin querer, Martín sostuvo la mano de Victoria por un instante cuando le ofreció dejar su copa sobre una mesita. Ese momento en que los dedos se rosaron y la palma de acarició suavemente la mano izquierda de ella, se miraron en un minúsculo instante de complicidad sin poder decir nada, e inmediatamente separaron las manos, no por vergüenza sino por el que dirán.
Nada los separó esa noche, de no ser por dos oportunidades en las que cada uno fue al baño. Cuando fue Martín, Victoria buscó con la vista a su prima, y ni bien hizo contacto visual ella se acercó y se quedaron charlando por un momento en voz baja, casi como cuchichiando. Y cuando ella fue al tocador, el papá de Santi se acercó a Martín le puso cara de aceptación y le tocó el hombro.
Reunidos nuevamente bajo el nogal, sentados en el banco, hablaban de sus actuales proyectos y futuros viajes. Esa fue la etapa de la noche en la que la familia de Victoria saludó al desconocido, uno por uno, casi como un desfile. Con besos y apretones de mano, Martín saludó a todos.
Lo incómodo para Martín, fue descubrir caras con muecas picaras a su alrededor, pero no podía hacer nada.
Después de la charla en semicírculo con los parientes de la novia de su amigo, los invitados se fueron retirando.
Seguían charlando como para no separarse. Comenzaron a caminar hacia la casa, como todos los que estaban en el parque, de repente, ella se resbaló, él rápidamente la sujetó por la mano para que no se caiga. Se miraron, se rieron, pero no se soltaron de las manos. Ella le agradeció la ayuda y él respondió con una sonrisa.
Cuando entraron a la casa, se soltaron por acuerdo mutuo. Se sintieron un poco molestos por tener que hacerlo.
Santi, que estaba en un lugar donde veía todo, los vio.
- Martín, sí me esperas los alcanzamos con el auto. – Dijo Santi. –
- Dale, gracias. – contestó Martín, y se percató que no le había preguntado a Victoria sí ella quería hacer así. – Discúlpame no quise contestar por los dos.- le dijo.-
- Está bien, vine en taxi, así que si me alcanzan mejor. – Dijo con una sonrisa. –
En la puerta Santi y la novia habían despedido a la mayoría de los invitados, quedaban los dueños de casa, Martín y Victoria, que seguían cerquita el uno del otro.
Cuando cerró la puerta de la casa con cara de cansado, les ofreció café para levantar un poco los ánimos porque ya era tarde. Después de una charla en la que se deslizaron algunos comentarios hacia los amigos de los novios, Santi fue a buscar el auto para alcanzarlos.
Ya en camino hacia la casa de Victoria, la primera en bajarse por el recorrido. En cierto sentido, el recorrido fue elegido a propósito por el amigo de Martín, como para darle una mano.
Ellos, iban en la parte de atrás y seguían charlando.
En el momento en el que Martín había reunido el coraje para darle un beso. Santi dijo:
- Llegamos Victoria.
Martín se quería matar, toda la noche esperando una oportunidad, y cuando al fin llegaba, ella se tenía que bajar.
Abrió la puerta y se bajo, Santi le hizo seña a Martín para que se baje a acompañarla. Casi de un salto salió del auto y caminó rápido hasta ponerse a la par de ella.
- Un verdadero gusto, haberte conocido. Espero que nos podamos juntar en otro momento.- dijo Martín.-
- Igualmente, espero que podamos volver a juntarnos. La pasé muy bien, me hiciste reír.- contestó ella.-
Intercambiaron un par de cumplidos más, a cerca de la compañía del otro. La charla de despedida parecía diluirse, y encima Santi y su novia esperando en el auto. Martín se sentía presionado, le pidió el número de teléfono y combinaron para verse la semana siguiente.
Ella se dio cuenta que él estaba un poco tenso por los que esperaban en el auto, pero no le dijo nada. Era entendible.
Llego el momento y se tuvieron que despedir.
- Te llamo el domingo, y vemos que hacemos. – Dijo él, y la besó en la mejilla – un gusto otra vez.
- El gusto es mío, - Dijo ella sonriendo.- llamame y hacemos algo.
Hizo dos pasos hacia atrás y cuando estaba por dar la vuelta para volver al auto, ella tomó coraje sin importarle lo que él pudiera pensar, él le gustaba. Parada desde la puerta de la casa le dijo:
- ¿Te vas sin beso?
Para estas alturas era una charla distendida. Martín ya había hecho uso de varias de sus anécdotas graciosas de su infancia, de esas que siempre le resultaban para seguir charlando.
Cada uno tenía su copa en la mano, pero no tomaba, parecía más para disimular la charla de personas que cuarenta minutos antes no se conocían.
Santi en un momento pasó por donde estaban charlando poniendo cara de nada, pero cuando estuvo detrás de Victoria, donde solo Martín podía verlo, le hizo una mueca y levantó el pulgar de la mano derecha. Martín lo vio pero puso su mejor cara de nada.
Las miradas iban y venían entre ambos, pero ya no eran miradas de estudio, sino de interés.
Justo en un momento de silencio y miradas, se escuchó la voz de Santiago llamando la atención para anunciar lo que ya todos sabían, y hacer un brindis.
- Primero, quiero agradecer a todos los que vinieron, son muy importantes para nosotros, los queremos muchísimo. Gracias a las familias, a los amigos, de ambos lados. Quisiera hacer oficial la fecha: El veintiuno de Noviembre, estaremos dando el Sí en el altar…
El discurso del novio seguía, pero en la cabeza de Martín, estaban dando otro discurso. Ya era la hora del brindis, eso quería decir que no le quedaba mucho tiempo más de charla con Victoria.
