Una noche de eterna soledad. Esos momentos en los que ni siquiera podemos sentir el suave viento de los últimos meses del año deslizándose por nuestra humanidad. Pensar en la soledad no es una opción, menos una elección. Solos por exclusión, por abandono, por olvido o simplemente porque las distancia con los demás se agrandó y creció hasta tener identidad propia. Una persona de entidad ausente que aleja a los demás simulando acompañarnos, pero no lo hace. Soledad.
En esa relación sin diálogos, entendemos que el silencio es su lenguaje universal. Cualquiera que haya caminado con ella, va a saber entenderla, hasta asimilarla, pero pocos traducen esos diálogos nocturnos de abandono en uno mismo.
Aceptar los momentos sin compañía, sin gente, pero con ella. Puede llevarnos a la trampa fatal de creer que es la única que nos acepta tal como somos. Bajo el pretexto que no dice nada, parece estar callada. Y nuestros pensamientos retumban como un eco en su interior, diciéndonos lo que queremos escuchar, devolviéndonos las mismas notas de nuestra canción de lamento, repitiéndolas de memoria hasta el cansancio.
De melodía triste, casi hipnótica. Nuestros propios versos de desgracia y desanimo parecen cobrar peso solo en sus labios, endulzando nuestros oídos, cayendo en el engaño de estar alejado de los demás.
La peor trampa que podemos tendernos a nosotros mismos es vivir en la mentira de creer que estamos solos, andamos solos, vivimos solos, que no somos aceptados. Encontrando la auto compasión en la soledad.
No nacimos para estar solos, pero primero debemos aprender a aceptarnos tal cual somos nosotros, para poder aceptar a los demás. Entendiendo los momentos de soledad, valoramos más la compañía de nuestros pares.
No existe la soledad absoluta, siempre que exista la familia, siempre que están los amigos, aunque lejos, pero están. El núcleo primario, el seno que nos vio nacer y crecer no nos abandona. A pesar de todo nos acepta tal como somos. Para aceptarnos, primero hay que aceparlos, una casa dividida no prevalece. Aceptar su compañía, y acompañarlos, eso es familia. Esa unidad inexpugnable, ese castillo sobre la roca, que la soledad no se atreve a atacar, pero siempre va a susurrar sus canciones desde lejos. Con la intención de atrapar algún desprevenido que no entienda que no esta solo.
lunes, 5 de octubre de 2009
domingo, 4 de octubre de 2009
Los unicos que sufren
"Si no tenes nada bueno para decir, no lo digas"
Las manos llenas de preguntas y bolsillos abarrotados de quejas. Una tormenta de ideas signada por el mal clima interno, antes que por las ideas. Y en esos momentos complicados de contractura mental y espiritual, no tenemos otra intención que pararnos delante del que está Sentado a pedir explicaciones de nuestra desgracia.
Imaginarnos una situación así, podría resultar fácil, lo difícil debe ser imaginarnos una respuesta.
Mientras las quejas caen solas de nuestros bolsillos. Las manos se aflojan perdiendo fuerza, dejando caer las quejas que se escabullen como un puñado de arena seca. Él sigue sentado, mirándonos como un padre, con la tranquilidad que solo los padres tienen. Esperando que su hijo deje de sollozar para poder consolarlo.
Esos son nuestros peores momentos, donde cualquier cosas puede salir de nuestros labios, sin importar el destinatario o el motivo, defendernos con un ataque.
En ese esfuerzo de guardarnos en nosotros mismos, lastimamos a los demás, los que nos quieren y cuidan.
“Si no tenes nada bueno para decir, no digas nada”. Aunque cueste, limitarse a ser agradecidos, es el mejor bálsamo para aliviar un corazón asediado por el pesimismo, la angustia y a la amargura. El agradecimiento nos lleva a pensar en lo que tenemos y no en lo que nos falta; en lo que conservamos después de la tempestad y no en lo que las olas, como las malas situaciones, arrastraron mar adentro. Siempre queda gente que nos quiere, que nos ama, sin importar el tamaño de las olas. Aquellos a quienes la fuerza de los vientos no llevo para otro lugar. Los amigos más fuertes que las tormentas.
