lunes, 4 de abril de 2011

El feo (Parte II)

El calor estaba disminuyendo, una leve brisa del este inundaba la tupida sombra bajo la cual estaba el león.
Mientras el mono se hacía el interesante acomodando unos papeles en una repisa, ambos escucharon un par de alas acercándose y de inmediato se dieron vuelta para ver quién era.
- Ah, menos mal.- dijo el mono.- ¿Cómo estás tanto tiempo? ¿Algo nuevo para contar?
Era el búho que traía el reporte de los viernes. El león se sentó sobre sus patas traseras mientras el ave le comentaba las novedades del reino.
Ni el León ni el búho le llevaron apunte a las preguntas chusmas del mono, ya estaban acostumbrados. Cuando este se cansó de tratar de interrumpir la conversación se metió para adentro de la oficina.
Después de un rato de estar en la parte posterior, y de no escuchar más charla el mono salió atropelladamente hacia el frente.
- Parece que el feo está retrasado.- Dijo el mono.- vaya a saber uno ¿no? Quizás se arrepintió de irse, o algo más triste, tal vez la golondrina recuperó la viste de repente y se dio cuenta que era muy feo y lo dejó, ¿quién sabe? Todo puede pasar.
En tanto el mono decía estas cosas de espaldas a la puerta, el león le hacía toda clase de caras, agrandando los ojos, fingiendo carraspera, tosiendo fuerte, pero el mono no parecía percibir el mensaje.
- Debe ser muy difícil para un feo así conseguir novia.- continuó el mono con su reflexión filosófica a cerca de la belleza y las relaciones. Hizo una breve pausa.- ¡Que feo ser feo!
Todavía no terminaba el mono de hablar cuando…
- ¿Y vos te viste al espejo? – Dijo una voz a espaldas del mono.- porque vos sos la creación más bella del Señor ¿no?- inquirió la golondrina con tono airado, hizo una pausa y luego continuó.- ¡“el feo” es mi novio! Y yo en tu lugar me preocuparía más por darme un baño que de mirarle la cara a los demás.
Inmediatamente al oír eso el mono metió su nariz bajo su brazo y se llevó una sorpresa. Pero retrucó enseguida.
- Es que ese aroma es lo que atrae a las hembras de mi especie. – dijo sin ponerse colorado.-
El león se limitaba a mirar y es escuchar. El ave siguió cruzando palabras con el mono.
- ¿Quién te pensás que sos para hablar así de los demás? ¡El feo, mugriento y oloriento acá tiene cara de mono!
- Ah! No te lo voy a permitir, pajarraca mal educada, no soy ningún mugriento, mucho menos feo.
- ¡Basta! -Dijo el león.- Silencio los dos.
- Pero, ella empezó. – dijo el mono con cara de yo no fui.-
- Nadie dice una palabra más hasta que yo lo diga.
El murciélago estaba retrasado y el león se estaba impacientando. Los otros dos animales que compartían la sombra con el rey cruzaban miradas furtivas.
El único consuelo del león era saber que había llegado al viernes y que estaba a las puertas del fin de semana.
Casi como una escena de película, los tres vieron al murciélago volando hacia ellos con el sol naranja de fondo.
- Al fin. Ya estamos todos.- dijo el mono- cómo en la película: el rey, la bocona y el feo.
La golondrina se contuvo de tirarle con algo y guardó silencio porque se acercaba su novio. El león miró al mono moviendo la cabeza en señal de desaprobación.
Mientras el mono encogía lo hombros simulando inocencia, el murciélago se abrazaba con su enamorada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario