La noche estaba a penas fresca, prácticamente ideal. Martín llamó a Santi para preguntarle como tenía que ir vestido, porque le daba pereza ponerse un traje. Su amigo le dijo que había que ir de elegante sport, pero bien arreglado, intercambiaron un par de chistes por teléfono y después cortó.
Buscó la camisa menos arrugada, la planchó como pudo, lo mismo hico con un pantalón de gabardina. Eligió un suéter que combinara con la camisa y ya se daba por arreglado para el evento, pero antes de salir, ya con las llaves puestas en la puerta, se dio cuenta que no se había puesto perfume, volvió al cuarto, pensó en cuál sería el más adecuado para la situación y se decidió por uno que le había regalado una amiga para su cumpleaños.
Llegó temprano, uno de los primeros. Estaban los familiares, casi todos, él era el primero de los amigos que se hacía presente.
Saludó a su amigo con un abrazo fuerte y a su prometida. Charló un rato con Santi, después con los viejos de este. La casa la conocía hacía tiempo, pero el último año le habían hecho refacciones, agrandaron algunas habitaciones y rediseñaron la estancia.
- ¿Viste cómo quedó la sala? – Dijo el papá de Santi – Nos costó un Perú, pero al final quedó como quería la Doña.
- Sí, lo felicito. El lugar quedó hermoso, más grande, más luminoso.
- Che Martín ¿Vos solari todavía o vas a hacer cómo mi hijo que de la noche a la mañana sale con que se casa? – termino la frase y largó una carcajada. –
Otra vez el mismo tema, debe ser el día, pensó Martín.
- Y yo… – Puso cara de pensativo. – Mejor solo que mal acompañado ¿no? – se rió. – En realidad no hay candidata, no por el momento, por más buena voluntad que le ponga, no tengo tiempo con el trabajo y demás menesteres, se me complicaría una relación.
- Es cuestión de querer Martín, siempre es cuestión de querer.- Hizo una pausa. - Pero te entiendo, a veces no hay tiempo.
Hasta Martín se pudo dar cuanta que lo decía por compromiso, casi teniéndole un poco de lástima porque estaba solo. Pero a decir verdad no le importaba, él estaba mejor así.
Mientras tanto los invitados llegaban de a poco. Un leve bullicio comenzaba a levantarse en la casa. Todavía faltaban casi la mitad de los invitados.
Se acercó a una mesa para comer algo, y ya que estaba agarrar una copa con algo.
De repente se abrió la puerta, y reconoció la voz. Era uno de los primos de Santi que vivía en Francia, seguramente estaba de visita. Cuando lo vio lo saludó como a un hermano. Ellos dos habían compartido muchas vacaciones en la costa, eran de mismo grupo de amigos. Al menos tenía a un buen amigo para charlar, éste le presentó a su señora, una muchacha francesa muy bonita.
Mientras recordaban anécdotas con copas en las manos, como en toda tertulia de esa clase, se volvió a acercar el papá de Santi.
- Martín, haceme acordar que te muestre algo que compré, que seguro te va a gustar.
A lo que contestó con un gesto amable con la cabeza.
La gente seguía llegando, cada vez faltaban menos, de todas formas era temprano y había tiempo de sobra.
Buscó la camisa menos arrugada, la planchó como pudo, lo mismo hico con un pantalón de gabardina. Eligió un suéter que combinara con la camisa y ya se daba por arreglado para el evento, pero antes de salir, ya con las llaves puestas en la puerta, se dio cuenta que no se había puesto perfume, volvió al cuarto, pensó en cuál sería el más adecuado para la situación y se decidió por uno que le había regalado una amiga para su cumpleaños.
Llegó temprano, uno de los primeros. Estaban los familiares, casi todos, él era el primero de los amigos que se hacía presente.
Saludó a su amigo con un abrazo fuerte y a su prometida. Charló un rato con Santi, después con los viejos de este. La casa la conocía hacía tiempo, pero el último año le habían hecho refacciones, agrandaron algunas habitaciones y rediseñaron la estancia.
- ¿Viste cómo quedó la sala? – Dijo el papá de Santi – Nos costó un Perú, pero al final quedó como quería la Doña.
- Sí, lo felicito. El lugar quedó hermoso, más grande, más luminoso.
- Che Martín ¿Vos solari todavía o vas a hacer cómo mi hijo que de la noche a la mañana sale con que se casa? – termino la frase y largó una carcajada. –
Otra vez el mismo tema, debe ser el día, pensó Martín.
- Y yo… – Puso cara de pensativo. – Mejor solo que mal acompañado ¿no? – se rió. – En realidad no hay candidata, no por el momento, por más buena voluntad que le ponga, no tengo tiempo con el trabajo y demás menesteres, se me complicaría una relación.
- Es cuestión de querer Martín, siempre es cuestión de querer.- Hizo una pausa. - Pero te entiendo, a veces no hay tiempo.
Hasta Martín se pudo dar cuanta que lo decía por compromiso, casi teniéndole un poco de lástima porque estaba solo. Pero a decir verdad no le importaba, él estaba mejor así.
Mientras tanto los invitados llegaban de a poco. Un leve bullicio comenzaba a levantarse en la casa. Todavía faltaban casi la mitad de los invitados.
Se acercó a una mesa para comer algo, y ya que estaba agarrar una copa con algo.
De repente se abrió la puerta, y reconoció la voz. Era uno de los primos de Santi que vivía en Francia, seguramente estaba de visita. Cuando lo vio lo saludó como a un hermano. Ellos dos habían compartido muchas vacaciones en la costa, eran de mismo grupo de amigos. Al menos tenía a un buen amigo para charlar, éste le presentó a su señora, una muchacha francesa muy bonita.
Mientras recordaban anécdotas con copas en las manos, como en toda tertulia de esa clase, se volvió a acercar el papá de Santi.
- Martín, haceme acordar que te muestre algo que compré, que seguro te va a gustar.
A lo que contestó con un gesto amable con la cabeza.
La gente seguía llegando, cada vez faltaban menos, de todas formas era temprano y había tiempo de sobra.
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