jueves, 1 de julio de 2010

Interrupciones nocturnas (Parte II)

A los pocos minutos de apoyar la cabeza en la almohada me dormí.
No me interesó que se quedara en el comedor tomando té o mirando tele, estaba muy cansado como para preocuparme por eso.
En lo mejor del sueño, me sacudieron el hombro.
- Flaco, no rompas más los pies. Te dije que estoy cansado. Andate a lo de la vecina querés.
Pensé que era el angelucho enamorado que quería seguir hablando.
- Tenemos que hablar. Es importante.
Contestó otra voz más grave. Abrí los ojos de repente, la luz me segó y me incorporé en la cama. Había una persona parada al lado de mi cama, cruzada de brazos mirándome fijo.
- Dejame adivinar, - dije medio dormido- sos un ángel ¿no?
- Sí.
- Ustedes ¿no descansan? Se dedican a molestar gente de noche o qué.
- Te pido disculpas, sé que es tarde…
- No. No es tarde, este horario no existe, es hora de dormir. No de meterse en la casa de alguien, aunque sea para saludar. – Interrumpí.-
- Lo sé. Es importante que hablemos sobre la visita que tuviste hace una hora.
- ¿La del ángel de la vecina? ¿Vos sos el papá del flaco o algo de eso?
- Soy el supervisor de área.
Todo estaba cambiando de color. Éste tipo era el superior del otro, todo tenía un tono más formal, más serio.
- No lo van a despedir ¿no? Es un pobre pibe, está medio confundido pero nada más, no creo que le haga mal a nadie. No tiene cara de malo. Lo único por lo que me preocuparía es por que cuide bien a la vecina, paro nada más. Si el pibe anda distraído con otra cosa es un problema.
- Por eso no te preocupes. Para atender estos menesteres estoy yo. Quiero saber qué te dijo, de qué hablaron, a eso vine.
Pedía mucho para la hora y para el sueño que tenía.
- En pocas palabras, está enamorado, o no sabe, pero sí le gusta la amiga de su protegida. Y vino a pedir consejo, porque no sabe qué hacer. Eso.
- ¿Y qué le dijiste?
- Que la conociera, que se tomara tiempo.
- Nada de eso está en el reglamento.
- Y a mí que. Digo, ¿Por qué vino acá y no fue con alguno de los suyos? Eso suena más razonable. A parte no tengo idea de que reglamento me hablas.
- Nuestro reglamento nos prohíbe fraternizar…
- Entonces son todos…- interrumpí.-
- Nada de eso – continuo- no podemos distraernos de nuestras tareas. Estamos a cargo de cuidar la vida de otra persona. Eso sería una distracción, un gran error. Por eso tendría que haber recurrido a mí y no a vos.
- Todo muy lindo, pero tengo que dormir. Así que te pido por favor que te las tomes. Ya escuchaste lo que querías, listo.
- ¿Siempre sos así?
- Así ¿Cómo?
- De mal educado
- No, sólo cuando viene gente a molestar mientras duermo.
Hubo silencio. Como si pasara un ángel. Valga la redundancia.
- Che, no lo echen, dice que está enamorado. Eso no es pecado. Aunque se porte como un gil, tiene cara de bueno.
Terminé de hablar, él se dio vuelta y desapareció.
Que bueno, pensé, ya se fue. Me acosté, me di vuelta para la pared y me quedé pensando. ¿Por qué lo defendía? Sí la tontería de los enamorados es indefendible.