A lo único que atinaba era a pedirle el número de celular para llamarla e invitarla a salir. En realidad tenía ganas de agarrarle la mano o algo así, tal vez intentar un beso. Después de todo ninguno de los dos era adolescente como para andar con juegos sin mucho sentido. El detalle importante era que hacia nomás una hora y un poco más que la conocía.
La situación en la cabeza de Victoria no era muy distinta. Recién lo conocía, pero adentro tenía el impulso, o la ilusión que algo pasara. Todo eso mezclado con los miedos de las experiencias anteriores.
Así y todo, no quería que se terminara la noche. La veía a su prima y a su novio allí adelante levantando las copas, y como nunca antes sintió que ella también quería un día así para ella.
Ella decidió que sí él hacía algo, y eso no la ponía incomoda, le seguiría la corriente. Sólo necesitaba estar segura que a él le pasaba algo parecido.
Sin querer, Martín sostuvo la mano de Victoria por un instante cuando le ofreció dejar su copa sobre una mesita. Ese momento en que los dedos se rosaron y la palma de acarició suavemente la mano izquierda de ella, se miraron en un minúsculo instante de complicidad sin poder decir nada, e inmediatamente separaron las manos, no por vergüenza sino por el que dirán.
Nada los separó esa noche, de no ser por dos oportunidades en las que cada uno fue al baño. Cuando fue Martín, Victoria buscó con la vista a su prima, y ni bien hizo contacto visual ella se acercó y se quedaron charlando por un momento en voz baja, casi como cuchichiando. Y cuando ella fue al tocador, el papá de Santi se acercó a Martín le puso cara de aceptación y le tocó el hombro.
Reunidos nuevamente bajo el nogal, sentados en el banco, hablaban de sus actuales proyectos y futuros viajes. Esa fue la etapa de la noche en la que la familia de Victoria saludó al desconocido, uno por uno, casi como un desfile. Con besos y apretones de mano, Martín saludó a todos.
Lo incómodo para Martín, fue descubrir caras con muecas picaras a su alrededor, pero no podía hacer nada.
Después de la charla en semicírculo con los parientes de la novia de su amigo, los invitados se fueron retirando.
Seguían charlando como para no separarse. Comenzaron a caminar hacia la casa, como todos los que estaban en el parque, de repente, ella se resbaló, él rápidamente la sujetó por la mano para que no se caiga. Se miraron, se rieron, pero no se soltaron de las manos. Ella le agradeció la ayuda y él respondió con una sonrisa.
Cuando entraron a la casa, se soltaron por acuerdo mutuo. Se sintieron un poco molestos por tener que hacerlo.
Santi, que estaba en un lugar donde veía todo, los vio.
- Martín, sí me esperas los alcanzamos con el auto. – Dijo Santi. –
- Dale, gracias. – contestó Martín, y se percató que no le había preguntado a Victoria sí ella quería hacer así. – Discúlpame no quise contestar por los dos.- le dijo.-
- Está bien, vine en taxi, así que si me alcanzan mejor. – Dijo con una sonrisa. –
En la puerta Santi y la novia habían despedido a la mayoría de los invitados, quedaban los dueños de casa, Martín y Victoria, que seguían cerquita el uno del otro.
Cuando cerró la puerta de la casa con cara de cansado, les ofreció café para levantar un poco los ánimos porque ya era tarde. Después de una charla en la que se deslizaron algunos comentarios hacia los amigos de los novios, Santi fue a buscar el auto para alcanzarlos.
Ya en camino hacia la casa de Victoria, la primera en bajarse por el recorrido. En cierto sentido, el recorrido fue elegido a propósito por el amigo de Martín, como para darle una mano.
Ellos, iban en la parte de atrás y seguían charlando.
En el momento en el que Martín había reunido el coraje para darle un beso. Santi dijo:
- Llegamos Victoria.
Martín se quería matar, toda la noche esperando una oportunidad, y cuando al fin llegaba, ella se tenía que bajar.
Abrió la puerta y se bajo, Santi le hizo seña a Martín para que se baje a acompañarla. Casi de un salto salió del auto y caminó rápido hasta ponerse a la par de ella.
- Un verdadero gusto, haberte conocido. Espero que nos podamos juntar en otro momento.- dijo Martín.-
- Igualmente, espero que podamos volver a juntarnos. La pasé muy bien, me hiciste reír.- contestó ella.-
Intercambiaron un par de cumplidos más, a cerca de la compañía del otro. La charla de despedida parecía diluirse, y encima Santi y su novia esperando en el auto. Martín se sentía presionado, le pidió el número de teléfono y combinaron para verse la semana siguiente.
Ella se dio cuenta que él estaba un poco tenso por los que esperaban en el auto, pero no le dijo nada. Era entendible.
Llego el momento y se tuvieron que despedir.
- Te llamo el domingo, y vemos que hacemos. – Dijo él, y la besó en la mejilla – un gusto otra vez.
- El gusto es mío, - Dijo ella sonriendo.- llamame y hacemos algo.
Hizo dos pasos hacia atrás y cuando estaba por dar la vuelta para volver al auto, ella tomó coraje sin importarle lo que él pudiera pensar, él le gustaba. Parada desde la puerta de la casa le dijo:
- ¿Te vas sin beso?
uy que valor!!
ResponderEliminarno cualquiera lo haría...!
ahh apoyo el comentario anterior
deberias escribir un libro!!
Muy bueno Ari !!
ResponderEliminarSiii, escribi un libro! Yo te lo compro.. :D
ResponderEliminarche gracias, pero para el libro me falta todavía...
ResponderEliminarun abrazo