Así como el sol sale sobre buenos y malos, nadie queda exento de tormentas así. Para todo el que se aventura en las aguas de la vida. Ni por más bien que sepas llevar la nave de tu existencia, vas a poder evitar las nubes oscuras de los momentos tristes.
Cualquier momento y lugar es bueno para ser agradecido. Aun en los momentos más incómodos e inoportunos hay cosas buenas que la gente hace por nosotros. Quizás no pensando en uno mismo, pero si por los nuestros, dar gracias por ellos. Por el principal, Él.
Tenemos todo el derecho de estar enojados, por lo que sea. Pero de ninguna forma tenemos derecho a lastimar por estar enojados, frustrados o decepcionados. Siempre es preferible callar antes que lastimar. Todos alguna vez tuvimos las manos llenas de preguntas y los bolsillos abarrotados de quejas.
No se sufre en secreto por vergüenza, no es ocultar lo que uno piensa o siente, es esperar el momento indicado pera decir lo correcto, para no pensar siempre que somos los únicos que sufrimos. No somos los unicos que sufrimos, pero podemos evitar que otros sufran por nuestras palabras.
Las manos llenas de preguntas y bolsillos abarrotados de quejas. Una tormenta de ideas signada por el mal clima interno, antes que por las ideas. Y en esos momentos complicados de contractura mental y espiritual, no tenemos otra intención que pararnos delante del que está Sentado a pedir explicaciones de nuestra desgracia.
Imaginarnos una situación así, podría resultar fácil, lo difícil debe ser imaginarnos una respuesta.
Mientras las quejas caen solas de nuestros bolsillos. Las manos se aflojan perdiendo fuerza, dejando caer las quejas que se escabullen como un puñado de arena seca. Él sigue sentado, mirándonos como un padre, con la tranquilidad que solo los padres tienen. Esperando que su hijo deje de sollozar para poder consolarlo.
Esos son nuestros peores momentos, donde cualquier cosas puede salir de nuestros labios, sin importar el destinatario o el motivo, defendernos con un ataque.
En ese esfuerzo de guardarnos en nosotros mismos, lastimamos a los demás, los que nos quieren y cuidan.
“Si no tenes nada bueno para decir, no digas nada”. Aunque cueste, limitarse a ser agradecidos, es el mejor bálsamo para aliviar un corazón asediado por el pesimismo, la angustia y a la amargura. El agradecimiento nos lleva a pensar en lo que tenemos y no en lo que nos falta; en lo que conservamos después de la tempestad y no en lo que las olas, como las malas situaciones, arrastraron mar adentro. Siempre queda gente que nos quiere, que nos ama, sin importar el tamaño de las olas. Aquellos a quienes la fuerza de los vientos no llevo para otro lugar. Los amigos más fuertes que las tormentas.
Así como el sol sale sobre buenos y malos, nadie queda exento de tormentas así. Para todo el que se aventura en las aguas de la vida. Ni por más bien que sepas llevar la nave de tu existencia, vas a poder evitar las nubes oscuras de los momentos tristes.
Cualquier momento y lugar es bueno para ser agradecido. Aun en los momentos más incómodos e inoportunos hay cosas buenas que la gente hace por nosotros. Quizás no pensando en uno mismo, pero si por los nuestros, dar gracias por ellos. Por el principal, Él.
Tenemos todo el derecho de estar enojados, por lo que sea. Pero de ninguna forma tenemos derecho a lastimar por estar enojados, frustrados o decepcionados. Siempre es preferible callar antes que lastimar. Todos alguna vez tuvimos las manos llenas de preguntas y los bolsillos abarrotados de quejas.
No se sufre en secreto por vergüenza, no es ocultar lo que uno piensa o siente, es esperar el momento indicado pera decir lo correcto, para no pensar siempre que somos los únicos que sufrimos. No somos los unicos que sufrimos, pero podemos evitar que otros sufran por nuestras palabras.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Almendras amargas
"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba el destino de los amores contrariados....Aunque el aire de la ventana había purificado el ámbito, aun quedaba para quien supiera identificarlo el rescoldo tibio de los amores sin ventura de las almendras amargas.”
Estracto de El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.
En una comparación entre nuestros cinco sentidos, dado que cumplen funciones diferentes ninguno es más importante que otro, pero sí ninguno puede suplantar al otro. Es decir, que la vista suplante al tacto, o el gusto al oído.
Por nuestras propias vías no podemos anular nuestros sentidos, podemos atenuarlos. Algo esta a nuestro alcance pero no lo tocamos, o no lo miramos, o no lo comemos, hasta podemos tapar nuestros oídos; pero no podemos dejar de percibir aromas.
Ésta es la gracia del fragmento anterior, la irrevocabilidad del sentido que nos permite discernir los aromas. Así como cuando pasamos por un lugar pestilente no podemos evitar llevarnos la mano a la nariz para taparla sin éxito alguno, sabiendo que es imposible no percibir.
¿Cómo algo tan grato como el olor de las almendras transforma en algo desagradable? Es sólo el proceso de descomposición natural de las cosas, o también el descuido involuntario, eso sin mencionar el descuido premeditado. Cualquiera de estas situaciones responde al ciclo natural de las cosas que no duran para siempre, no existen las almendras perennes.
Una cualidad que distingue al sentido olfativo es su gran memoria, capaz de reconocer perfumes en el cajón de los recuerdos, y así hacer revivir un recuerdo, una persona, un momento. No discrimina si el momento fue de los buenos o de los otros, sólo los trae, los acerca sin quitarle el polvillo del tiempo pero con su perfume característico intacto.
Aun cuando los vientos del tiempo desdibujan rostros, se llevan frases en sus remolinos y su susurro al oído arrastra palabras al olvido, es el mismo viento el que nos acerca esa fragancia de recuerdo, de pasado, de lo que fue y no es.
De la misma forma que los aromas no se pueden cambiar y su recuerdo es tan firme como el presente. Los aromas de los amores contrariados son amargos. Sólo el tiempo disimula la intensidad de las voluntades que no se pudieron poner de acuerdo, que cedieron al ciclo natural de las cosas, en el cual los elementos descuidados se corrompen, pierden la esencia de su verdadero significado, dejando de ser una misma cosa y asemejarse a un cuerpo desmembrado.
Y es inevitable, también, para los que saben reconocer, no darse cuenta cuando el rescoldo ha dejado de ser tibio.
domingo, 30 de agosto de 2009
Contrato sentimental
Ni en su afán de encontrar la sabiduría, o dilucidar los misterios de la vida, la filosofía no encontró el camino a la definición de los sentimientos, que, por escénica intrínseca, son parte del alma, casi como una sola cosa.
Quizás, los cronistas más fieles de los sentimientos son los escritores, quienes no pretenden explícalos, solo los describen tal cual los ven o alguna vez lo experimentaron.
La situación de los escritores es una contra posición a la del común denominador, el hombre cotidiano, apegado a la rutina, sintetizado, la versión las Light de una vida. El escritor es esa facción de la raza humana que puede traducir con la tinta al papel lo extraordinario de los sentimientos, de las sensaciones, lo sobre natural de lo cotidiano, la capacidad de vivir sintiendo.
Sin el ambiente que los sentimientos generan en nuestras vidas, los paisajes de nuestras rutas personales serian solo un juego de luces y sombras, blanco y negro sin espacio para los grises. Albergando en dichos colores lo bueno y lo malo. Como si en los días del hombre solo existieran dos sentimientos, el amor y el odio.
Extremos de la misma soga, ambos se entretejen en el alma de los mortales. Una conjugación esencial para quienes viven, sienten, aprenden, aciertan y se equivocan con la misma facilidad y naturalidad de la respiración, algo incorporado por necesidad.
El alma interpreta las situaciones en sentimientos, haciendo uso de la escala cromática para darle sentido a lo que nuestros ojos naturales ven, y llevarlo al plano interno es ese nexo entre lo físico y lo espiritual, el alma.
“Engañoso y perverso es el corazón del hombre ¿Quién lo conocerá?”… no es una ciencia ni mucho menos una metáfora bonita. Talvez el designio perfecto del Arquitecto de todas las cosas.
Una cláusula en el contrato de la inmortalidad del alma, del espíritu de la escénica puesta por el Hacedor en cada uno, el no poder entender todas las cosas, como un resguardo de nosotros mismos y de nuestro propios sentimientos.
Quizás, los cronistas más fieles de los sentimientos son los escritores, quienes no pretenden explícalos, solo los describen tal cual los ven o alguna vez lo experimentaron.
La situación de los escritores es una contra posición a la del común denominador, el hombre cotidiano, apegado a la rutina, sintetizado, la versión las Light de una vida. El escritor es esa facción de la raza humana que puede traducir con la tinta al papel lo extraordinario de los sentimientos, de las sensaciones, lo sobre natural de lo cotidiano, la capacidad de vivir sintiendo.
Sin el ambiente que los sentimientos generan en nuestras vidas, los paisajes de nuestras rutas personales serian solo un juego de luces y sombras, blanco y negro sin espacio para los grises. Albergando en dichos colores lo bueno y lo malo. Como si en los días del hombre solo existieran dos sentimientos, el amor y el odio.
Extremos de la misma soga, ambos se entretejen en el alma de los mortales. Una conjugación esencial para quienes viven, sienten, aprenden, aciertan y se equivocan con la misma facilidad y naturalidad de la respiración, algo incorporado por necesidad.
El alma interpreta las situaciones en sentimientos, haciendo uso de la escala cromática para darle sentido a lo que nuestros ojos naturales ven, y llevarlo al plano interno es ese nexo entre lo físico y lo espiritual, el alma.
“Engañoso y perverso es el corazón del hombre ¿Quién lo conocerá?”… no es una ciencia ni mucho menos una metáfora bonita. Talvez el designio perfecto del Arquitecto de todas las cosas.
Una cláusula en el contrato de la inmortalidad del alma, del espíritu de la escénica puesta por el Hacedor en cada uno, el no poder entender todas las cosas, como un resguardo de nosotros mismos y de nuestro propios sentimientos.
sábado, 16 de mayo de 2009
confiar en pocos
“Ama todos; confía en pocos; no hagas mal a nadie.”
(W. Shakespeare)
Esta es una de mis frases favoritas de Shakespeare, hasta casi parecen tres mandamientos bíblicos. Aunque no necesariamente sea eso lo que el autor pretende transmitir.
Por nuestra propia naturaleza no podemos amar a todos, amamos a las personas más cercanas. En los tiempos que corren es un verdadero milagro amar a alguien y prácticamente imposible amar a todos. Con tantas barreras que la propia cultura ha marcado y la sociedad ha impuesto, sin mencionar nuestras propias barreras, las cuales parten de la ignorancia para desembocar en la intolerancia hacia las personas que no son similares a nosotros o comparten un mismo objetivo.
Partiendo de esta cuestión, se sobre entiende que “no hacer mal a nadie” es algo mas que imposible. Por más que pongamos todo nuestro empeño en no lastimar a nadie, e intentemos ser políticamente correctos, inevitablemente vamos a herir susceptibilidades.
Tanto amar a todos, como no lastimar a nadie, son cuestiones que se escapan de las más buenas intenciones que podamos llegar a tener.
No obstante algo que si encuadra en los parámetros de la mayoría de los mortales, es ser desconfiado. Así como existen las personas crédulas, confiadas o tan solo por demás inocentes; existen personas por demás desconfiadas. Pero aquí el autor no se refiere al hecho de ser desconfiado, sino todo lo contrario, es casi una exhortación para generar algún vínculo de confianza, pero no con todos.
Confiar en pocos, tiene muchos matices de una señal de advertencia. A medida que pasan los años en la vida, las experiencias van adquiriendo un tinte áspero y entendemos que las personas defraudan, que algunas situaciones y personas no suelen ser lo que aparentan, nuestro circulo de confianza empieza a perder diámetro, lo cuan no es malo, lo malo seria no darse cuenta de la necesidad de estrechar filas.
