Es de público conocimiento que, durante el invierno, el Ministerio de los enamorados es cuando más trabaja.
Está a cargo de una comisión de entendidos a cerca de cuestiones del corazón, que precisamente no son médicos cardiólogos.
Durante esta parte del año los aspirantes a Cupido terminan su entrenamiento y se convierten en novatos. Obviamente que los hacen practicar con flechas de utilería hasta que perfeccionan su puntería. Si alguno llega a reprobar el examen de puntería, es pasado a tareas administrativas.
La mala puntería ha sido, desde siempre, el principal motivo de queja contra este Ministerio. Es por eso que hace algunos años se hace mucho hincapié en esto para mejorar el prestigio de la institución.
Pero a pesar de todos los esfuerzos realizados, siempre se termina perdiendo alguna flecha que no llega a destino. A veces es difícil tirar con viento en contra, esa es la justificación más habitual de los famosos arqueros.
Mientras afuera del edificio, el viento y el frio corren a la gente de las calles. En los pasillos de este Organismo, el personal administrativo va y viene a toda prisa, llevando y trayendo papeles, formas y formularios que necesitan firmas y sellos. Documentos que deben ser revisados, legajos que necesitan revisión, y menesteres de esa índole. Un arduo trabajo para preparar todo a tiempo. Lo que sucede en la mayoría de los ministerios públicos.
Se asigna el personal nuevo, se le dan tareas específicas a cada uno. La tarea más importante que se lleva a cabo es la de seleccionar a los candidatos. Aquellos que están predispuestos a enamorarse. Los que no son inmunes a las flechas. No está demás decir que no se enamora quien no quiere hacerlo. La saeta es una ayuda importante, pero no lo es todo.
Por ese motivo hay que ser muy cuidadoso a la hora de elegir los perfiles de las personas. Eso representa todo un trabajo de logística y análisis.
Prestemos atención a las siguientes personas: Esteban, veintiséis años, está en el último año de ingeniería. Vive con sus padres, Amanda y Emilio, en una casa en el barrio de Flores. Tiene dos hermanas menores, Natalia y Noelia. Es hincha de Vélez. Toca la batería en una banda con compañeros del secundario que se juntan cada tanto.
Está cansado de estar de fiesta en fiesta, está cansado de estar solo. Económicamente es independiente, pero no se va de la casa porque no le gusta vivir solo.
Fátima, veinticuatro años. Es maestra jardinera. Vive con su hermana Andrea en el barrio de Caballito. Es del interior, de Gral. Pico, La Pampa; donde todavía viven sus padres, Norma y Juan. No mira futbol, pero le gusta Vélez por los colores de la camiseta. Estudió canto cuando era chica, ahora solo canta en la ducha.
Si bien su relación con Andrea es excelente, su hermana se está por casar y se va a ir a vivir con su novio. De a poco la soledad se le está colando en los desayunos.
Estos dos perfiles están en la misma carpeta, lista para ser firmada y probada por la comisión general de flechazos autorizados.
Esa sería la primera fase, la segunda es la que requiera más dedicación. La parte más difícil no es acertar en el blanco, el pecho. Si así fuera, estos arqueros gorditos y con alas tendrían poco trabajo.
Antes del disparo, antes de la primavera, cuando todavía los árboles no tiene follaje. Esteban y Fátima tienen que verse por primera vez.
Para esto existe un manual lleno de excusas y estrategias para acercar desconocidos. Mientras la mayoría hace responsable al destino por sus coincidencias, aquí se sabe como se van a conocer las personas, en algún lado ya estaba escrito.
Porque por más que se disparen mil flechas a estos corazones, dos personas que nunca se vieron, no podrían enamorarse jamás.
Si esta fase se logra con éxito, solo es cuestión de puntería.
Durante esta parte del año los aspirantes a Cupido terminan su entrenamiento y se convierten en novatos. Obviamente que los hacen practicar con flechas de utilería hasta que perfeccionan su puntería. Si alguno llega a reprobar el examen de puntería, es pasado a tareas administrativas.
La mala puntería ha sido, desde siempre, el principal motivo de queja contra este Ministerio. Es por eso que hace algunos años se hace mucho hincapié en esto para mejorar el prestigio de la institución.
Pero a pesar de todos los esfuerzos realizados, siempre se termina perdiendo alguna flecha que no llega a destino. A veces es difícil tirar con viento en contra, esa es la justificación más habitual de los famosos arqueros.
Mientras afuera del edificio, el viento y el frio corren a la gente de las calles. En los pasillos de este Organismo, el personal administrativo va y viene a toda prisa, llevando y trayendo papeles, formas y formularios que necesitan firmas y sellos. Documentos que deben ser revisados, legajos que necesitan revisión, y menesteres de esa índole. Un arduo trabajo para preparar todo a tiempo. Lo que sucede en la mayoría de los ministerios públicos.
Se asigna el personal nuevo, se le dan tareas específicas a cada uno. La tarea más importante que se lleva a cabo es la de seleccionar a los candidatos. Aquellos que están predispuestos a enamorarse. Los que no son inmunes a las flechas. No está demás decir que no se enamora quien no quiere hacerlo. La saeta es una ayuda importante, pero no lo es todo.
Por ese motivo hay que ser muy cuidadoso a la hora de elegir los perfiles de las personas. Eso representa todo un trabajo de logística y análisis.
Prestemos atención a las siguientes personas: Esteban, veintiséis años, está en el último año de ingeniería. Vive con sus padres, Amanda y Emilio, en una casa en el barrio de Flores. Tiene dos hermanas menores, Natalia y Noelia. Es hincha de Vélez. Toca la batería en una banda con compañeros del secundario que se juntan cada tanto.
Está cansado de estar de fiesta en fiesta, está cansado de estar solo. Económicamente es independiente, pero no se va de la casa porque no le gusta vivir solo.
Fátima, veinticuatro años. Es maestra jardinera. Vive con su hermana Andrea en el barrio de Caballito. Es del interior, de Gral. Pico, La Pampa; donde todavía viven sus padres, Norma y Juan. No mira futbol, pero le gusta Vélez por los colores de la camiseta. Estudió canto cuando era chica, ahora solo canta en la ducha.
Si bien su relación con Andrea es excelente, su hermana se está por casar y se va a ir a vivir con su novio. De a poco la soledad se le está colando en los desayunos.
Estos dos perfiles están en la misma carpeta, lista para ser firmada y probada por la comisión general de flechazos autorizados.
Esa sería la primera fase, la segunda es la que requiera más dedicación. La parte más difícil no es acertar en el blanco, el pecho. Si así fuera, estos arqueros gorditos y con alas tendrían poco trabajo.
Antes del disparo, antes de la primavera, cuando todavía los árboles no tiene follaje. Esteban y Fátima tienen que verse por primera vez.
Para esto existe un manual lleno de excusas y estrategias para acercar desconocidos. Mientras la mayoría hace responsable al destino por sus coincidencias, aquí se sabe como se van a conocer las personas, en algún lado ya estaba escrito.
Porque por más que se disparen mil flechas a estos corazones, dos personas que nunca se vieron, no podrían enamorarse jamás.
Si esta fase se logra con éxito, solo es cuestión de puntería.
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