Eran las siete y media cuando Gustavo llegó a la estación de Retiro. Ya había sol y no estaba muy fresco.
Fue directamente a sentarse entre las plataformas veinticuatro y treinta y cinco. Había ido a buscar a sus amigos que venían de Trenque lauquen.
El colectivo llego con retraso. Los saludó con un abrazo a cada uno. Agarraron los bolsos y se fueron a buscar un taxi. Terminaron tomando dos, porque ellos y los bolsos no entraban en el mismo.
Gustavo vivía en Recoleta, su familia le había comprado un departamento en ese barrio cuando se vino a estudiar a la capital. Siendo hijo único todo era para él.
Javi, Justo y Quique venían por la recibida de Pol. Ellos cinco eran amigos de toda la vida, desde al jardín de infantes hasta el CBC, en algunas materias claro.
Justo, era el habilidoso del grupo. Todo lo que fuera destreza física, el lo conseguía. Flaco, pelo castaño claro y ojos verdes. Con esa facha se suponía que tenía que ser un ganador con las mujeres, sin embargo era tímido. Había estudiado para contador, y cuando se recibió se volvió a Trenque lauquen a trabajar en el estudio de padre, que también era contador.
Javi, era abogado. El serio del grupo, el más calmo. Todos lo admiraban por la paciencia con la que llevaba la vida. Aplicado al estudio. Siempre discreto, ubicado y racional. Morrudo y poseedor de una voz grave que seducía al público femenino. Eso era lo que él decía. Terminó la carrera, trabajo un año en un estudio de la capital, pero se cansó y se volvió a trabajar con su tío, abogado también.
A Miguel le decían Quique, por el papá. Era igual, los gestos, el tono de voz, hasta la forma de caminar, casi como un clon. De chico siempre decía que, un veterinario se llenaba de plata. De grande estudió eso, y no se equivocó. Petiso sin complejos, siempre estaba de buen humor, le gustaba hacer reír a la gente.
Como todo grupo, éste, no era la excepción. El fachero del quinteto era Pol.se llamaba Agustín, pero le decían Pol por polaco. Rubio de ojos azules, delgado y con buen gusto para vestirse. Se recibía de arquitecto. Era el último del grupo en recibirse. Tardó más, no porque le faltara inteligencia, sino porque le gustaba joda. El primer año que se había mudado a capital salió de lunes a lunes.
Gustavo se había recibido analista de sistemas. Era el cerebro del grupo. Sobrenombre que le pusieron en el secundario. Estaba en todos los detalles. No era el más lindo pero se las rebuscaba para estar bien acompañado. Había conseguido trabajo en una empresa multinacional, tenía un puesto importante, y un buen pasar.
Cuando llegaron a la casa, dejaron los bolsos y se recostaron donde pudieron. La noche anterior habían salido y viajaron sin dormir.
Antes que se durmieran, el dueño de casa les pregunto por Pupo, el hermano menor de Pol. Que era como uno más del grupo, se había criado con ellos prácticamente. Le decían así porque de chiquito, era muy flaco y el pupo se le salía para afuera. Aunque la mamá le había puesto Tomas, todos lo conocían por ese apodo.
Le dijeron que Pupo venía en auto, porque a la mañana tenia cosas que hacer. Que llagaba para la hora de la fiesta.
Durmieron un rato y cerca del medio día se levantaron, pasaron por el supermercado a comprar cosas para el evento y se fueron derecho a la puerta de la facultad.
Tenían todo lo necesario, quedaba sentarse a esperar.
Pasaron casi dos horas hasta que vieron salir a Pol. Sin pensarlo dos veces se le abalanzaron con harina, huevos, yerba, aceite, vinagre, típico de una recibida. Ensuciando bien al agasajado.
En ese momento, Gustavo llamó a Pupo para que saludara a su hermano. Después del tercer intento fallido desistió. Pensó que como estaba manejando no podía atender.
Cuando todo se tranquilizó, levantaron a su amigo todo sucio y medio desnudo y se fueron a tomar unas cervezas.
En la mesa todo era alegría. Contar anécdotas, chistes, reírse de los comentarios de Quique.
