lunes, 24 de mayo de 2010

Quien reza y después besa

“Besos y rezos”.
Besos y rezos, La Portuaria.

Los que caminamos esta tierra, no todos, no todos aún, conocemos los caminos de los besos y rezos.
La vida del enamorado se basa en ilusiones, sostenidas por sus rezos al cielo para que le conceda la dicha y la fortuna de besar a la persona que protagoniza su sueño.
El enamorado se alimenta de ilusiones, y cada una de ellas es un ladrillo de su castillo en las nubes. Por eso el enamorado tiene que aprender a amar para no morir en un caldo de sueños rotos.
Las ilusiones del enamorado son como las alas de Icaro, que cuando se van acercando al calor de la realidad, su cera de derrite, sus plumas se despegan y cae al mar, en su intento de llegar al paraíso. Para nosotros no es el capricho de ningún dios, no se puede volar con alas de pegadas con cera.
De la hazaña del primer beso, nadie se olvida. El paso del tiempo lo desluce o exalta los detalles, sensaciones que, en aquel momento, fueron nuevas. También nuevos los riesgos de la nueva experiencia.
Se dibuja en nosotros un nuevo horizonte, el de otro ser.
Podríamos nombrar miles de texturas y gustos. La suavidad y la fuerza en un solo impulso, en un solo instante. Esa conjugación pasa a ser perenne en la memoria.
Nadie puede jactarse de enseñar a besar, y nadie olvida como hacerlo.
No es un dejavú, nada se repite. El primero de muchos y de varios, aunque los labios pierdan su nombre con los años, el primero y el último no se olvidan.
La efusividad de éstos nada tiene que ver con una llegada o una despedida.
Algunos conducen al cielo, al mismísimo regazo de Dios. Otros nos conducen a las puertas de algún penoso camino, pero hipnotizados seguimos besando y caminando por el.
Vive quien besa, y muere quien por un beso se pierde de vivir.
Los más tristes, no son los del adiós, sino los de consuelo. Aquel placebo, de labios sin rostro, y el momento de engañarse a uno mismo.
El primer beso y el último parecieran ser en esencia el mismo, ambos no quieren terminar, quieren vivir por siempre. Esto sucede cuando encontramos a alguien para hablar, conocer, para querer; y es ahí cuando el corazón se anima a hablar con los labios.
Estar enamorado no es sinónimo de amar. El enamorado se deja dominar solamente de ilusiones y pretextos. El que ama, no se ilusiona, porque vive el amor.
La búsqueda del la vida no es enamorarse. Sino amar.
Quien reza y después besa no ha perdido esperanzas de amar.

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