Esta vez no era su cuerpo con el que se sentía incomoda, no se sentía gorda o demasiado flaca, su pelo estaba justo como a ella más le agradaba, el color de su piel era fresco y natural, no muy pálido.
Miraba su reflejo en el espejo y no se encontraba defecto, pero aun así no se encontraba cómoda consigo misma.
Cuando no le gustaba su imagen, recurría a un cambio de estilo en el corte de pelo o en la forma de vestirse, comprándose ropa y accesorios nuevos. Cambiaba de color de esmalte para las uñas o de color de lápiz de labio.
En alguna ocasión, había tenido que recurrir a algún cambio más drástico como un régimen alimenticio para ponerse en forma. Controlar la cantidad de lo que comía, conocer la calidad del alimento.
Eso siempre le había funcionado para estar mejor con ella misma. Unas cuantas semanas de hacer dieta y ejercicios, de ir viendo el progreso y escuchar comentarios halagadores de los demás a cerca de cuan saludable estaba.
Pero esta vez era diferente al resto de las otras, no le hacía falta un cambio exterior sino en su interior.
Ante una situación sentimental que necesitaba ajuste, precisaba alguna estrategia para acomodarse puertas adentro del alma.
Después de divagar un rato largo en su mente, arribó a una extraña y rara conclusión: ¿Sí se pudiera hacer una dieta de sentimientos, separando los sentimientos buenos de los malos y solo sentir cosas buenas y lindas, pondría en buen estado su alma, teniendo un ser interior saludable?
Los sentimientos buenos serían los que no hacen mal a la salud sentimental, los que en una dieta son bajos en calorías, los que no tienen grasas saturadas y esas cosas.
También hay dietas en las que se puede comer de todo, sólo que en su justa medida. Eso sería como comer un poco de asado pero con ensalada para emparejar, dijo en voz alta aprovechando que estaba sola en la casa.
A medida que se ponía a pensar en el tema, casi como concentrándose, se dio cuenta que los sentimientos y la comida son muy parecidos. No se puede dejar de sentir y no se puede dejar de tener hambre; ambos son una necesidad del ser humano. Después todo iba en cada persona en particular, hay gente que come más, hay gente que come menos, y hay gente más sentimental que otra; gente con desordenes alimenticios, gente con desordenes sentimentales.
Sin embargo, dentro de las comparaciones que surgían en su cabeza no pudo evitar detenerse en una, en la torta de chocolate. Esa era su torta favorita, y cada vez que se sentía mal le resultaba inevitable comprarse una para comérsela ella sola, aunque le costara tiempo terminarla no le convidaba a nadie.
Lo malo de esa torta era que tenía muchas calorías, y le abría el apetito a otras cosas dulces con muchas más calorías. Después de comerse la torta y las cosas, se sentía culpable por todo lo que se había comido, pero no sólo eso, se sentía gorda y fea.
No se podía explicar a ella misma cómo algo que en principio le hacía tan bien y le aquietara el ánimo, a la larga la hacía sentirse culpable y fea.
Comparaba esa torta tan tentadora con los sentimientos que brotaron en ella después de la ruptura de su última relación. Tenía mucha bronca por cómo se habían dado las cosas, era inevitable estar enojada, casi tan inevitable como comerse una porción de torta cuando estaba mal. Pero el exceso de bronca se llega al resentimiento, de ahí al odio sólo hay unos centímetros, y el odio hace que la gente se amargue.
De repente fue como sí una luz celestial la iluminara, no quería sentirse gorda y fea, tampoco quería ser una persona amargada, lo que también la hacía fea, no tanto a la vista, pero sí al trato con las personas.
Quizás era eso, tenía que hacer una dieta de sentimientos, de los que le hacían mal. No estaba mal enojarse, pero no quería llegar al odio, mucho menos llegar a ser una persona amargada. Lo mismo que con la exquisita torta de chocolate, si comía de más, seguramente aumentara unos gramos, o peor, podían salirle granitos en la cara, eso sí la haría verse fea.
La primera parte del problema estaba resuelto, ahora le quedaba resolver que sentimientos debían estar en su dieta para sentirse mejor consigo misma. Debía escribir su propia dieta de sentimientos.
Creo que también debo escribir mi dieta de sentimientos !! un abrazo amigooo !! muy original el relato !!
ResponderEliminarCreo que esa sería una de las pocas dietas que podría hacer, jaja
ResponderEliminarUn abrazo che