El sol naranja de la tarde comenzaba a deslizarse perezosamente hacia el horizonte. Todo apuntaba hacia el final de un día normal, sin sobresaltos.
De repente, el mono, que era el secretario personal del rey vio venir a los lejos a alguien volando.
- Señor, creo que tenemos el último caso del día volando hacia acá.- Dijo el mono sin darse vuelta.- es más creo que es un murciélago señor.
El león, que seguía sentado en el mismo lugar que hacía dos horas levantó la cabeza y sacudió su melena para lucir más presentable. Pasó su lengua por sus patas delanteras y se paró para esperar al mamífero volador que se aproximaba.
Por dentro el león estaba muy molesto por el último visitante, le faltaba poco tiempo para cerrar la corte y quería irse rápido, pero su función en la jungla era la de ver por el bienestar de todos los animales, era su deber, él era el rey después de todo.
El murciélago llegó casi arrastrándose, se colgó de una rama cabeza abajo, sacudió sus alas y dijo:
- Disculpe su Alteza que haya venido a este horario, siendo murciélago, se me complica andar de día.
El mono lo miraba esperando que le dijera algo a él también, pero eso no pasó.
- ¿Qué te trae por acá? – dijo el león en un tomo amistosamente serio.-
- Seré breve mi rey, quiero licencia para volar de día, y permiso para ausentarme de su territorio en invierno.
El pedido resultaba inusual y extraño en todo sentido, el león puso cara de sospechar, pero antes que pudiera decir algo, el mono intervino a destiempo en la charla como era su costumbre.
- O sea lo de irte en invierno lo entiendo, pero lo de volar de día, es raro – dijo el mono y reiteró.- es raro.
Ambos miraron al mono un instante y siguieron su charla.
- Antes que nada, me gustaría saber a qué se debe tan extraño pedido ¿Acaso no te gusta tu trabajo de vigilante nocturno? Eso lo podemos arreglar.
El mamífero volador que estaba colgado patas para arriba delante del rey y del mono, no era nada más ni menos que el jefe de vigilancia nocturna. Y lo que en realidad le llamaba la atención al rey de la selva era el pedido de ausentarse en invierno.
- Sepa usted entender Su Majestad, tengo motivos personales para hacer ese pedido.
- Si fuera cualquier otro murciélago, no le preguntaría mucho, pero tratándose del jefe de vigilancia nocturna, me interesaría saber el porqué. Desde ya el permiso para volar de día lo concedo.
- Es un motivo muy personal. –dijo el murciélago muy sereno.-
El león se estaba impacientando con una charla que no llegaba a ningún lado.
- Seguramente le da vergüenza decirlo mi rey.- fue la interferencia sin ningún tipo de tacto por parte del mono.-
Una vez más ambos miraron al mono con ganas de comérselo, pero este no acusó recibo en lo más mínimo.
- Quiero dejar mi puesto de trabajo también. – dijo el murciélago.-
Esto terminó de cambiar la cara del león.
- Ahora sí, nos ponemos más serios. – dijo con un leve movimiento de la cabeza que sacudió su melena.- Como tu rey exijo saber el motivo.-
- Es que conocí a alguien – titubeó el mamífero nocturno, hizo una pausa y continuó- es de fuera de sus dominios, por eso quiero permiso para irme.
La cara del león reflejó su sorpresa. Mientras miraba fijo la rama en la que el murciélago se mecía.
- ¿Es una murciélaga de otra parte de África?- inquirió el mono entro metido.-
- No.- respondió el murciélago.-
- Entonces ¿Quién es la afortunada? – preguntó el león.-
- Es una – pausa- es una golondrina.-
- ¡¿Qué?! – dijo el mono y se echó a reír.-
Mientras el murciélago ponía cara de indignado ante la burla del mono, el león estaba más desconcertado que antes. No podía confiar del todo en los dichos del murciélago, era un relato muy extraño para su gusto.
Todavía el mono se reía del pobre enamorado cuando el león intervino.
- Basta mono. –dijo en tono de orden casi rugiendo.- vamos a hacer así, mañana para la misma hora que viniste vos, tenés que traer a tu enamorada. No me tienen que convencer de nada, solamente vengan juntos. Eso es todo.
El león dio media vuelta y se fue con el seño fruncido. El murciélago seguía mirando con bronca al mono, y este último parecía no darse cuenta de nada.
Me encantan los cuentos y los cuentos con animales! Estoy ansiosa por leer como sigue este.
ResponderEliminarEl mono: un fenómeno....