Cuando terminaron de tomar, pasadas las seis de la tarde, se fueron a preparar para la fiesta de la noche. Gustavo había reservado lugar en un bar irlandés en la calle Reconquista. En ese lugar todos ellos habían festejado sus recibidas.
Por fin llegó la noche. Los cinco fantásticos ya estaban en el bar. El protagonista de la fiesta había invitado a mucha gente, amigos de Trenque Lauquen, de Buenos Aires, de la facultad, del sus noches de fiesta, en fin, amigos de la vida. La mayoría eran mujeres, duplicaban la cantidad de hombres.
Gente charlando por todos lados, a nadie le faltaba su vaso. Pol saludaba a todos, se tomaba un ratito para conversar con cada grupo.
La noche recién estaba comenzando, entre vasos brillantes como el oro, y humo de la risa.
El celular de Pol no paraba de sonar, pero la recepción era muy mala y no podía contestar.
En el medio de la fiesta, sonó el celular de Gustavo. La primera vez no pudo atender. Así que salió del lugar para devolver la llamada que era del celular de la mamá de Pol. Como su amigo no tenía buena señal, pensó que la madre lo llamaba a él para hablar con su hijo.
La llamó. Tardó en contestar y cuando lo hizo la voz de esa mujer no sonaba nada bien. Se la notaba nerviosa, entre cortada por el llanto.
Quedó desconcertado. Habló con ella apenas unos pocos minutos, en los que la cara le cambio por completo. Pupo había tenido un accidente con el auto esa misma tarde, mientras su hermano terminaba de rendir el último final. Un choque frontal con un camión.
De la alegría y la fiesta, pasó a un estado de incertidumbre y tristeza. Una emoción violenta invadió su ser. La muerte.
Se sintió terrible. Una angustia le estrujaba el pecho. Se agachó para recuperar el aire, mientras sus ojos no paraban de escupir lágrimas.
Javi lo vio por la ventana y fue a ver que le pasaba. Se agachó al lado de Gustavo mientras escuchaba la mala noticia. Javi se quedó pálido y tieso.
Se pararon, y sin mirarse para no seguir llorando, se dispusieron a entrar para avisarle a Pol.
Que falta de respeto, la muerte se invitó sola a la fiesta.
Fue directamente a sentarse entre las plataformas veinticuatro y treinta y cinco. Había ido a buscar a sus amigos que venían de Trenque lauquen.
El colectivo llego con retraso. Los saludó con un abrazo a cada uno. Agarraron los bolsos y se fueron a buscar un taxi. Terminaron tomando dos, porque ellos y los bolsos no entraban en el mismo.
Gustavo vivía en Recoleta, su familia le había comprado un departamento en ese barrio cuando se vino a estudiar a la capital. Siendo hijo único todo era para él.
Javi, Justo y Quique venían por la recibida de Pol. Ellos cinco eran amigos de toda la vida, desde al jardín de infantes hasta el CBC, en algunas materias claro.
Justo, era el habilidoso del grupo. Todo lo que fuera destreza física, el lo conseguía. Flaco, pelo castaño claro y ojos verdes. Con esa facha se suponía que tenía que ser un ganador con las mujeres, sin embargo era tímido. Había estudiado para contador, y cuando se recibió se volvió a Trenque lauquen a trabajar en el estudio de padre, que también era contador.
Javi, era abogado. El serio del grupo, el más calmo. Todos lo admiraban por la paciencia con la que llevaba la vida. Aplicado al estudio. Siempre discreto, ubicado y racional. Morrudo y poseedor de una voz grave que seducía al público femenino. Eso era lo que él decía. Terminó la carrera, trabajo un año en un estudio de la capital, pero se cansó y se volvió a trabajar con su tío, abogado también.
A Miguel le decían Quique, por el papá. Era igual, los gestos, el tono de voz, hasta la forma de caminar, casi como un clon. De chico siempre decía que, un veterinario se llenaba de plata. De grande estudió eso, y no se equivocó. Petiso sin complejos, siempre estaba de buen humor, le gustaba hacer reír a la gente.
Como todo grupo, éste, no era la excepción. El fachero del quinteto era Pol.se llamaba Agustín, pero le decían Pol por polaco. Rubio de ojos azules, delgado y con buen gusto para vestirse. Se recibía de arquitecto. Era el último del grupo en recibirse. Tardó más, no porque le faltara inteligencia, sino porque le gustaba joda. El primer año que se había mudado a capital salió de lunes a lunes.
