martes, 11 de enero de 2011

Maldito García Márquez

Sentía vergüenza por haberlo besado tantas veces con los ojos cerrados, le daba rabia pensar en todos los abrazos que le había dado, que había desperdiciado.
Estaba encerrada en la pieza, con la cabeza hundida en la almohada, más bien enterrada, como los avestruces.
Hacía diez minutos que la madre golpeaba la puerta para llamarla a comer, pero ella no se movía de la cama.
La bronca dominaba sus sentidos, no pensaba en nada más que desearle el mal, que de alguna manera, él pudiera sufrir lo mismo que ella.
Cuando se cansó de estar boca abajo, hizo el esfuerzo con el torso y los brazos para darse vuelta sin moverse mucho, a parte le dolía el cuello y tenía que hacer algo por eso.
Miraba un poster de los Beatles pegado en la puerta del armario que le había regalado su tía después de un viaje a Londres. Ese pedazo de papel con dibujitos de la década del sesenta era una de las pocas cosas que no le recordaban a él.
Mientras las lágrimas rodaban en cámara lenta por sus mejillas, en la cabeza le retumbaba una canción de Cerati, la que él le cantaba al oído cuando ella estaba triste. El hecho de no poder expulsarla de su mente o solamente callarla le daba más rabia.
Después de unas horas, con una siesta de por medio, ya tenía ánimo para levantarse. Sus ojos ya estaban secos, su almohada no.
Se levanto con mucha pereza, salió de la habitación para buscar bolsas de residuos con el objetivo de eliminar de su cuarto todo aquello que le recordara su reciente pasado sentimental.
Comenzó por las fotos. Tijera en mano, se dispuso a recortar las que se podían salvar, pero después de ver los siete álbumes que le quedaban en el cajón del escritorio, se decidió por tirar todo, hasta los portarretratos.
Al lado del escritorio estaba la pila de discos, la música no había sido un punto de coincidencia, pero así y todo, él le había contagiado varios de sus gustos. Los únicos dos discos que tiró fueron los que él le había regalado la primera semana que se pusieron de novios, eran compilados con canciones románticas.
Aunque los discos de Sabina y los de Calamaro le recordaban momentos muy específicos de la relación, no se quería deshacer de ellos porque le gustaban mucho, tanto que no importaba a quien le hicieran acordar.
El recorrido de limpieza continuaba en el cajón de la mesita de luz, dónde guardaba las cartas escritas a mano, si se molesto e leerlas en lo más mínimo, las rompió una atrás de la otra y las tiró adentro de la bolsa negra.
Sacó del placar un par de remeras, pero no las metió en la bolsa porque eran lindas, decidió dárselas a su hermana más chica, así que las puso arriba de la cama.
Lo último que le quedaba estaba en la biblioteca. El problema de haber tenido un novio que trabajaba en una librería era que le regalaba libros casi todo el tiempo. Su debilidad eran las novelas, así que comenzó a separar los libros que regalaría de los que ella se quería quedar. De los tres primeros estantes sólo se quedó cinco libros, cuatro guardo en una caja y el resto los puso arriba de la cama, ahí ponía todo lo que no quería tirar, pero que tampoco quería conservar. El cuarto y el quinto estante eran de libros de la facultad, de esos no se iba ninguno. Pero en el último estante estaban las novelas. Ahí estaba su favorita hasta esa tarde: “El amor en los tiempos del cólera”. Que la había leído cuatro veces y se la sabía casi de memoria.
Sin embargo era el libro que más ganas tenía de arrojar a la basura, porque él le había regalado esa novela, y cada vez que tenía oportunidad le doraba la píldora recitándole un dialogo al azar, con eso la había conquistado.
- Maldito García Márquez- Dijo en voz alta- culpa tuya me enamoré de ese idiota.

4 comentarios:

  1. siempre habrá un culpable............bienvenido sea

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  2. Me sentí muy identificada en muchas cosas.. lo bueno es que amo leer pero como a el no le gustaba solo me regalo un par de libros q compro en mi presencia y como no los dedico.. con el paso del tiempo, ya casi no recuerdo cuales erán..
    beso soldado arielito

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  3. "Culpables puede haber uno o muchos, responsables siempre son solo dos."
    -Así me dijo un amigo una vez.-

    Que yo recuerde no me han regalado libros. Pero que se han quedado con algunos mios eso sí.

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