miércoles, 30 de junio de 2010

Interrupciones nocturnas (Parte I)

Estaba en el ascensor esperando llegar al departamento. Volvía de la facultad con ganas de comer algo y acostarme.
Entré a casa y prendí la luz. Había alguien sentado a la mesa, eso me sobresaltó.
- ¿Quién sos y qué haces acá? – Le dije en voz alta.-
- Tranquilo, tranquilo; vine porque necesito tu ayuda. –Contestó sereno sin moverse.-
Eso me descolocó. No sabía quién era y encima quería que lo ayudara.
- Flaco, ¿Quién sos primero y que queres?
No tenía idea de cómo había entrado a mi casa. Si venía a robar o que, o estaba drogado o algo. Que se yo, se me pasaron mil cosas por la cabeza en ese momento.
- Yo soy el ángel de la guarda de tu vecina, la chica del final del pasillo. – Dijo tranquilo-
Tremendo disparate. Tenía que estar drogado seguramente pensé.
- Ah, bueno, te confundiste de departamento. – Interrumpí- Si te dejaron afuera, ahora le decimos que te haga entrar. No te preocupes.
Esto para chiste ya era demasiado, yo con hambre y sueño, y un desconocido posiblemente drogado, haciéndose pasar por ángel de la guarda. Fui a la cocina a poner la pava para tomar una sopa instantánea.
Por extraño que pareciera, no tenía cara de malo ni de violento. Eso me dejaba tranquilo, así seguí haciendo mis cosas.
- No, no me entendés. Vine para pedirte un consejo.
- Mira, si es sobre cuestiones del edificio, habla con el encargado. – volví a interrumpir. – es tarde che, te doy mi mail y me escribís, ¿dale? Y lo resolvemos mañana.
Sumado a mi poca paciencia habitual, lidiaba este tipo. Yo seguía en la cocina preparándome la sopa.
- ¿No me haces un té, por favor? – Dijo el auto invitado-
- Flaco, esto no es un bar. Y ni siquiera sos mi propio ángel de la guarda, así que menos pretensiones y decime porque viniste.
Ya me estaba molestando, pero le hice el té igual.
Llevé las dos tazas a la mesa y me senté.
- Me atrae una chica. – Dijo tímidamente, con vergüenza.-
- Mira vos. – Lo único que me faltaba, pensé.- ¿Tu protegida?
- Una amiga. Clara. Desde que se empezaron a juntar para estudiar no pude dejar de mirarla y mirarla. Es hermosa.
La cosa no podía estar más rara. Un tipo entraba a casa sin permiso, decía ser un ángel, y venia a pedir consejos para el corazón. Definitivamente no era mi noche.
- ¿Y yo que tengo qué ver con todo esto? ¿Qué queres que te diga? Conocela, tomate tú tiempo. Y después fijate que haces. –Hice una pausa- Che, a todo esto, ¿Ustedes los ángeles se pueden enamorar? ¿Se enamoran igual que nosotros? O qué onda.
- No podemos enamorarnos igual que ustedes. Directamente no podemos enamorarnos.
- ¿Cómo es, no pueden o no deben? Si no pueden, no te hagas drama. Ya se te va a pasar. Y si no deben, mi amigo, estas en un problema. ¿Te pueden despedir o algo así?
- Despedirme no, pero me pueden pasar a otra tarea. Más compleja y peligrosa.
- Veo que lo que haces ahora te deja mucho tiempo libre. Pensalo, en una de esas. - Me reí solo.-
Tenía cara de preocupado. Me dio algo de lastima. Porque todos nos enamoramos alguna vez, pero en este caso era distinto. Y para ser sincero no tenía ni la más pálida idea de que decirle.
De enamorados sé poco, pero de ángeles menos.
- ¿Cómo se si estoy enamorado o sólo me gusta? ¿no sé si la amo?
- Bueno macho, anda despacio. No te comas el coco. ¿Hace cuánto qué la conoces?
- Una semana.
- Eso no es nada. No embromes. Chicas lindas hay en todos lados, si te vas a andar enamorando de todas las chicas lindas que ves, sos un ángel poco serio. Che, cambiando de tema, si vos estas acá ¿Quién cuida a la vecina?
- Tu ángel de la guardia. Hicimos un cambio solo por hoy.
- Ah, ¿yo tengo uno? Nunca me di cuenta. Se ve que muy bien no laburan ustedes. ¿y por qué no le pediste consejo a él en vez de moléstame a mí?
- Porque es un mujeriego.
- Con más razón, él sabe más.
- Es un tipo poco serio, como vos decís.
En ese momento, me di cuenta más que nunca, que estaba a la buena de Dios, con el ángel que me había tocado a mí.
- Disculpame que te lo diga así, pero para ser ángel o algo así te falta data. Yo pensaba que la tenían más clara con estas cosas ustedes.
No contestó. Estaba con la cabeza gacha mirando la taza que sostenía con la mano izquierda.
La hora invitaba a dormir. No quería ser descortés, pero tenía cosas que hacer al otro día. Había terminado mi sopa y ya estaba en pantuflas.
- Mira, lo único que te puedo decir es que te tomes tu tiempo para conocerla y después si se da se da. ¿Sí? Me voy a dormir. Si te quedas mirando tele que sea sin volumen.
Me fui a la cama. No escuche la puerta ni la tele.
Pobre pibe. Pero ¿quién te dice que hacer cuando te enamoras?

No hay comentarios:

Publicar un comentario