En aquella despedida me encontré conmigo mismo. El entendimiento del propio ser a partir de la soledad. Una libertad encausada al egoísmo, aparentemente, pero no es así. Egoísmo sería obligar a alguien a querer cuando ya no quiere querer.
Por otro lado, existe el egoísmo en la soledad, cuando se priva a los demás de nuestra compañía.
Sin embargo, nadie puede obligar a otro a no ser egoísta.
A veces, es necesario ser egoísta, porque cuando nadie piensa en uno, es mejor ser un poco egoísta. El equilibrio entre lo que quiero, y lo que los demás quieren; entre lo que quiero de otros y otros quieren de mi.
Las despedidas parecen, de lejos, un encuentro egoísta de dos personas que se dicen adiós, cuando en realidad es el justo equilibrio de las cosas.
El egoísmo de la otra persona, o el de uno mismo, es el que no deja partir al otro. O lo que supuestamente hace que la gente se extrañe.
Por otro lado, existe el egoísmo en la soledad, cuando se priva a los demás de nuestra compañía.
Sin embargo, nadie puede obligar a otro a no ser egoísta.
A veces, es necesario ser egoísta, porque cuando nadie piensa en uno, es mejor ser un poco egoísta. El equilibrio entre lo que quiero, y lo que los demás quieren; entre lo que quiero de otros y otros quieren de mi.
Las despedidas parecen, de lejos, un encuentro egoísta de dos personas que se dicen adiós, cuando en realidad es el justo equilibrio de las cosas.
El egoísmo de la otra persona, o el de uno mismo, es el que no deja partir al otro. O lo que supuestamente hace que la gente se extrañe.
Puede ser que el extrañar, también, tenga su principio en un egoísmo no desarrollado, es decir: “se extraña a alguien que ya no está, y se extraña porque existe la ilusión que esa persona vuelva”.
Claro está, que se puede extrañar de formas más sanas, o bien no hacerlo, pero todo eso es una cuestión de decisión, acerca de qué hacer después del adiós.
Los egoístas se encuentran para despedirse, y para saludarse a sí mismos y a sus propias vidas nuevamente.
Aquellos que saben decir adiós por un bien mayor, el suyo propio, son sabios egoístas.
Los egoístas se encuentran para despedirse, y para saludarse a sí mismos y a sus propias vidas nuevamente.
Aquellos que saben decir adiós por un bien mayor, el suyo propio, son sabios egoístas.
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