No existe el tiempo perfecto para el amor, en cambio, existen los momentos de amor perfecto.
El amor entre seres humanos no es eterno, pero ¿Cómo es qué para algunos el amor dura toda la vida? El secreto está en que esos momentos o instantes de amor perfecto sean sucesivos, consecutivos. Lo cual, es una mera decisión de cada individuo.
Dándole poco espacio y tiempo en la vida a la rutina del sentimiento, al desánimo, la desesperanza, la costumbre de la compañía.
El amor no se sostiene por el cariño, sino por esa constante decisión de amar, y de vivir esos instantes de amor perfecto todos los días.
Dicha resolución, es tan fugaz como un parpadeo o como la vida que puede llegar a tener una chispa. Así de breve.
Una chispa, un impulso, que lleva a resolver algo inmediatamente, y a actuar en pos de ese minúsculo instante donde el universo con sus mundos y sus tiempos pasa delante del individuo.
Un detalle importante es entender y saber que, para que una chispa pueda encender una fogata, es necesario que la hojarasca esté seca.
Algo seco, es algo que está muerto por fuera y por dentro. Inerte.
Es por eso, que algunos encuentran el amor cuando no lo están buscando. Cuando están secos.
Sin ánimo para querer, encariñarse, mucho menos para amar.
De la misma forma que un explorador en el bosque, enciende su fuego para pasar la noche, puertas adentro del pecho, un destello contagia luz y vida en las entrañas de un ser adusto.
Sin embargo, nada de esto es milagroso, tanto los momentos de amor se pueden fingir, la decisión se puede fingir, hasta las decisiones se pueden fingir, se pueden inventar destellos o chispas que iluminen de forma artificial el interior de la caja dentro del pecho.
El verdadero milagro, sucede antes que todas estas cosas. El milagro no es amar, sino encontrar a quién amar.
Todo esto, casi una explicación metafísica, sucedió dentro de una persona sentada en un en un parque, mientras miraba dos ancianos que caminaban tomados de la mano.
¿Cómo es que me resulta tan difícil, encontrar el amor sin buscarlo, acaso no estoy lo suficientemente seco como para que una chispa encienda algo de luz dentro mío? Se cuestionaba.
Era minucioso a la hora de inquirir en sí mismo, pero a la hora de hurgar en su propio pecho, los papeles de sus razonamientos se le mezclaban, sin encontrar un libreto coherente para su discurso interno.
Tal vez, rodeaba demasiado la misma cuestión, buscando una respuesta que iba a llegar con el tiempo. Pero sus ansias de satisfacción y respuestas, le impedían descansar de sus pensamientos. Justamente por eso estaba en el parque, ahí sentado, para distraerse y no seguir pensando. Sentado esperaba un verdadero milagro.
El amor entre seres humanos no es eterno, pero ¿Cómo es qué para algunos el amor dura toda la vida? El secreto está en que esos momentos o instantes de amor perfecto sean sucesivos, consecutivos. Lo cual, es una mera decisión de cada individuo.
Dándole poco espacio y tiempo en la vida a la rutina del sentimiento, al desánimo, la desesperanza, la costumbre de la compañía.
El amor no se sostiene por el cariño, sino por esa constante decisión de amar, y de vivir esos instantes de amor perfecto todos los días.
Dicha resolución, es tan fugaz como un parpadeo o como la vida que puede llegar a tener una chispa. Así de breve.
Una chispa, un impulso, que lleva a resolver algo inmediatamente, y a actuar en pos de ese minúsculo instante donde el universo con sus mundos y sus tiempos pasa delante del individuo.
Un detalle importante es entender y saber que, para que una chispa pueda encender una fogata, es necesario que la hojarasca esté seca.
Algo seco, es algo que está muerto por fuera y por dentro. Inerte.
Es por eso, que algunos encuentran el amor cuando no lo están buscando. Cuando están secos.
Sin ánimo para querer, encariñarse, mucho menos para amar.
De la misma forma que un explorador en el bosque, enciende su fuego para pasar la noche, puertas adentro del pecho, un destello contagia luz y vida en las entrañas de un ser adusto.
Sin embargo, nada de esto es milagroso, tanto los momentos de amor se pueden fingir, la decisión se puede fingir, hasta las decisiones se pueden fingir, se pueden inventar destellos o chispas que iluminen de forma artificial el interior de la caja dentro del pecho.
El verdadero milagro, sucede antes que todas estas cosas. El milagro no es amar, sino encontrar a quién amar.
Todo esto, casi una explicación metafísica, sucedió dentro de una persona sentada en un en un parque, mientras miraba dos ancianos que caminaban tomados de la mano.
¿Cómo es que me resulta tan difícil, encontrar el amor sin buscarlo, acaso no estoy lo suficientemente seco como para que una chispa encienda algo de luz dentro mío? Se cuestionaba.
Era minucioso a la hora de inquirir en sí mismo, pero a la hora de hurgar en su propio pecho, los papeles de sus razonamientos se le mezclaban, sin encontrar un libreto coherente para su discurso interno.
Tal vez, rodeaba demasiado la misma cuestión, buscando una respuesta que iba a llegar con el tiempo. Pero sus ansias de satisfacción y respuestas, le impedían descansar de sus pensamientos. Justamente por eso estaba en el parque, ahí sentado, para distraerse y no seguir pensando. Sentado esperaba un verdadero milagro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario