viernes, 4 de junio de 2010

Del otro lado del sol, del otro lado de la luna.

De esta historia solo los más antiguos de los astros tienen memoria.
El, distante, ella, girando sobre si misma. Hasta que se vieron por primera vez. De tantas veces de girar y cruzarse, comenzaron a jugar a seducirse, seduciéndose.
Sus luces antagónicas le daban la razón al dicho: “los opuestos se atraen”.
Tanto se buscaron que encontrarse no fue una opción, sino la conclusión de lo que había sido una ilusión, la ilusión de abrazar al otro.
Se conocieron. Se fundieron en su propio crisol bajo su propia llama. Lo mejor y lo peor de ellos se purifico en ese fuego para volcarse en un molde con forma de eternidad, con una porción de la identidad de cada uno.
De la misma manera que nadie supo por que se llegaron, así también se dispersaron. Nadie preguntó.
Ahora, siguen interactuando en el basto vacío que existe entre ellos. Su único vínculo nació en aquella ocasión. Les alcanzo con una sola vez en la eternidad, para vivir eternamente solos.
Su crianza es su nexo. Y testimonio vivo de que alguna vez estuvieron juntos.
Muy distinto de ellos, idéntico en forma, pero no en esencia, el fruto de ambos carece de luz propia, por eso los necesita. A él de día para que sustente con su luz la vida que en el hay; y a élla en sus noche para guiar la marea de los mares y arropar a las criaturas que el alberga.
Desde aquel entonces la luna no tuvo más luz, su vigor de madre lo puso en su crianza. No brilla por si misma, refleja la luz del que alguna vez fuera uno con ella. No lo hace por él, no lo hace para ella, lo hace por que es lo que tiene que hacer.
El sol volvió a su lugar, para nunca más moverse, nunca más jugar como cuando era joven. En su propio centro sin girar mira fijo a lo lejos el destino de su cariño, que cada amanecer acaricia sutilmente, para hacerle sentir que esta presente.
Así todo esta frágilmente equilibrado, la calidez y el cuidado son un deber que poco tiene que ver con el amor para estos dos.
Nunca volvieron a hablarse, nunca volvieron a mirarse. Es hasta hoy, que su actitud de disimulo hace que los astros más jóvenes no crean esta historia.
Los habitantes más antiguos de la nada no juzgan, son solo testigos de la angustia de terceros.
Por eso, cada vez que nace alguna estrella, le cuentan esta historia.
Donde el amor no triunfa, porque los corazones solitarios no saben reconocer ni entender el cariño, y por eso vuelven a estar solos como estuvieron al principio.
Porque es el orgullo de la luz propia lo que ciega para poder amar a otros.
Que la luz propia se pierde cuando se ama a la persona incorrecta.
Y que las consecuencias de nuestras decisiones nos acompañan por siempre.
La historia del otro lado del sol, del otro lado de la luna.

