miércoles, 26 de mayo de 2010

Labor del amor

El amor es como la porcelana. A ciencia cierta, pocos son los que conocen su proceso de fabricación, pero todos sabemos como hay que hacer para que se rompa. Basta con dejarlo caer de muestras manos para que una obra de arte se convierta en pedazos de algo que ya no es.
El amor es fruto de dos manos laboriosas, dispuestas a trabajar mucho para darle la forma correcta, la que quieren, la que anhelan a esa pieza de arte que va a adornar el resto de sus vidas.
Que lindo es ver a dos personas ponerse de acuerdo para trabajar en sus vidas, modelándose la una a la otra sin tratar de cambiar quien es en esencia.
La elección de involucrarse en un proyecto de vida para engendrar vida. Eso es una elección de amor.
Más que un acuerdo, más que la tolerancia, más que la aceptación, más que uno mismo.
Si decimos que el amor es una elección, solo vemos la mitad de la verdad.
Claro que es una elección, después de vivir, la más importante.
Pero no hay que dejar afuera del caso a la vida, al destino, al cielo; lo que interfiere en nuestro camino para introducir en él a una persona espacial. Siempre hay algo o alguien que oficia de anfitrión, o algo parecido, que propicia el descubrimiento del corazón.
Los poetas escriben de él, los músicos ejecutan canciones en su nombre, y nosotros inspirados por ellos seguimos la corriente de nuestros sentimientos.
Más que un encuentro, en un momento, entendemos que estamos dispuestos a poner a caminar nuestra alma al lado de otra hasta el ocaso de los espíritus.
El amor esta lleno de discos y libros viejos, de eso están empedrados los puentes de corazón a corazón, de recuerdo tan vivos, de sensaciones permanentes.
Cuando el verdadero amor traspone los atrios de nuestra vida, no existe otro protagonista, ¿Qué es el miedo? ¿Qué son las dudas? ¿Qué es la soledad? ¿Qué es el olvido? ¿Qué es la muerte? Es parte del pasado.
No existe un antes y un después del amor; es un antes de amor, y un presente continuo, es un trabajo continuo, una obra de arte en constante perfeccionamiento, eso es.
A lo largo de la vida se pueden encontrar diferentes personas que se quieren asociar a nosotros en esa labor, pero son las fuerzas de la naturaleza, de la naturaleza de cada quien, las que unen o separan las manos que trabajan en la porcelana.
Contradecir la fuerza de la naturaleza interna es corromperse a uno mismo, porque el amor no pervierte nuestra esencia, la depura, la hace más dulce a los labios, a los oídos y a los ojos de quien nos ama.
Labor del amor es quitarnos el miedo a la muerte, a compartir la vida con alguien, a ver con los ojos de otro, a dejar el orgullo en un cajón, a callar ante el enojo, a brindarse al otro sin condiciones.

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