domingo, 16 de enero de 2011

La cajita de felpa (Parte II)

Decidió que lo mejor era esperar a estar solos en el auto, no era del todo romántico, no era como lo había planeado originalmente, pero estaba decidido a hacerlo.
El mozo vino con la cuenta, pagó y se retiraron del restaurante. Cuando cruzaron la puerta, camino al auto, ella lo abrazó por la cintura y él le devolvió el abrazo de manera que pudieran caminar a la par.
A unos pocos pasos de llegar al auto, entre besos y abrazos escucharon algo.
- Pará, ¿escuchas?- preguntó él.- es como si alguien llorara.
- Sí.- asintió ella sin prestar mucha atención.-
Caminaron un par de pasos y él se soltó para adelantarse hacia el auto que estaba después del suyo para ver que era, parecía el llanto de un bebe. De hecho lo era, cuando llegó al extremo del estacionamiento observó en el suelo una bolsa negra abierta, el sonido salía de ahí.
En ese instante la indignación lo invadió, seguido de una bronca que lo hizo maldecir en vos alta.
Ella caminó hacia donde él estaba y lo vio arrodillado sobre el asfalto con un bebe en los brazos.
- Lo dejaron tirado en una bolsa como si fuera basura.- dijo él con claros gestos de enojo.-
- Que horrible - dijo ella.- llamemos al restaurante para que se hagan cargo de esto y vamos a casa, que mañana tengo que trabajar temprano.
La miró un asombrado y desorientado por el comentario.
- Perdón ¿Qué? – hizo una breve pausa.- no, lo llevamos nosotros y lo dejamos en el hospital. Después hacemos la denuncia a la policía.
- No, es mejor que de eso se encargue la gente del restaurante. Este es su estacionamiento, nosotros no tenemos nada que ver, no es nuestra responsabilidad.
El no le contestó, no iba a discutir por eso. Caminó hasta el auto, abrió la puerta de atrás y acomodó a la criatura, luego se sentó en el asiento del conductor. Ella se sentó de mala gana y no me dirigió la mirada.
Mientras manejaba camino al hospital, se acordó del lo que llevaba en la guantera del auto, pero ya no tenía ganas de dárselo.
La reacción de su novia lo había tomado por sorpresa, realmente pensaba proponerle matrimonio a alguien que no había alcanzado a conocer.
Dejaron a la personita que lloraba en el asiento de atrás del auto en el hospital, hizo la denuncia, y se dispuso a llevar a su novia de regreso a la casa de sus padres, con la esperanza que le hablara aunque no se le hubiera pasado la bronca.
Ella seguía callada y el asombrado de su indiferencia, pero no le dijo nada de camino para no alterarle más el ánimo.
Cuando llegaron a la puerta de la casa, él dijo:
- No hay que enojarse por eso, perdimos un poco de tiempo pero hicimos lo correcto.
Ella lo miró y permaneció sentada con una mueca como quién está por decir algo, pero se quedó callada.
En ese momento de silencio incómodo la miró, se volvió a acordar de la cajita de felpa, y una gran inseguridad con respecto a ese tema lo invadió, fue inevitable que pensara en ese bebe, que aunque no era suyo, le había cambiado la vida.
- Hablamos mañana. Que descanses. –dijo ella, le dio un beso en la mejilla y se bajó del auto.-
Después de eso se dio cuenta que el anillo no era para ella, quizás la cajita de felpa sí.

3 comentarios:

  1. gracias a ti por compartir
    tu talento con nosotros!!
    uy ademas q me siento identificada con varias
    de tus historias y poemas je!
    si escribes un libro...
    yo lo compro!!

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