miércoles, 30 de junio de 2010

No más fantasmas

La luz amarillenta del otro lado de la barra iluminaba a duras penas el triste bar. Mesas y sillas de madera gastadas por el tiempo, paredes despintadas y un piso que crujía cuando se lo pisaba eran toda la decoración.
Afuera la luna brillaba, a simple vista afuera estaba más acogedor que adentro.
Jorge ya estaba sentado en el lugar de siempre, con un vaso de lo de siempre. Miraba por la ventana el empedrado de la calle y los charquitos que había dejado la lluvia de esa tarde.
- Que cara larga mi amigo. – Dijo Ramiro que había entrado sin ser visto.
- Hola. – Respondió sin mucho ánimo.-
Ramiro miró al tipo de la barra, espero a que le devolviera la mirada y le pidió lo de siempre.
Se conocían hacía mucho. Prácticamente eran amigos desde la fundación del bar.
- ¿Qué te anda pasando? Es viernes, el último día de la semana, la última madrugada de trabajo.
- Sí, ya sé. Pero, justamente es eso lo que me tiene mal. Hoy no quiero ir a trabajar. No quiero trabajar más ahí.
- ¿Por qué? ¿ya no tenés ganas de asustar a nadie?
- En realidad sí. Pero en particular la casa donde estoy trabajando es la más complicada en la que trabajé.
- Bueno, a mi no me tocó una sencilla tampoco. Pero hago lo mejor que puedo.
- Pero es distinto. Vos trabajas con una viejita, que perdió a toda su familia. Más vale que se va a asustar, si vive sola. Estoy con una chica del interior que vive acá en San Telmo. Estudia y trabaja, llega cansada y se pone a chatear con la computadora hasta muy tarde. Por más que hago ruidos, no se asusta. Muevo cosas de lugar, y nada. Hago voces que retumben en los pasillos de ese edificio viejo. Nada la mueve de la pantalla. Es más a veces es ella la que me asusta a mí con carcajadas, gritos o bostezos fuertes.
- ¿Y ella no vive sola también?
- Sí. Esta todo el día afuera de la casa, trabajando y estudiando. Llega tarde y se va temprano, no tiene tiempo. Duerme poco y profundo.
- Ah, veo. Los tiempos cambian. Nada es lo que era. Incluso para nuestro oficio. A estas alturas asusta más cualquier noticiero antes que nosotros.
- Me siento mal. Estoy muy desanimado con todo esto. La única que me queda es esperar a que se mude, que todo vuelva a ser lo que era antes. La tranquilidad de un departamento vacio. Haciendo ruidos en el pasillo para molestar a los vecinos.
Y se echó a reír solo, como quien se acuerda de sus maldades.
- No sé qué decirte. – Sorbió un trago de ginebra- Nadie nos enseñó el oficio, es lógico que no nos ayuden en estos casos.
- Muy cierto. No hay nada que hacerle.- también tomo un trago.-
Los dos tipos tomaban callados, mirando por la ventana. Esperando la hora de ir a trabajar.
El bar estaba despejado. Ellos dos, el barman y un tipo más sentado en un rincón.
Cada tanto pasaba algún que otro taxi por la calle. La luna se había cambiado de techo y los miraba desde otro ángulo.
- Ya nadie cree en nosotros. Están ocupados con sus cosas que no tienen tiempo para mirar para otro lado o están tan preocupados por lo que ven en la tele que lo que menos piensan en fantasmas.
- Ahora vivimos en los cuentos – se rió- y en los comentarios de las abuelas que mandan a los nietitos a dormir la siesta.
- Bueno me voy antes que la ginebra me haga dormir la siesta acá. Me voy, suerte con tu viejita.
- Igualmente, suerte a vos con la piba esa.
Se levantó, fue a la barra pagó y salió.
Jorge caminaba con los pies pesados, sin ganas de llegar. No era para menos, todos sus esfuerzos para hacerse notar y poder asustar eran en vano. El mundo ya no tenía lugar para los fantasmas.

Interrupciones nocturnas (Parte I)

Estaba en el ascensor esperando llegar al departamento. Volvía de la facultad con ganas de comer algo y acostarme.
Entré a casa y prendí la luz. Había alguien sentado a la mesa, eso me sobresaltó.
- ¿Quién sos y qué haces acá? – Le dije en voz alta.-
- Tranquilo, tranquilo; vine porque necesito tu ayuda. –Contestó sereno sin moverse.-
Eso me descolocó. No sabía quién era y encima quería que lo ayudara.
- Flaco, ¿Quién sos primero y que queres?
No tenía idea de cómo había entrado a mi casa. Si venía a robar o que, o estaba drogado o algo. Que se yo, se me pasaron mil cosas por la cabeza en ese momento.
- Yo soy el ángel de la guarda de tu vecina, la chica del final del pasillo. – Dijo tranquilo-
Tremendo disparate. Tenía que estar drogado seguramente pensé.
- Ah, bueno, te confundiste de departamento. – Interrumpí- Si te dejaron afuera, ahora le decimos que te haga entrar. No te preocupes.
Esto para chiste ya era demasiado, yo con hambre y sueño, y un desconocido posiblemente drogado, haciéndose pasar por ángel de la guarda. Fui a la cocina a poner la pava para tomar una sopa instantánea.
Por extraño que pareciera, no tenía cara de malo ni de violento. Eso me dejaba tranquilo, así seguí haciendo mis cosas.
- No, no me entendés. Vine para pedirte un consejo.
- Mira, si es sobre cuestiones del edificio, habla con el encargado. – volví a interrumpir. – es tarde che, te doy mi mail y me escribís, ¿dale? Y lo resolvemos mañana.
Sumado a mi poca paciencia habitual, lidiaba este tipo. Yo seguía en la cocina preparándome la sopa.
- ¿No me haces un té, por favor? – Dijo el auto invitado-
- Flaco, esto no es un bar. Y ni siquiera sos mi propio ángel de la guarda, así que menos pretensiones y decime porque viniste.
Ya me estaba molestando, pero le hice el té igual.
Llevé las dos tazas a la mesa y me senté.
- Me atrae una chica. – Dijo tímidamente, con vergüenza.-
- Mira vos. – Lo único que me faltaba, pensé.- ¿Tu protegida?
- Una amiga. Clara. Desde que se empezaron a juntar para estudiar no pude dejar de mirarla y mirarla. Es hermosa.
La cosa no podía estar más rara. Un tipo entraba a casa sin permiso, decía ser un ángel, y venia a pedir consejos para el corazón. Definitivamente no era mi noche.
- ¿Y yo que tengo qué ver con todo esto? ¿Qué queres que te diga? Conocela, tomate tú tiempo. Y después fijate que haces. –Hice una pausa- Che, a todo esto, ¿Ustedes los ángeles se pueden enamorar? ¿Se enamoran igual que nosotros? O qué onda.
- No podemos enamorarnos igual que ustedes. Directamente no podemos enamorarnos.
- ¿Cómo es, no pueden o no deben? Si no pueden, no te hagas drama. Ya se te va a pasar. Y si no deben, mi amigo, estas en un problema. ¿Te pueden despedir o algo así?
- Despedirme no, pero me pueden pasar a otra tarea. Más compleja y peligrosa.
- Veo que lo que haces ahora te deja mucho tiempo libre. Pensalo, en una de esas. - Me reí solo.-
Tenía cara de preocupado. Me dio algo de lastima. Porque todos nos enamoramos alguna vez, pero en este caso era distinto. Y para ser sincero no tenía ni la más pálida idea de que decirle.
De enamorados sé poco, pero de ángeles menos.
- ¿Cómo se si estoy enamorado o sólo me gusta? ¿no sé si la amo?
- Bueno macho, anda despacio. No te comas el coco. ¿Hace cuánto qué la conoces?
- Una semana.
- Eso no es nada. No embromes. Chicas lindas hay en todos lados, si te vas a andar enamorando de todas las chicas lindas que ves, sos un ángel poco serio. Che, cambiando de tema, si vos estas acá ¿Quién cuida a la vecina?
- Tu ángel de la guardia. Hicimos un cambio solo por hoy.
- Ah, ¿yo tengo uno? Nunca me di cuenta. Se ve que muy bien no laburan ustedes. ¿y por qué no le pediste consejo a él en vez de moléstame a mí?
- Porque es un mujeriego.
- Con más razón, él sabe más.
- Es un tipo poco serio, como vos decís.
En ese momento, me di cuenta más que nunca, que estaba a la buena de Dios, con el ángel que me había tocado a mí.
- Disculpame que te lo diga así, pero para ser ángel o algo así te falta data. Yo pensaba que la tenían más clara con estas cosas ustedes.
No contestó. Estaba con la cabeza gacha mirando la taza que sostenía con la mano izquierda.
La hora invitaba a dormir. No quería ser descortés, pero tenía cosas que hacer al otro día. Había terminado mi sopa y ya estaba en pantuflas.
- Mira, lo único que te puedo decir es que te tomes tu tiempo para conocerla y después si se da se da. ¿Sí? Me voy a dormir. Si te quedas mirando tele que sea sin volumen.
Me fui a la cama. No escuche la puerta ni la tele.
Pobre pibe. Pero ¿quién te dice que hacer cuando te enamoras?

