sábado, 22 de mayo de 2010

El Espíritu de la introspección

“…Meditad bien sobre vuestros caminos.”
Hageo 1:5

Generalmente cuando me cuesto, medito en el día que tuve. Es raro que no tenga cosas para reprocharme. Pienso en lo que hago, en lo que no hice, en lo que pude haber hecho, en lo que no tendría que haber hecho, siempre algo de más o algo de menos, sabor a disconformidad con uno mismo.
A veces no solo es eso, es también saber que los demás esperaban algo de mi y no lo recibieron, esas ocasiones en las que puedo reconocer en ojos hambrientos. Ahí se que estoy en deuda. Pero no me pasa con todo el mundo. Solo con mi gente, la del circulo primario.
Cuando llega la hora de estar al refugio de las estrellas bajo las sabanas, ese preciso momento en el que el tiempo parece detenerse para vernos descansar, la introspectiva invade mi mente.
Es cuando descubro que lo que hice tiene consecuencias, buenas y malas, afecto a otros, me fueron redituables o no. No hay nada sobre este suelo que no deje marcas, hasta el viento que no vemos, cuando deambula apasionadamente deja algún que otro vestigio de su paso.
Con todo esto, creo que de nada me sirve pensar en lo que hice, si antes no pienso en lo que voy a hacer.
La forma, a mi entender, no es preocuparse por lo que paso, si no por lo que puedo hacer, lo que me queda.
Siempre voy a hacer cosas mal, hasta cuando tengo las mejores intenciones. No todo sale o se puede hacer como uno espera.
Pensar en si hice lo correcto a veces se puede reducir a tratar bien a las personas que uno ama, ser agradecido con los amigos, ser responsable con cada menester que la vida presenta.
Lo de atrás no lo puedo resolver, ahora estoy ocupado resolviendo el presente, pero el porvenir me promete nuevas oportunidades, junto a quienes me rodean.
El pasado y su contenido es mi punto de partida, desde aquí, el presente, el horizonte luce grande y amenazador, todo lo que tengo por delante es horizonte, como no tenerle temor a algo tan grande, pero mi camino me lleva a el y se pierde donde el cielo se acuesta sobre la tierra.
Pienso en lo que tengo que hacer para llegar al final de mi camino. Quiero llevar a los que están conmigo a ese lugar y que vean lo que mis ojos, cuando el cielo se recueste en la tierra, el sol arrastre mis temores con su luz y se marchiten mis incertidumbres.
Es el Espíritu de la introspección, que hurga en el pasado, acomoda el presente y acerca el futuro.

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