Era la hora de estar en la fiesta de compromiso de su prima, pero Victoria recién se estaba cambiando, todavía le faltaba maquillarse, mínimo tenía como para media hora más en el departamento antes de salir.
Después de deliberar un momento con ella misma que ropa usaría, fue el turno del maquillaje, que, sí o sí, debía combinar con la ropa.
Cuando terminó, aparentaba un estilo casual, nada fuera de lo común, pero que a ella le había costado bastante elegir.
Salió a la calle, caminó un par de cuadras hasta la avenida para buscar un taxi, la manera más rápida y menos económica de viajar, porque tenía que ir medio lejos. Ya no importaba, llevaba tarde. ¿Y cuántas veces se iba a comprometer su prima? Pensó. Después de eso se rió sola, una sola, cuantas veces más, era un gasto importante eso de casarse, como para gastar dinero en eso una sola vez en la vida.
Siempre le pasaba lo mismo, cuando necesitaba un taxi no le paraba ninguno, y eso que no era día de lluvia.
Después de unos minutos al fin paró uno, abrió la puerta y le dijo al chofer que tenía que ir lejos, de capital a provincia, para ver si no tenía inconveniente en hacer el viaje. El chofer le dijo que no, entonces subió.
Mientras iba en el taxi, se dedicó a mirar a la gente que andaba en la calle a esa hora, algunos paseando el perro, otros caminando con ropa deportiva y parejitas caminando lento.
El último grupo la hizo extrañar las épocas en las que tenía a alguien al lado, seguramente para muchas personas caminar solas no les afecta en lo más mínimo, pero para ella eso era importante, andar a la par con otra persona mientras caminaba.
Entre tanto trataba de distraerse mirando por la ventanilla, el taxista le dio charla.
- ¿Va a una fiesta, no? – Dijo el taxista.-
- Sí, de compromiso.
- ¿Usted es la que se compromete?
- No, mi prima. ¿Estamos lejos de la dirección que le di? – Preguntó Victoria con aire inquieto por las preguntas.-
- Estamos a dos cuadras, ya llegamos.
Llegó a la puerta, pagó y salió del auto cerrando la puerta delicadamente, pero no cerró, así que tuvo que volver a cerrar, pero esta vez un poco más fuerte.
Se acercó a la puerta, tocó timbre y la atendió Santiago, el novio de su prima.
Pregunto por su prima, mientras su primo político le alcanzó una copa.
De repente se escucho un leve grito y Victoria giró para ver, era ella, la agasajada. Se abrazaron, y comenzaron a caminar hacia el jardín donde estaba la familia.
Se acercó y saludó uno por uno a todos con un beso. Estaban los primos, su hermana, sus papás, sus tíos y los abuelos.
Ninguno le preguntó el porqué del retraso, ya la conocían, la única que resaltó el detalle del tiempo fue la abuela, persona con la que Victoria guardaba cierta distancia debido a algunos comentarios que le había hecho, pero con buena comunicación, después de todo era su abuela y a pesar de no compartir los mismos pensamientos, la quería.
Al rato, cuando tenía la segunda copa por la mitad, preguntó dónde estaba el baño. Le indicaron cómo hacer para llegar, pero pidió que le explicaran de nuevo porque había que pasar varias puertas y no quería perderse.
Entró en la casa, caminó por el pasillo que estaba entre la sala y el comedor, y encontró el baño.
Cuando salió, volvió a por el mismo pasillo, pero se detuvo frente a lo que parecía un despacho, allí vio algo que le cautivo la atención poderosamente.
Después de deliberar un momento con ella misma que ropa usaría, fue el turno del maquillaje, que, sí o sí, debía combinar con la ropa.
Cuando terminó, aparentaba un estilo casual, nada fuera de lo común, pero que a ella le había costado bastante elegir.
Salió a la calle, caminó un par de cuadras hasta la avenida para buscar un taxi, la manera más rápida y menos económica de viajar, porque tenía que ir medio lejos. Ya no importaba, llevaba tarde. ¿Y cuántas veces se iba a comprometer su prima? Pensó. Después de eso se rió sola, una sola, cuantas veces más, era un gasto importante eso de casarse, como para gastar dinero en eso una sola vez en la vida.
Siempre le pasaba lo mismo, cuando necesitaba un taxi no le paraba ninguno, y eso que no era día de lluvia.
Después de unos minutos al fin paró uno, abrió la puerta y le dijo al chofer que tenía que ir lejos, de capital a provincia, para ver si no tenía inconveniente en hacer el viaje. El chofer le dijo que no, entonces subió.
Mientras iba en el taxi, se dedicó a mirar a la gente que andaba en la calle a esa hora, algunos paseando el perro, otros caminando con ropa deportiva y parejitas caminando lento.
El último grupo la hizo extrañar las épocas en las que tenía a alguien al lado, seguramente para muchas personas caminar solas no les afecta en lo más mínimo, pero para ella eso era importante, andar a la par con otra persona mientras caminaba.
Entre tanto trataba de distraerse mirando por la ventanilla, el taxista le dio charla.
- ¿Va a una fiesta, no? – Dijo el taxista.-
- Sí, de compromiso.
- ¿Usted es la que se compromete?
- No, mi prima. ¿Estamos lejos de la dirección que le di? – Preguntó Victoria con aire inquieto por las preguntas.-
- Estamos a dos cuadras, ya llegamos.
Llegó a la puerta, pagó y salió del auto cerrando la puerta delicadamente, pero no cerró, así que tuvo que volver a cerrar, pero esta vez un poco más fuerte.
Se acercó a la puerta, tocó timbre y la atendió Santiago, el novio de su prima.
Pregunto por su prima, mientras su primo político le alcanzó una copa.
De repente se escucho un leve grito y Victoria giró para ver, era ella, la agasajada. Se abrazaron, y comenzaron a caminar hacia el jardín donde estaba la familia.
Se acercó y saludó uno por uno a todos con un beso. Estaban los primos, su hermana, sus papás, sus tíos y los abuelos.
Ninguno le preguntó el porqué del retraso, ya la conocían, la única que resaltó el detalle del tiempo fue la abuela, persona con la que Victoria guardaba cierta distancia debido a algunos comentarios que le había hecho, pero con buena comunicación, después de todo era su abuela y a pesar de no compartir los mismos pensamientos, la quería.
Al rato, cuando tenía la segunda copa por la mitad, preguntó dónde estaba el baño. Le indicaron cómo hacer para llegar, pero pidió que le explicaran de nuevo porque había que pasar varias puertas y no quería perderse.
Entró en la casa, caminó por el pasillo que estaba entre la sala y el comedor, y encontró el baño.
Cuando salió, volvió a por el mismo pasillo, pero se detuvo frente a lo que parecía un despacho, allí vio algo que le cautivo la atención poderosamente.
Hola poeta, como estas tanto tiempo, pase a visitar su blog, hace mucho no lo hacía. Beso enorme
ResponderEliminarHola che, acá andamos, bien gracias a Dios. Vos cómo andas?
ResponderEliminarGracias por pasarte... en un rato paso por el tuyo así me pongo al día también, un abrazo.