El sol me miró a los ojos cerrados,
su luz era fuerte, su calor tímido.
Me abrazó y confortó mi pecho.
Desde la sombra me miraba el frío,
amenazante, esperando que volviera.
Mis párpados sentían como una suave brisa coqueteaba con ellos.
No había nubes y yo estaba pálido,
que mejor oportunidad de hacerme amigo del sol.
Tenía la cara caliente y poco a poco
el brillo solar templaba mi cuerpo.
Miré hacia las sombras con una mueca burlona,
porque en el fondo, sabía que tenía que volver.
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