- El permiso lo tenés, para ambas cosas. Pero antes hay cosas que quiero saber.- dijo el rey con cara de serio.-
Se notaba el cansancio en su cara, y las pocas ganas de lidiar con problemas de otros. Todavía no se habían desprendido de sus brazos los enamorados cuando llegó una catarata de preguntas.
- ¿A dónde pensás llevarla? ¿De qué van a vivir? ¿Cómo van a hacer para viajar o moverse, de día o de noche? ¿Cómo piensan hacer para que todo esto funcione?
El león parecía más el padre de la golondrina que el rey de la selva.
Tanto el murciélago y su novia, como el mono quedaron asombrados de las preguntas. Para descomprimir un poco la situación, el mono dejó caer unos papeles al piso.
- Ups!- dijo.- ¡Que torpe!-
Pero nadie le prestó atención. El león seguía con los ojos fijos en el murciélago, la golondrina estaba incómoda pero no dejaba de apretarle la mano a su alado novio.
La situación estaba muy tensa. Entonces el mono decidió hacer algo.
- ¡Quieto! – gritó el mono.- quieto, no se mueva.- y se fue acercando lentamente al león.-
El mono miraba fijamente la melena del rey, y cuando estuvo a tiro levanto la mano. El cachetazo sonó más fuerte de lo que en realidad fue.
- Listo, ese mosquito no va a volver a molestarlo majestad. – dijo el mono.-
La golondrina y el murciélago abrieron los ojos como el dos de oro y quedaron mirando al primate. El león estaba un tanto aturdido.
Todo se prestaba a confusión. Sin perder ni un instante el ágil secretario volvió a abrir la boca.
- Bueno, bueno. Ya tenés tu permiso, ya te podes ir. Los dos se pueden ir.- tomó aire y siguió.- esto es una oficina pública, acá tenemos horarios, ya estamos cerrando.
El simio puso sus manos sobre los hombros de los animales con alas empujándolos hacia afuera.
- Vamos que se me hace tarde y tengo que hacer los mandados porque mi mujer sale tarde del trabajo hoy.- dijo el mono mientras miraba un reloj imaginario en su muñeca.-
- Pero la entrevista no terminó.- interrumpió el león.-
- Pero a mí no me pagan horas extras. Así que tasa, tasa…- dijo el mono haciendo una pausa sin dejar de caminar detrás del ave y su novio.- aprovechá ahora mientras todavía es una princesa, porque cuando se casen, los primero años va a ser una reina… pero después se transforman en brujas.- palmeó la espalda del murciélago y le tiró una sonrisa falsa a la golondrina.-
Todo estaba pasando demasiado rápido, el mono no le daba tiempo a nadie a reaccionar para hacer nada. Cuando por fin los sacó de la oficina cerró la puerta.
Un silencio poco agradable inundó la oficina.
- ¿Por qué hiciste eso? – dijo el león con el seño fruncido.-
- Discúlpeme, pero me puse en el lugar del pobre feo ese y la situación era muy incómoda. Nunca vi transpirar tanto a un murciélago. Y con todo el respeto del mundo, usted es el rey de la selva; no el papá de la golondrina. ¿Qué le importa lo que hagan esos dos?
Otro silencio pero no tan incomodo como el primero tomo lugar mientras el primate cerraba las ventanas.
- Tenés razón, me extralimité un poco en mis facultades.- dijo el león.-
- Claro – afirmó el mono.- o a caso no se acuerda de cómo fue cuando pidió usted la mano de la fiera de su mujer, fiera no por fea, sino por su valor… y aparte para tenerlo a raya a usted.- y se echó a reír.-
El león no movió un pelo, el chiste no le había causado gracia y el mono lo seguía mirando como esperando una sonrisa.
Por la ventana se podía ver como el murciélago y la golondrina se alejaba volando con la luz del sol casi escondido pegándoles de costado.
- Mire allá ¿no es una escena de una película romántica?
El león no le contestó.
- Yo tendría que escribir una historia de esto – dijo el mono.- el título sería: “El feo enamorado, la golondrina mal educada y el rey entrometido”. ¿Qué le parece?
- No sé. – contesto el león.-
No sabía si comérselo o reírse, pero le siguió la corriente a su secretario.
- Me parece que es un título un poco largo, digo, tendría que ser un título impactante y atrayente.
- Ya lo tengo.- dijo sin hacerse esperar.- que más impactante y atrayente que ver a un feo.- y soltó una carcajada.- “El feo”. Ese tendía que ser el título.
No hay comentarios:
Publicar un comentario