Gustavo se había recibido analista de sistemas. Era el cerebro del grupo. Sobrenombre que le pusieron en el secundario. Estaba en todos los detalles. No era el más lindo pero se las rebuscaba para estar bien acompañado. Había conseguido trabajo en una empresa multinacional, tenía un puesto importante, y un buen pasar.
Cuando llegaron a la casa, dejaron los bolsos y se recostaron donde pudieron. La noche anterior habían salido y viajaron sin dormir.
Antes que se durmieran, el dueño de casa les pregunto por Pupo, el hermano menor de Pol. Que era como uno más del grupo, se había criado con ellos prácticamente. Le decían así porque de chiquito, era muy flaco y el pupo se le salía para afuera. Aunque la mamá le había puesto Tomas, todos lo conocían por ese apodo.
Le dijeron que Pupo venía en auto, porque a la mañana tenia cosas que hacer. Que llagaba para la hora de la fiesta.
Durmieron un rato y cerca del medio día se levantaron, pasaron por el supermercado a comprar cosas para el evento y se fueron derecho a la puerta de la facultad.
Tenían todo lo necesario, quedaba sentarse a esperar.
Pasaron casi dos horas hasta que vieron salir a Pol. Sin pensarlo dos veces se le abalanzaron con harina, huevos, yerba, aceite, vinagre, típico de una recibida. Ensuciando bien al agasajado.
En ese momento, Gustavo llamó a Pupo para que saludara a su hermano. Después del tercer intento fallido desistió. Pensó que como estaba manejando no podía atender.
Cuando todo se tranquilizó, levantaron a su amigo todo sucio y medio desnudo y se fueron a tomar unas cervezas.
En la mesa todo era alegría. Contar anécdotas, chistes, reírse de los comentarios de Quique.
Cuando terminaron de tomar, pasadas las seis de la tarde, se fueron a preparar para la fiesta de la noche. Gustavo había reservado lugar en un bar irlandés en la calle Reconquista. En ese lugar todos ellos habían festejado sus recibidas.
Por fin llegó la noche. Los cinco fantásticos ya estaban en el bar. El protagonista de la fiesta había invitado a mucha gente, amigos de Trenque Lauquen, de Buenos Aires, de la facultad, del sus noches de fiesta, en fin, amigos de la vida. La mayoría eran mujeres, duplicaban la cantidad de hombres.
Gente charlando por todos lados, a nadie le faltaba su vaso. Pol saludaba a todos, se tomaba un ratito para conversar con cada grupo.
La noche recién estaba comenzando, entre vasos brillantes como el oro, y humo de la risa.
El celular de Pol no paraba de sonar, pero la recepción era muy mala y no podía contestar.
En el medio de la fiesta, sonó el celular de Gustavo. La primera vez no pudo atender. Así que salió del lugar para devolver la llamada que era del celular de la mamá de Pol. Como su amigo no tenía buena señal, pensó que la madre lo llamaba a él para hablar con su hijo.
La llamó. Tardó en contestar y cuando lo hizo la voz de esa mujer no sonaba nada bien. Se la notaba nerviosa, entre cortada por el llanto.
Quedó desconcertado. Habló con ella apenas unos pocos minutos, en los que la cara le cambio por completo. Pupo había tenido un accidente con el auto esa misma tarde, mientras su hermano terminaba de rendir el último final. Un choque frontal con un camión.
De la alegría y la fiesta, pasó a un estado de incertidumbre y tristeza. Una emoción violenta invadió su ser. La muerte.
Se sintió terrible. Una angustia le estrujaba el pecho. Se agachó para recuperar el aire, mientras sus ojos no paraban de escupir lágrimas.
Javi lo vio por la ventana y fue a ver que le pasaba. Se agachó al lado de Gustavo mientras escuchaba la mala noticia. Javi se quedó pálido y tieso.
Se pararon, y sin mirarse para no seguir llorando, se dispusieron a entrar para avisarle a Pol.
Que falta de respeto, la muerte se invitó sola a la fiesta.
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