En un momento determinado, el papá de Santi pasó por al lado de Martín, lo tomó del brazo y le dijo:
- Vení que te muestro lo que compré, antes que te agarre alguna para charlar y no me prestes más atención.
Martín no tenía ni la menor idea de a donde lo llevaba el viejito loco. Caminaron por el pasillo, hasta llegar al despacho.
- Mirá lo que está colgado en la pared, entre las repisas.- Dijo el viejito muy animado.-
Martín entró al despacho, había una mujer mirando un cuadro. De inmediato reconoció el cuadro, “Los girasoles” de Van Gohg.
Obviamente se trataba de una copia, pero muy bien hecha, de la obra realizada por el pintor holandés.
- ¿Te gusta Van Gohg? – Dijo Martín a la desconocida que miraba el cuadro junto a él.-
- No, me gustan los girasoles. – Contestó Victoria con un tono un tanto seco.-
Martín permaneció en silencio un momento. A él le gustaba el arte, al margen del postimpresionismo, período al que pertenecía el cuadro, le llamaba mucho la historia de vida del autor del mismo.
Trató de ser amable y, tal vez, un tanto entrador con la mujer que miraba el cuadro. Pero el tono de la respuesta, lo había dejado pensando. Era atractiva, estaba bien vestida, elegante, digna de la ocasión, no como él, claro. Quizás por eso no le hablaba.
- Martín, un gusto. – Dijo, extendiéndole la mano.-
- Victoria, un gusto también. – Devolviendo el gesto con la mano extendida, y continuó.- ¿Sos de la familia del novio?
- Casi, uno de sus mejores amigos, de la infancia. ¿vos de la novia?
- Sí, sí. La prima de la novia.
Victoria parecía estudiarlo con la mirada, disimulaba bastante bien mirando el cuadro. En medio de un breve silencio, aparentemente incómodo, porque ninguno de los dos hablaba aunque parecía que tenían la intención de hacerlo.
- ¿Te gusta el cuadro? – preguntó Martín. –
Era una pregunta por demás obvia, casi tonta. Pero no sabía que más decir como para que no se pierda la charla.
- Sí, me hace acordar a mi infancia. En unas vacaciones de la familia, pasamos por un campo lleno de girasoles, y mi papá bajo del auto y me cortó un girasol y me lo regaló. Desde ahí me gustan, es mi flor favorita. – Dijo Victoria. –
- A mira vos, yo pensé que era que te gustaba el arte.
- No. Sí me gusta el arte. Pero los girasoles me gustan por otro lado, no por este cuadro. – Interrumpió ella. –
- Claro, casi quedo como un salame hablándote de Van Gogh y el arte. – Después de decir eso, soltó una leve carcajada. –
- No, está bien, no te hagas drama. – Contestó ella. –
Así comenzó la charla. Poco a poco, con chistes de por medio, fueron entrando en confianza los dos desconocidos.
Cuando se acabó lo que tenían en las copas, salieron del despacho hacía el parque, para buscar algo para tomar.
Se resultaban simpáticos mutuamente, ellos no parecían darse cuenta de la atmosfera que habían generado a su alrededor. Los demás sí.
Entre sonrisas y leves intentos de coqueteo, la charla siguió en un banco del jardín.
- Vení que te muestro lo que compré, antes que te agarre alguna para charlar y no me prestes más atención.
Martín no tenía ni la menor idea de a donde lo llevaba el viejito loco. Caminaron por el pasillo, hasta llegar al despacho.
- Mirá lo que está colgado en la pared, entre las repisas.- Dijo el viejito muy animado.-
Martín entró al despacho, había una mujer mirando un cuadro. De inmediato reconoció el cuadro, “Los girasoles” de Van Gohg.
Obviamente se trataba de una copia, pero muy bien hecha, de la obra realizada por el pintor holandés.
- ¿Te gusta Van Gohg? – Dijo Martín a la desconocida que miraba el cuadro junto a él.-
- No, me gustan los girasoles. – Contestó Victoria con un tono un tanto seco.-
Martín permaneció en silencio un momento. A él le gustaba el arte, al margen del postimpresionismo, período al que pertenecía el cuadro, le llamaba mucho la historia de vida del autor del mismo.
Trató de ser amable y, tal vez, un tanto entrador con la mujer que miraba el cuadro. Pero el tono de la respuesta, lo había dejado pensando. Era atractiva, estaba bien vestida, elegante, digna de la ocasión, no como él, claro. Quizás por eso no le hablaba.
- Martín, un gusto. – Dijo, extendiéndole la mano.-
- Victoria, un gusto también. – Devolviendo el gesto con la mano extendida, y continuó.- ¿Sos de la familia del novio?
- Casi, uno de sus mejores amigos, de la infancia. ¿vos de la novia?
- Sí, sí. La prima de la novia.
Victoria parecía estudiarlo con la mirada, disimulaba bastante bien mirando el cuadro. En medio de un breve silencio, aparentemente incómodo, porque ninguno de los dos hablaba aunque parecía que tenían la intención de hacerlo.
- ¿Te gusta el cuadro? – preguntó Martín. –
Era una pregunta por demás obvia, casi tonta. Pero no sabía que más decir como para que no se pierda la charla.
- Sí, me hace acordar a mi infancia. En unas vacaciones de la familia, pasamos por un campo lleno de girasoles, y mi papá bajo del auto y me cortó un girasol y me lo regaló. Desde ahí me gustan, es mi flor favorita. – Dijo Victoria. –
- A mira vos, yo pensé que era que te gustaba el arte.
- No. Sí me gusta el arte. Pero los girasoles me gustan por otro lado, no por este cuadro. – Interrumpió ella. –
- Claro, casi quedo como un salame hablándote de Van Gogh y el arte. – Después de decir eso, soltó una leve carcajada. –
- No, está bien, no te hagas drama. – Contestó ella. –
Así comenzó la charla. Poco a poco, con chistes de por medio, fueron entrando en confianza los dos desconocidos.
Cuando se acabó lo que tenían en las copas, salieron del despacho hacía el parque, para buscar algo para tomar.
Se resultaban simpáticos mutuamente, ellos no parecían darse cuenta de la atmosfera que habían generado a su alrededor. Los demás sí.
Entre sonrisas y leves intentos de coqueteo, la charla siguió en un banco del jardín.
y la parte VI??
ResponderEliminarespero q llegue
muy buena historia!! Ariel
un abrazo