domingo, 27 de junio de 2010

Emoción violenta

Eran las siete y media cuando Gustavo llegó a la estación de Retiro. Ya había sol y no estaba muy fresco.
Fue directamente a sentarse entre las plataformas veinticuatro y treinta y cinco. Había ido a buscar a sus amigos que venían de Trenque lauquen.
El colectivo llego con retraso. Los saludó con un abrazo a cada uno. Agarraron los bolsos y se fueron a buscar un taxi. Terminaron tomando dos, porque ellos y los bolsos no entraban en el mismo.
Gustavo vivía en Recoleta, su familia le había comprado un departamento en ese barrio cuando se vino a estudiar a la capital. Siendo hijo único todo era para él.
Javi, Justo y Quique venían por la recibida de Pol. Ellos cinco eran amigos de toda la vida, desde al jardín de infantes hasta el CBC, en algunas materias claro.
Justo, era el habilidoso del grupo. Todo lo que fuera destreza física, el lo conseguía. Flaco, pelo castaño claro y ojos verdes. Con esa facha se suponía que tenía que ser un ganador con las mujeres, sin embargo era tímido. Había estudiado para contador, y cuando se recibió se volvió a Trenque lauquen a trabajar en el estudio de padre, que también era contador.
Javi, era abogado. El serio del grupo, el más calmo. Todos lo admiraban por la paciencia con la que llevaba la vida. Aplicado al estudio. Siempre discreto, ubicado y racional. Morrudo y poseedor de una voz grave que seducía al público femenino. Eso era lo que él decía. Terminó la carrera, trabajo un año en un estudio de la capital, pero se cansó y se volvió a trabajar con su tío, abogado también.
A Miguel le decían Quique, por el papá. Era igual, los gestos, el tono de voz, hasta la forma de caminar, casi como un clon. De chico siempre decía que, un veterinario se llenaba de plata. De grande estudió eso, y no se equivocó. Petiso sin complejos, siempre estaba de buen humor, le gustaba hacer reír a la gente.
Como todo grupo, éste, no era la excepción. El fachero del quinteto era Pol.se llamaba Agustín, pero le decían Pol por polaco. Rubio de ojos azules, delgado y con buen gusto para vestirse. Se recibía de arquitecto. Era el último del grupo en recibirse. Tardó más, no porque le faltara inteligencia, sino porque le gustaba joda. El primer año que se había mudado a capital salió de lunes a lunes.
Gustavo se había recibido analista de sistemas. Era el cerebro del grupo. Sobrenombre que le pusieron en el secundario. Estaba en todos los detalles. No era el más lindo pero se las rebuscaba para estar bien acompañado. Había conseguido trabajo en una empresa multinacional, tenía un puesto importante, y un buen pasar.
Cuando llegaron a la casa, dejaron los bolsos y se recostaron donde pudieron. La noche anterior habían salido y viajaron sin dormir.
Antes que se durmieran, el dueño de casa les pregunto por Pupo, el hermano menor de Pol. Que era como uno más del grupo, se había criado con ellos prácticamente. Le decían así porque de chiquito, era muy flaco y el pupo se le salía para afuera. Aunque la mamá le había puesto Tomas, todos lo conocían por ese apodo.
Le dijeron que Pupo venía en auto, porque a la mañana tenia cosas que hacer. Que llagaba para la hora de la fiesta.
Durmieron un rato y cerca del medio día se levantaron, pasaron por el supermercado a comprar cosas para el evento y se fueron derecho a la puerta de la facultad.
Tenían todo lo necesario, quedaba sentarse a esperar.
Pasaron casi dos horas hasta que vieron salir a Pol. Sin pensarlo dos veces se le abalanzaron con harina, huevos, yerba, aceite, vinagre, típico de una recibida. Ensuciando bien al agasajado.
En ese momento, Gustavo llamó a Pupo para que saludara a su hermano. Después del tercer intento fallido desistió. Pensó que como estaba manejando no podía atender.
Cuando todo se tranquilizó, levantaron a su amigo todo sucio y medio desnudo y se fueron a tomar unas cervezas.
En la mesa todo era alegría. Contar anécdotas, chistes, reírse de los comentarios de Quique.
Cuando terminaron de tomar, pasadas las seis de la tarde, se fueron a preparar para la fiesta de la noche. Gustavo había reservado lugar en un bar irlandés en la calle Reconquista. En ese lugar todos ellos habían festejado sus recibidas.
Por fin llegó la noche. Los cinco fantásticos ya estaban en el bar. El protagonista de la fiesta había invitado a mucha gente, amigos de Trenque Lauquen, de Buenos Aires, de la facultad, del sus noches de fiesta, en fin, amigos de la vida. La mayoría eran mujeres, duplicaban la cantidad de hombres.
Gente charlando por todos lados, a nadie le faltaba su vaso. Pol saludaba a todos, se tomaba un ratito para conversar con cada grupo.
La noche recién estaba comenzando, entre vasos brillantes como el oro, y humo de la risa.
El celular de Pol no paraba de sonar, pero la recepción era muy mala y no podía contestar.
En el medio de la fiesta, sonó el celular de Gustavo. La primera vez no pudo atender. Así que salió del lugar para devolver la llamada que era del celular de la mamá de Pol. Como su amigo no tenía buena señal, pensó que la madre lo llamaba a él para hablar con su hijo.
La llamó. Tardó en contestar y cuando lo hizo la voz de esa mujer no sonaba nada bien. Se la notaba nerviosa, entre cortada por el llanto.
Quedó desconcertado. Habló con ella apenas unos pocos minutos, en los que la cara le cambio por completo. Pupo había tenido un accidente con el auto esa misma tarde, mientras su hermano terminaba de rendir el último final. Un choque frontal con un camión.
De la alegría y la fiesta, pasó a un estado de incertidumbre y tristeza. Una emoción violenta invadió su ser. La muerte.
Se sintió terrible. Una angustia le estrujaba el pecho. Se agachó para recuperar el aire, mientras sus ojos no paraban de escupir lágrimas.
Javi lo vio por la ventana y fue a ver que le pasaba. Se agachó al lado de Gustavo mientras escuchaba la mala noticia. Javi se quedó pálido y tieso.
Se pararon, y sin mirarse para no seguir llorando, se dispusieron a entrar para avisarle a Pol.
Que falta de respeto, la muerte se invitó sola a la fiesta.

jueves, 24 de junio de 2010

Cuestión de puntería

Es de público conocimiento que, durante el invierno, el Ministerio de los enamorados es cuando más trabaja.
Está a cargo de una comisión de entendidos a cerca de cuestiones del corazón, que precisamente no son médicos cardiólogos.
Durante esta parte del año los aspirantes a Cupido terminan su entrenamiento y se convierten en novatos. Obviamente que los hacen practicar con flechas de utilería hasta que perfeccionan su puntería. Si alguno llega a reprobar el examen de puntería, es pasado a tareas administrativas.
La mala puntería ha sido, desde siempre, el principal motivo de queja contra este Ministerio. Es por eso que hace algunos años se hace mucho hincapié en esto para mejorar el prestigio de la institución.
Pero a pesar de todos los esfuerzos realizados, siempre se termina perdiendo alguna flecha que no llega a destino. A veces es difícil tirar con viento en contra, esa es la justificación más habitual de los famosos arqueros.
Mientras afuera del edificio, el viento y el frio corren a la gente de las calles. En los pasillos de este Organismo, el personal administrativo va y viene a toda prisa, llevando y trayendo papeles, formas y formularios que necesitan firmas y sellos. Documentos que deben ser revisados, legajos que necesitan revisión, y menesteres de esa índole. Un arduo trabajo para preparar todo a tiempo. Lo que sucede en la mayoría de los ministerios públicos.
Se asigna el personal nuevo, se le dan tareas específicas a cada uno. La tarea más importante que se lleva a cabo es la de seleccionar a los candidatos. Aquellos que están predispuestos a enamorarse. Los que no son inmunes a las flechas. No está demás decir que no se enamora quien no quiere hacerlo. La saeta es una ayuda importante, pero no lo es todo.
Por ese motivo hay que ser muy cuidadoso a la hora de elegir los perfiles de las personas. Eso representa todo un trabajo de logística y análisis.
Prestemos atención a las siguientes personas: Esteban, veintiséis años, está en el último año de ingeniería. Vive con sus padres, Amanda y Emilio, en una casa en el barrio de Flores. Tiene dos hermanas menores, Natalia y Noelia. Es hincha de Vélez. Toca la batería en una banda con compañeros del secundario que se juntan cada tanto.
Está cansado de estar de fiesta en fiesta, está cansado de estar solo. Económicamente es independiente, pero no se va de la casa porque no le gusta vivir solo.
Fátima, veinticuatro años. Es maestra jardinera. Vive con su hermana Andrea en el barrio de Caballito. Es del interior, de Gral. Pico, La Pampa; donde todavía viven sus padres, Norma y Juan. No mira futbol, pero le gusta Vélez por los colores de la camiseta. Estudió canto cuando era chica, ahora solo canta en la ducha.
Si bien su relación con Andrea es excelente, su hermana se está por casar y se va a ir a vivir con su novio. De a poco la soledad se le está colando en los desayunos.
Estos dos perfiles están en la misma carpeta, lista para ser firmada y probada por la comisión general de flechazos autorizados.
Esa sería la primera fase, la segunda es la que requiera más dedicación. La parte más difícil no es acertar en el blanco, el pecho. Si así fuera, estos arqueros gorditos y con alas tendrían poco trabajo.
Antes del disparo, antes de la primavera, cuando todavía los árboles no tiene follaje. Esteban y Fátima tienen que verse por primera vez.
Para esto existe un manual lleno de excusas y estrategias para acercar desconocidos. Mientras la mayoría hace responsable al destino por sus coincidencias, aquí se sabe como se van a conocer las personas, en algún lado ya estaba escrito.
Porque por más que se disparen mil flechas a estos corazones, dos personas que nunca se vieron, no podrían enamorarse jamás.
Si esta fase se logra con éxito, solo es cuestión de puntería.

martes, 22 de junio de 2010

Realidad y sueño

Terminó de cargar combustible y se metió en el auto. No era un cero kilometro, pero estaba en buen estado, se lo había comprado a un viejito que lo usaba poco. Estaba casi nuevo.
Era el segundo día de viaje. Habían parado en Tandil a pasar la noche. Las primeras luces de la mañana le regalaron una hermosa postal de las sierras que se vestían tímidamente de sol.
Lo puso en marcha para hacer andar la calefacción, mientras esperaba que ella volviera de llenar el termo para el mate.
Movió el auto porque el playero le había hecho una seña. Ella vio desde adentro de la estación que el corría el auto y se apuró. Terminó de pagar unas galletitas y salió.
Llego al auto con la cara y las manos frías. Se miraron, no hizo falta hablar, puso primera y salieron con el sol de costado.
La conoció en la costa, en unas vacaciones familiares hacía unos tres años. A los pocos meses de conocerse decidieron que no querían vivir lejos, y se fueron a vivir juntos. Su historia era distinta por los detalles, por ellos mismos.
El asfalto se deslizaba velozmente por abajo del coche. La claridad ya era luz, pero nadie le había avisado al calor para que comenzara a trabajar.
Las lomadas verdes parecían moverse en cámara lenta del otro lado de la ventanilla. Las curvas se escurrían por el espejo retrovisor.
Con mucho pulso, coloco la yerba en el mate y lo cebó. Sabía lo que hacía, su abuela era entrerriana y le había enseñado bien como se preparaba. Después de una curva se lo paso al conductor, que lo agarró sin quitar la vista del camino, que de paso aprovechó para acariciarle la mano.
Estaban yendo a ver a unos tíos de ella que vivían en el sur. Pero se desviaron por Tandil para visitar a un amigo de los dos.
Él le dijo que buscara en la guantera unos cds, porque entre mates y bizcochitos no se charlaba mucho. Gracias a Dios, tenían gustos parecidos, pero tenían de todo, Sabina, Calamaro, Fito, Drexler, los Cadillacs, los Redondos, los piojos, la Portuaria, Divididos, Sumo, las Pelotas, los Cafres, Dancing Mood, y otro cds que no tenían nombre. Eso en castellano. Y en ingles, también había un poco, pero en mp3, ahí había desde AC DC hasta Coldplay. A ninguno de los dos les gustaban los intérpretes brasileros. Era cuestión de piel, casi rayando en lo futbolístico.
Ella eligió Depende, de Jarabe de Palo, y lo puso bajito para poder charlar. Ese lo traía en la mochila, como si estuviera esperando el momento para ponerlo.
No era un gran humorista, pero la hacía reír. Ella tenía siempre una sonrisa.
Dio la casualidad que para el track cinco, la calma invadió el vehículo, esos momentos lindos que hasta la música acompaña, la sensación de estar unido al entorno en todo sentido.
Sin despegar la vista del frente, le paso el mate a su copiloto, ella le alcanzó un bizcochito y se cebó uno.
Para él ese instante con la canción de fondo, el paisaje y su compañera al lado fue revelador. De todas las veces que había comparado a la vida con un viaje, esta era la más real.
Esa frase se hacia realidad en su vida, ya dejaba de ser una mera comparación de dos cosas que, si uno se pone a pensar mucho no tienen nada que ver, pero si uno se pone a pensar más, son idénticas. La vida es un viaje.
Quería que ese paréntesis en el tiempo durara para siempre, en la privacidad de su auto, con la compañía ideal, el paisaje que le daba de comer a sus ojos, y avanzando sobre la costura de la ruta. Miró a su derecha y la vio como nunca antes, ella seguía recibiendo la luz del sol de costado, pero ya sin tanta intensidad, lo necesario para que su ropa brillara con un cálido dorado.
La miró menos de un segundo y supo que la quería como compañera de ruta para toda la vida.
Su sueño y su realidad eran casi lo mismo, no había mucha diferencia. Solo una, el auto tendría que ser nuevo.

lunes, 21 de junio de 2010

Soledad confirmada

Se fue antes que ella despertara. No la saludo. La casa era pequeña, pero la convivencia no la hacía acogedora en lo más mínimo.
El lado izquierdo de la cama ya estaba frío. Cuando ella deslizó su brazo buscando compañía, no encontró nada, eso era normal en el último mes.
Por fin se levantó. Algo no estaba bien, lo podía percibir, pero no sabía que era.
Permaneció unos instantes frente al espejo del baño. Entre el temor y la ansiedad de saber que pasaba, sus ojos miraban su reflejo esperando que este le dijera algo.
Caminó despacio y pensativa hasta la cocina. Todo estaba igual a como lo habían dejado la noche anterior. Solo faltaba él en la silla de la cabecera, y sobraba un pliego de papel sobre la mesa. No era una carta, porque las cartas vienen en sobre, pensó.
Primero puso a calentar agua, limpió la yerba que le había quedado al mate, puso yerba nueva y cebó el primero. Ya para el tercero o el cuarto tuvo el valor de agarrar el papel.
Efectivamente era una carta. No era muy larga. Extendió el papel, lo alisó, se cebó otro mate y se puso a leer, decía cosas que ya le había escuchado decir, cosas que no las había entendido hasta esta ausencia.
La carta decía algo así: “vos solo buscas un refugio en las cosas físicas, como si los besos y los abrazos fueran el combustible para el amor, cuando en realidad es una construcción del espíritu”… “estoy cansado de los abrazos vacios, esos que no engañan a la soledad de dos personas acompañadas”… “los antojos y los caprichos confunden el verdadero querer”…
Terminaba diciendo: “No escribo para hacer daño, no es esta mi intención, no se puede escribir desde el odio o de cualquier sentimiento escuro; no me falta valor para decírtelo en la cara, solo que cuando uno está enojado, nada bueno puede decir. Por eso escribí poco, no me detengo en lo malo, solo lo menciono, porque lo tenes que saber. Me voy porque la desilusión me ganó todas las mañanas.”
Pensó en llorar, pero no servía de nada, porque nadie la veía. Siguió tomando mate, ya estaba lavado, pero se había acostumbrado a tomarlo así. No le salía de otra forma.
Fue un momento claro de confusión. Todo era caos, pero a la vez ese caos le despejaba la vista, ahora veía lo que tenía por delante.
Esos primeros segundos de soledad confirmada, vuelve a los proyectos unipersonales, a encarar la vida sin consultar a nadie o sin preocuparse por nadie.
Su orgullo no le permitía aceptar que la habían dejado. Porque seguramente los demás pensarían que había sido su culpa.
Los más íntimos sabían que no había amor ahí, se habían acostumbrado a estar acompañados, los proyectos en común eran demasiado buenos como para dejarlos así nomás.
No todo era incertidumbre, ella no lo amaba, si él se iba seguro estaría más tranquila y menos preocupada por mantener algo que era mentira.
Con todo eso, tenía una duda y una bronca que no le dejaba seguir pensando: ¿Por qué no terminé yo?