domingo, 30 de mayo de 2010

Los dos inmortales

Después de medio día, después de haber comido, los dos inmortales se sentaron a la sombra de una hilera de pinos.
Vivian en una montaña. En la cara noreste de la misma, eran los primeros en ver la luz de la mañana. Hacia ya centurias que no bajaban al llano. Y habían pasado unos catorce años desde la última persona que los había visitado.
No eran de pelearse estos dos hermanos. El recuerdo que ambos tenían del último pleito, les hizo vivir seis años en silencio. Así y todo, esa no fue la discusión más fuerte entre ellos. En una ocasión estuvieron casi cuarenta años sin dirigirse palabra. Pero ninguno hablaba de aquella situación ni mucho menos tocaba el tema.
Ese día, el viento que acariciaba los árboles de la montaña tenia perfume de discordia.
Sentados ahí, charlaban en el preludio de la siesta, recordaban juntos situaciones y analizaban las acciones de los hombres.
Todo seguía su curso en la charla hasta que una pregunta corroboró los rumores del viento ¿alguna vez amaste a una mujer? Un silencio sereno abrazaba todo el lugar haciendo bailar suavemente las hojas de los árboles.
Unos minutos después el otro contesto: ¿Por qué me preguntas eso? La última vez que preguntaste lo mismo no hablamos por muchos años.
-¿Y por qué me seguís hablando? ¿Acaso no estas enojado por la pregunta ahora también?
- Me molesta que después de tanto silencio vuelvas a preguntar lo mismo. ¿Los años no te han dejado enseñanza alguna? Hemos visto a los hombres tantos siglos ¿y nada te han enseñado sus vidas? Dicen que la sabiduría llega con los años, creo que tal vez estoy al lado del único inmortal que es inmune a la enseñanza del tiempo.
- Por favor no te enojes. No insultes, y no me trates de necio. Solo contesta la pregunta.
- No se que es el amor. Si conocí mujeres, hasta viví con una.
- O sea, que a pesar de estar y vivir con una mujer ¿nunca la amaste?
- No.
- Y después el necio soy yo.
- Ves, por eso no quería contestar.
- Bueno, perdón. No quiero que dejes de hablar otros cuarenta años.
Si bien nosotros tenemos alma y espíritu igual que todos los demás, el precio que pagamos por la inmortalidad no es algo que todos puedan hacerlo.
- Si, es muy cierto eso. Nada se compara con ser inmortal. Cuando veo hacia abajo, y veo a todos los hombres ser gobernados por sus corazones, me doy cuanta que el motor del hombre solo funciona con dos combustibles: el amor y el odio.
Todo lo que sienten y viven es consecuencia del combustible que usan. Alegrías, amarguras; felicidad, tristeza; confianza, desesperanza; paz, ira; todo eso y más sale de sus corazones, eso ilumina o contamina sus días. Pero el resultado de vivir así siempre es el mismo; el hombre que usa el corazón vive una vida miserable.
- Yo no he amado nunca, pero tampoco caminé el camino del odio. Tus palabras están cargadas de eso creo.
- No, nunca transité el camino de los sentimientos. Pero aun hay algo que me llama mas la atención de la vida de los hombres y las mujeres allá abajo.
- ¿Qué es? ¿Qué te puede llamar más la atención del amor? Si nunca lo viviste.
- Hace algunos años, cuando visité el pueblo del pie de la montaña escuche a un hombre decir lo siguiente: “Amo a mi mujer, ni la vida ni la muerte va a apagar el amor que siento por ella. En esta vida y el la otra seguiremos juntos. Porque el amor se impone a la voluntad de los dioses…” Así continuó con sus zalamerías amorosas de una mujer ausente. Pero lo decía tan convencido que me llamo profundamente la atención, y me ha hecho meditar durante algunos años.
- No entiendo. ¿Qué es lo que te hace meditar?
- ¿Si existe el amor después de la muerte? Eso. Llevo miles de días viendo como los hombres juran amor u después rompen su juramento. He visto miles de noches donde se consuma el amor y cuando sale el sol se desvanece como la neblina del invierno. Sin embargo, una minoría de los hombres se muere al lado de su mujer, o su mujer muere primero, y ahí escuche la segunda frase: “no reencontremos cuando muera”.
¿Es eso posible, encontrarse con alguien que ya murió?
Su compañero se quedó inmóvil durante un momento, y luego perdió la vista en el suelo.
- No lo se. Contesto tajante mientras sostenía la cabeza entre sus manos. Y continuó. Todos estos años que llevo en esta tierra, en esta montaña, nunca pensé en el amor, mucho menos en ningún sentimiento
- Yo tampoco, hasta que escuché a ese hombre. Y me fascinó la idea de que algo aparte de nosotros pudiera vencer a la muerte.
- Son dos cosas que nunca experimenté, ni el amor ni la muerte.
- Yo tampoco. ¿Pero no te resulta interesante esto?
- No, la verdad que no. Ni antes ni ahora. Tengo muy en claro y presente el trato que hice con los dioses, que si quería vivir por siempre no debía usar el corazón. No podía amar, ni sentir, ni experimentar nada de emociones. Que si alguna vez permitía a mi corazón odiar o amar la inmortalidad se desvanecería. A cambio ellos me permitirían alcanzar una sabiduría plena y…
- A mi también me dijeron lo mismo. Interrumpió. Pero a pesar de ver siglos y siglos la vida de los hombres no me considero más sabio que antes de ser inmortal. Me considero más aburrido. Lo único interesante de mi vida es no morir. Pero tampoco vivir. De que sirve vivir por siempre…
- ¿Y para qué sirve sentir? Interrumpió el otro. Cada vez que los hombres usan su corazón desgastan su vida, pierden tiempo y esfuerzo en cosas que los dañan, en gente que los daña. Eso de nada sirve. Si vivir por siempre es dejar de usar el corazón, dejar de usar el corazón es sabio. No seas iluso, no seas necio, vivimos por siempre, que nos importa el amor.
- Entonces prefiero ser un necio, un necio feliz, y no un inmortal sin amor.
Contesto casi sin pensar.
Primero un suspiro, luego una pausa, por ultimo el mismo silencio que hacia cuarenta años los había visitado.
Airado por la respuesta de su compañero, se levantó y se dirigía a la casa cuando escuchó su vos otra vez.
- Este necio puede vivir con tu silencio. Pero este necio no puede seguir viviendo sin conocer el amor. Prefiero morir intentando amar a la vida mas larga de todas sin vivir por amor.
Después de decir eso, comenzó su descenso de la montaña, hacia una muerte segura, ya había tomado la decisión. Pero no temía por la muerte de su cuerpo, no temía de ninguna muerte. Su paso era firme y decidido, quería encontrar el amor, para volver a ser inmortal no con su corazón, esta vez en el corazón de otro ser.

sábado, 29 de mayo de 2010

Brújula de los sentimientos

…“conservar la distancia; renunciar a lo natural; y dejar que el agua corra”…
Agua. Jarabe de palo.


La noche ya había terminado, pero el cansancio no se presentaba. De todas formas se acostó.
Entre ojos abiertos y sombras se quedo pensando.
Pensó en todo lo que hizo esa tarde y parte de la noche. Caminó por calles que tenían el cielo encerrado por hojas, de veredas con lugar solo para conductor y acompañante.
Se sentó en bancos de plaza. Tomó café en un lugar bonito. Siguió caminando hasta que la hora de la cena llegó, se presento con un suave llamado a su estomago.
Sin embargo, no era todo eso lo que le hacia pensar, si se lo proponía podía volver sobre sus pasos con mágica exactitud, al momento de ver con los ojos del pasado cada detalle.
Era lo otro, lo que ahuyentaba el sueño.
Desde que se acostó, no se había movido. Quedó boca arriba con los brazos cruzados sobre el pecho. La luz de la calle se filtraba por las tiras horizontales de la persiana haciendo que la pared se vea como una escalerilla alargada de peldaños angostos.
Lo único que desentonaba cada tanto era el ladrido del perro del vecino.
Adentro tenia todo un desfile de pensamientos y sentimientos que caminaba en círculos, cada cual con su propio argumento como bandera, daban vueltas alrededor de su cabeza.
¿Por qué? Dijo para si. ¿Por qué posó? ¿Cómo pasó? ¿En qué momento?
Sin hacer otro esfuerzo que respirar, revolvía incansablemente sus pensamientos para encontrar respuesta. ¿Por qué hubo una primera salida?
Sí, bueno, la respuesta a esa pregunta se la sabía. Todo comenzó hace ya meses, desde que pasaban más tiempo juntos, se dijo a sí mismo, era como que se veía venir. Cuando estas con alguien que comparten una amistad, es lógico llevarse bien.
En la amistad existe el cariño, lo se, ¿Pero no se si la amistad da para más? Le decía la vos de su conciencia, mientras razonaba la circunstancia.
No quiero confundirme. Susurro casi sin mover los labios. Y se rió en de nervios.
Era tarde para eso, la confusión ya estaba levantando campamento en su mente.
Era una amistad, no otra cosa.
Pero en el momento que decidieron salir para conocerse ese instante los hizo mirarse distintos. Cuando lo charlaron y se miraron a los ojos fue un instante eterno, porque la eternidad cabe en un instante, en la mente el tiempo se detiene. Por su cabeza pasaron toda clase de pensamientos, en ese cruce de miradas antes de terminar la charla vio: un abrazo, un beso, caminar de la mano, vagas proyecciones del futuro, noviazgo y demás cosas, que teóricamente, desembocan en una relación a largo plazo.
Y ese, como todo instante, fue eterno, pasado presente y algo del futuro comparten silla en dichas fracciones de tiempo y espacio.
No hay brújula para los sentimientos. No hay certidumbre antes de los hechos.
Por eso necesitaba poner todas las cartas arriba de la mesa y leerlas uno, dos veces, hasta tres si era necesario, para saber que pasaba, para saber que le pasa adentro.
Era lógico que le gustara, una persona tan bien fabricada por la naturaleza no era cosa de todos los días.
Se llevaban bien, se entendían, tenían más que solo buena comunicación.
Era eso, o quizás se había acostumbrado a pasar tiempo, a conocer de tal manera su conducta que no le encontraba errores.
Pero, después de buscar y buscar en su interior, descubrió que el otro corazón no era donde quería poner la semilla del suyo. El otro corazón no era la tierra que quería cultivar el resto de sus días.
No tenía miedo a equivocarse. No tenía miedo a que ambos salieran lastimados. No era nada de eso. Faltaba la convicción interna que empuja al corazón a actuar. No había amor.
Prefiero quedarme con la salida como un error de dos personas, antes que con dos personas que no pueden salir del error.
Esos son los pasos al costado, las distancias del cariño, del respeto. Porque quien respeta no es cobarde. Es el doble de valiente que el que se atreve, porque se atreve a no hacerlo.
Todo esto y los ojos ya se le caían, ya no importaba que el perro interrumpiera su silencio. Las luces y sombras dibujadas en la pared de la pieza parecían una partitura, llena de pentagramas y notas, de una de esas canciones que cantan las madres para ir a dormir.
Se dormía, pero no dejaba de pensar.
Su corazón le decía: busca a alguien capaz de amar a un ser imperfecto; no busques una amistad que pretenda durar toda la vida.



jueves, 27 de mayo de 2010

Veni.

Vení. Vamos afuera que te quiero mostrar algo. Olvidate de todo lo que sabes de las tormentas y del clima.
Parate acá, al lado mío, y mira.
Allá en el fin del horizonte, esas nubes que el viento trae, ¿las ves?
Espera.
Las tormentas no tienen nada de racional. Donde terminan las luces, en aquella curva que rodea toda la tierra, están las tormentas. Nacen al costado del sol.
Desde acá se puede ver como nacen. Mira. El viento junta las nubes, ellas oscurecen el cielo de tal manera que cuando los astros no pueden iluminar a los hombres, quietos en el firmamento, desprenden de sus ojos lágrimas. Lloran cuando no nos ven.
El viento las trae sin permiso de nadie, hace lo que quiere. No le interesan las nubes, ni los astros, mucho menos el hombre.
Subamos ahí para ver mejor.
La tormenta ya esta acá. ¿Sentís el viento? ¿Sentís el frío? Es el preludio de las tormentas de invierno. Corre fuerte, rápido, ligero y sigiloso. No importa cuanto te abrigues, el va a sacar de tu cuerpo el calor; lentamente rodeara tus manos en las suyas, abrazara tus pies y besara tu rostro. Así es como invade los cuerpos el viento. ¿Percibís?
El cielo esta listo. El ruido de las puertas retumba en los pasillos de las nubes. Se puede escuchar un terrible transito en ellas, ¿escuchas?
Ya rompieron en llanto, no se aguantan mucho.
Tocalas. Son más frías que las gotas que caen cuando el sol nos mira. Es mucho más doloroso para los astros llorar con los ojos cerrados. Porque ya no ven el objeto de su cariño. Y el ruido de los pasillos nublados, les hace pensar la peor de las catástrofes, que algo pasa acá abajo. Pero no pasa nada. Solo que como no ven, no saben.
Te das cuenta, las tormentas no tienen nada de racional. Todo eso pasó antes de la primera gota.
Son lagrimas tan especiales que derriten la tierra, solo la tierra es tan sensible al llanto del cielo. A nosotros no nos hace nada, solo nos moja. Llora por nosotros, por eso no nos lastima.
Cerra los ojos y sentí conmigo este momento. Está más oscuro, y el silbido del viento trae frío, la lluvia llena de humedad el alma, podes oler como la tierra se derrite.
Ya se que te mojas. Yo también. Pero espera, cerra de nuevo los ojos y mira.
La vida es igual al día, sale el sol con toda su fuerza, nadie lo para, nada lo frena, su voluntad se impone a todo y a todos. Pero de desde donde sale el sol, su madriguera debajo de la tierra, también sale el mismo viento, casi como persiguiéndolo. Y con él su sequito de nubes.
Nunca le cierran el paso al sol, pero ponen una espesa cortina delante de el. De esta manera, la vida, que es un regalo hermoso, a veces se tiñe de colores oscuros, traídos por vientos de circunstancias. Sin embargo toda situación también es como el día, el cual tiene dos horizontes, en el que nace y en el que muere.
Nada quiebra la voluntad del sol, el sigue andando, incluso detrás de las espesas cortinas que hacen llorar a los astros. Por eso le gana a las tormentas, porque el viento no puede juntar a las nubes por siempre, no puede retenerlas a todas. Y solas se van por la otra puerta, por el lado opuesto al que llegaron.
Si, ya se. Las tormentas no tienen nada de racional.
Vos anda, no te sigas mojando. Esta tormenta es mía.
Anda, yo me quedo a esperar el sol mientras la tierra a mi lado se derrite.
Eso si, después, cuando se seque la tierra, quiero que me acompañes a caminar.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Labor del amor

El amor es como la porcelana. A ciencia cierta, pocos son los que conocen su proceso de fabricación, pero todos sabemos como hay que hacer para que se rompa. Basta con dejarlo caer de muestras manos para que una obra de arte se convierta en pedazos de algo que ya no es.
El amor es fruto de dos manos laboriosas, dispuestas a trabajar mucho para darle la forma correcta, la que quieren, la que anhelan a esa pieza de arte que va a adornar el resto de sus vidas.
Que lindo es ver a dos personas ponerse de acuerdo para trabajar en sus vidas, modelándose la una a la otra sin tratar de cambiar quien es en esencia.
La elección de involucrarse en un proyecto de vida para engendrar vida. Eso es una elección de amor.
Más que un acuerdo, más que la tolerancia, más que la aceptación, más que uno mismo.
Si decimos que el amor es una elección, solo vemos la mitad de la verdad.
Claro que es una elección, después de vivir, la más importante.
Pero no hay que dejar afuera del caso a la vida, al destino, al cielo; lo que interfiere en nuestro camino para introducir en él a una persona espacial. Siempre hay algo o alguien que oficia de anfitrión, o algo parecido, que propicia el descubrimiento del corazón.
Los poetas escriben de él, los músicos ejecutan canciones en su nombre, y nosotros inspirados por ellos seguimos la corriente de nuestros sentimientos.
Más que un encuentro, en un momento, entendemos que estamos dispuestos a poner a caminar nuestra alma al lado de otra hasta el ocaso de los espíritus.
El amor esta lleno de discos y libros viejos, de eso están empedrados los puentes de corazón a corazón, de recuerdo tan vivos, de sensaciones permanentes.
Cuando el verdadero amor traspone los atrios de nuestra vida, no existe otro protagonista, ¿Qué es el miedo? ¿Qué son las dudas? ¿Qué es la soledad? ¿Qué es el olvido? ¿Qué es la muerte? Es parte del pasado.
No existe un antes y un después del amor; es un antes de amor, y un presente continuo, es un trabajo continuo, una obra de arte en constante perfeccionamiento, eso es.
A lo largo de la vida se pueden encontrar diferentes personas que se quieren asociar a nosotros en esa labor, pero son las fuerzas de la naturaleza, de la naturaleza de cada quien, las que unen o separan las manos que trabajan en la porcelana.
Contradecir la fuerza de la naturaleza interna es corromperse a uno mismo, porque el amor no pervierte nuestra esencia, la depura, la hace más dulce a los labios, a los oídos y a los ojos de quien nos ama.
Labor del amor es quitarnos el miedo a la muerte, a compartir la vida con alguien, a ver con los ojos de otro, a dejar el orgullo en un cajón, a callar ante el enojo, a brindarse al otro sin condiciones.

martes, 25 de mayo de 2010

Un matrimonio exitoso

Cuando uno es chico, algunas de las mejores cosas pasan cuando nadie nos ve.
No se, en este momento podría recordar situaciones en las que nadie me voy, las cosas me salieron bien y me sentí un héroe.
Y ahí te das cuenta que podes hacer cosas solo. De esos actos sin testigos está llena la vida.
Después con el paso de los años, cuando crecemos, de alguna manera empezamos a entender lo que los mas grandes que nosotros decían cuando disfrutaban de la soledad. Con los años también nos pasan cosas buenas estando solos.
El tiempo se encarga de guardar, según la voluntad de cada uno, aquellos momentos. Cada tanto la memoria nos tiende una trampa haciendo recordar situaciones que cuando nos tocó vivirlas, tuvieron saber a mate sin azúcar. Es en esos casos en los cuales estar solo ayuda a ver las cosas más claras, de todas formas, cada quien sabe que situación realmente no fue dulce en la boca.
Volviendo a los momentos sin testigos, cuando conseguimos algo solos, se siente un grado de superación de uno mismo. Que en realidad no es tal, solo un pequeño triunfo de una pequeña voluntad en el mundo. La nuestra.
Es en ese momento en el que vencemos miedos.
Los que pisan las baldosas de la soledad, acostumbran a llenar sus bolsillos de esos pequeños triunfos de si mismos.
Descubrimos que dejamos las sendas de la infancia cuando aprendemos a hacer cosas por nuestra cuenta. Los niños no deben estar solo, sino estarían sin protección y cuidado. Pero de los adultos podemos decir que no es bueno que estén solos.
Ni hombres ni mujeres saben estar solos, pero aprenden. El tiempo es un excelente maestro para estas cosas. Y con el correr de las lecciones, hasta el mate se acostumbra a no dejar nuestros dedos después de cada cebada.
Como todo maestro, no siempre cuenta con buenos alumnos, algunos tardan mas que otros, también están los que nunca aprenden.
Es por eso que a este maestro se lo vincula con la madre de las curas, la soledad. No aceptar su enseñanza, transforma al pupilo rebelde en la persona más desdichada de todas, la que no puede estar acompañada. Porque no aprende el valor de las personas, el del tiempo y la importancia de actuar en el momento correcto.
Los dóciles a la química del tiempo y la soledad, embadurnan sus penas con buen bálsamo.
La soledad no es un refugio, y el tiempo no es un espacio. Son lo que quieren decir.
Estos dos cuando se conjugan en la vida de la gente, y les permiten trabajar, actúan como una sociedad, no se superponen, pero trabajan a la par. Tienen bien en claro que el objetivo de su labor no es alcanzar rápido su objetivo, sino llegar lo más lejos posible con él.
Su relación es como la de un matrimonio exitoso, consiguen lo que se proponen. Y el fruto de su esfuerzo son hijos fuertes. Personas capaces de ver al tiempo como un amigo, y a la soledad no como una enemiga.

lunes, 24 de mayo de 2010

Quien reza y después besa

“Besos y rezos”.
Besos y rezos, La Portuaria.

Los que caminamos esta tierra, no todos, no todos aún, conocemos los caminos de los besos y rezos.
La vida del enamorado se basa en ilusiones, sostenidas por sus rezos al cielo para que le conceda la dicha y la fortuna de besar a la persona que protagoniza su sueño.
El enamorado se alimenta de ilusiones, y cada una de ellas es un ladrillo de su castillo en las nubes. Por eso el enamorado tiene que aprender a amar para no morir en un caldo de sueños rotos.
Las ilusiones del enamorado son como las alas de Icaro, que cuando se van acercando al calor de la realidad, su cera de derrite, sus plumas se despegan y cae al mar, en su intento de llegar al paraíso. Para nosotros no es el capricho de ningún dios, no se puede volar con alas de pegadas con cera.
De la hazaña del primer beso, nadie se olvida. El paso del tiempo lo desluce o exalta los detalles, sensaciones que, en aquel momento, fueron nuevas. También nuevos los riesgos de la nueva experiencia.
Se dibuja en nosotros un nuevo horizonte, el de otro ser.
Podríamos nombrar miles de texturas y gustos. La suavidad y la fuerza en un solo impulso, en un solo instante. Esa conjugación pasa a ser perenne en la memoria.
Nadie puede jactarse de enseñar a besar, y nadie olvida como hacerlo.
No es un dejavú, nada se repite. El primero de muchos y de varios, aunque los labios pierdan su nombre con los años, el primero y el último no se olvidan.
La efusividad de éstos nada tiene que ver con una llegada o una despedida.
Algunos conducen al cielo, al mismísimo regazo de Dios. Otros nos conducen a las puertas de algún penoso camino, pero hipnotizados seguimos besando y caminando por el.
Vive quien besa, y muere quien por un beso se pierde de vivir.
Los más tristes, no son los del adiós, sino los de consuelo. Aquel placebo, de labios sin rostro, y el momento de engañarse a uno mismo.
El primer beso y el último parecieran ser en esencia el mismo, ambos no quieren terminar, quieren vivir por siempre. Esto sucede cuando encontramos a alguien para hablar, conocer, para querer; y es ahí cuando el corazón se anima a hablar con los labios.
Estar enamorado no es sinónimo de amar. El enamorado se deja dominar solamente de ilusiones y pretextos. El que ama, no se ilusiona, porque vive el amor.
La búsqueda del la vida no es enamorarse. Sino amar.
Quien reza y después besa no ha perdido esperanzas de amar.