Vení. Vamos afuera que te quiero mostrar algo. Olvidate de todo lo que sabes de las tormentas y del clima.
Parate acá, al lado mío, y mira.
Allá en el fin del horizonte, esas nubes que el viento trae, ¿las ves?
Espera.
Las tormentas no tienen nada de racional. Donde terminan las luces, en aquella curva que rodea toda la tierra, están las tormentas. Nacen al costado del sol.
Desde acá se puede ver como nacen. Mira. El viento junta las nubes, ellas oscurecen el cielo de tal manera que cuando los astros no pueden iluminar a los hombres, quietos en el firmamento, desprenden de sus ojos lágrimas. Lloran cuando no nos ven.
El viento las trae sin permiso de nadie, hace lo que quiere. No le interesan las nubes, ni los astros, mucho menos el hombre.
Subamos ahí para ver mejor.
La tormenta ya esta acá. ¿Sentís el viento? ¿Sentís el frío? Es el preludio de las tormentas de invierno. Corre fuerte, rápido, ligero y sigiloso. No importa cuanto te abrigues, el va a sacar de tu cuerpo el calor; lentamente rodeara tus manos en las suyas, abrazara tus pies y besara tu rostro. Así es como invade los cuerpos el viento. ¿Percibís?
El cielo esta listo. El ruido de las puertas retumba en los pasillos de las nubes. Se puede escuchar un terrible transito en ellas, ¿escuchas?
Ya rompieron en llanto, no se aguantan mucho.
Tocalas. Son más frías que las gotas que caen cuando el sol nos mira. Es mucho más doloroso para los astros llorar con los ojos cerrados. Porque ya no ven el objeto de su cariño. Y el ruido de los pasillos nublados, les hace pensar la peor de las catástrofes, que algo pasa acá abajo. Pero no pasa nada. Solo que como no ven, no saben.
Te das cuenta, las tormentas no tienen nada de racional. Todo eso pasó antes de la primera gota.
Son lagrimas tan especiales que derriten la tierra, solo la tierra es tan sensible al llanto del cielo. A nosotros no nos hace nada, solo nos moja. Llora por nosotros, por eso no nos lastima.
Cerra los ojos y sentí conmigo este momento. Está más oscuro, y el silbido del viento trae frío, la lluvia llena de humedad el alma, podes oler como la tierra se derrite.
Ya se que te mojas. Yo también. Pero espera, cerra de nuevo los ojos y mira.
La vida es igual al día, sale el sol con toda su fuerza, nadie lo para, nada lo frena, su voluntad se impone a todo y a todos. Pero de desde donde sale el sol, su madriguera debajo de la tierra, también sale el mismo viento, casi como persiguiéndolo. Y con él su sequito de nubes.
Nunca le cierran el paso al sol, pero ponen una espesa cortina delante de el. De esta manera, la vida, que es un regalo hermoso, a veces se tiñe de colores oscuros, traídos por vientos de circunstancias. Sin embargo toda situación también es como el día, el cual tiene dos horizontes, en el que nace y en el que muere.
Nada quiebra la voluntad del sol, el sigue andando, incluso detrás de las espesas cortinas que hacen llorar a los astros. Por eso le gana a las tormentas, porque el viento no puede juntar a las nubes por siempre, no puede retenerlas a todas. Y solas se van por la otra puerta, por el lado opuesto al que llegaron.
Si, ya se. Las tormentas no tienen nada de racional.
Vos anda, no te sigas mojando. Esta tormenta es mía.
Anda, yo me quedo a esperar el sol mientras la tierra a mi lado se derrite.
Eso si, después, cuando se seque la tierra, quiero que me acompañes a caminar.
Parate acá, al lado mío, y mira.
Allá en el fin del horizonte, esas nubes que el viento trae, ¿las ves?
Espera.
Las tormentas no tienen nada de racional. Donde terminan las luces, en aquella curva que rodea toda la tierra, están las tormentas. Nacen al costado del sol.
Desde acá se puede ver como nacen. Mira. El viento junta las nubes, ellas oscurecen el cielo de tal manera que cuando los astros no pueden iluminar a los hombres, quietos en el firmamento, desprenden de sus ojos lágrimas. Lloran cuando no nos ven.
El viento las trae sin permiso de nadie, hace lo que quiere. No le interesan las nubes, ni los astros, mucho menos el hombre.
Subamos ahí para ver mejor.
La tormenta ya esta acá. ¿Sentís el viento? ¿Sentís el frío? Es el preludio de las tormentas de invierno. Corre fuerte, rápido, ligero y sigiloso. No importa cuanto te abrigues, el va a sacar de tu cuerpo el calor; lentamente rodeara tus manos en las suyas, abrazara tus pies y besara tu rostro. Así es como invade los cuerpos el viento. ¿Percibís?
El cielo esta listo. El ruido de las puertas retumba en los pasillos de las nubes. Se puede escuchar un terrible transito en ellas, ¿escuchas?
Ya rompieron en llanto, no se aguantan mucho.
Tocalas. Son más frías que las gotas que caen cuando el sol nos mira. Es mucho más doloroso para los astros llorar con los ojos cerrados. Porque ya no ven el objeto de su cariño. Y el ruido de los pasillos nublados, les hace pensar la peor de las catástrofes, que algo pasa acá abajo. Pero no pasa nada. Solo que como no ven, no saben.
Te das cuenta, las tormentas no tienen nada de racional. Todo eso pasó antes de la primera gota.
Son lagrimas tan especiales que derriten la tierra, solo la tierra es tan sensible al llanto del cielo. A nosotros no nos hace nada, solo nos moja. Llora por nosotros, por eso no nos lastima.
Cerra los ojos y sentí conmigo este momento. Está más oscuro, y el silbido del viento trae frío, la lluvia llena de humedad el alma, podes oler como la tierra se derrite.
Ya se que te mojas. Yo también. Pero espera, cerra de nuevo los ojos y mira.
La vida es igual al día, sale el sol con toda su fuerza, nadie lo para, nada lo frena, su voluntad se impone a todo y a todos. Pero de desde donde sale el sol, su madriguera debajo de la tierra, también sale el mismo viento, casi como persiguiéndolo. Y con él su sequito de nubes.
Nunca le cierran el paso al sol, pero ponen una espesa cortina delante de el. De esta manera, la vida, que es un regalo hermoso, a veces se tiñe de colores oscuros, traídos por vientos de circunstancias. Sin embargo toda situación también es como el día, el cual tiene dos horizontes, en el que nace y en el que muere.
Nada quiebra la voluntad del sol, el sigue andando, incluso detrás de las espesas cortinas que hacen llorar a los astros. Por eso le gana a las tormentas, porque el viento no puede juntar a las nubes por siempre, no puede retenerlas a todas. Y solas se van por la otra puerta, por el lado opuesto al que llegaron.
Si, ya se. Las tormentas no tienen nada de racional.
Vos anda, no te sigas mojando. Esta tormenta es mía.
Anda, yo me quedo a esperar el sol mientras la tierra a mi lado se derrite.
Eso si, después, cuando se seque la tierra, quiero que me acompañes a caminar.
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