No podemos impedir ser afectados en mayor o en menor media por las circunstancias que nos rodean, pero si podemos plantearnos a nosotros mismos que tanto dejamos que dichas cuestiones o personas incidan en nosotros.
A su vez, hay dos cosas que no pueden ser eludidas en esta cuestión: dejar de confiar en las personas; o cerrarnos lo suficiente como para no dejar que los nuestros accedan a nosotros.
Saber elegir en quien confiar es no buscar el mejor confidente, sino el indicado. Y solamente podemos saber quien es el indicado después de haber confiado primero.
(W. Shakespeare)
Esta es una de mis frases favoritas de Shakespeare, hasta casi parecen tres mandamientos bíblicos. Aunque no necesariamente sea eso lo que el autor pretende transmitir.
Por nuestra propia naturaleza no podemos amar a todos, amamos a las personas más cercanas. En los tiempos que corren es un verdadero milagro amar a alguien y prácticamente imposible amar a todos. Con tantas barreras que la propia cultura ha marcado y la sociedad ha impuesto, sin mencionar nuestras propias barreras, las cuales parten de la ignorancia para desembocar en la intolerancia hacia las personas que no son similares a nosotros o comparten un mismo objetivo.
Partiendo de esta cuestión, se sobre entiende que “no hacer mal a nadie” es algo mas que imposible. Por más que pongamos todo nuestro empeño en no lastimar a nadie, e intentemos ser políticamente correctos, inevitablemente vamos a herir susceptibilidades.
Tanto amar a todos, como no lastimar a nadie, son cuestiones que se escapan de las más buenas intenciones que podamos llegar a tener.
No obstante algo que si encuadra en los parámetros de la mayoría de los mortales, es ser desconfiado. Así como existen las personas crédulas, confiadas o tan solo por demás inocentes; existen personas por demás desconfiadas. Pero aquí el autor no se refiere al hecho de ser desconfiado, sino todo lo contrario, es casi una exhortación para generar algún vínculo de confianza, pero no con todos.
Confiar en pocos, tiene muchos matices de una señal de advertencia. A medida que pasan los años en la vida, las experiencias van adquiriendo un tinte áspero y entendemos que las personas defraudan, que algunas situaciones y personas no suelen ser lo que aparentan, nuestro circulo de confianza empieza a perder diámetro, lo cuan no es malo, lo malo seria no darse cuenta de la necesidad de estrechar filas.
No podemos impedir ser afectados en mayor o en menor media por las circunstancias que nos rodean, pero si podemos plantearnos a nosotros mismos que tanto dejamos que dichas cuestiones o personas incidan en nosotros.
A su vez, hay dos cosas que no pueden ser eludidas en esta cuestión: dejar de confiar en las personas; o cerrarnos lo suficiente como para no dejar que los nuestros accedan a nosotros.
Saber elegir en quien confiar es no buscar el mejor confidente, sino el indicado. Y solamente podemos saber quien es el indicado después de haber confiado primero.
viernes, 3 de abril de 2009
nos gusta más como lo dice otro.
“Tratando de cambiar emoción por canción”.
(Andrés Calamaro)
Suele suceder en esas ocasiones donde la revolución de los sentimientos no encuentra lenguaje alguno para expresarse. Es en ese pérsico momento en el que recurrimos a determinada música, a algún autor en particular, grupo, cantante o temática. Por nuestros propios medios no alcanzamos a sacar lo que tenemos adentro, pero si encontramos a alguien que ya había escrito algo relativo o muy parecido a lo que vivimos. En definitiva el cantante también es un ser humano como uno, con las mismas necesidades, pero a diferencia nuestra tiene esa capacidad o don de traducir el lenguaje del alma al papel usando un poco de tinta. De a ratos viene a ser como pequeñas líneas de sangre sobre, de un individuo que de a poco la corriente del rió empiezo a llevarse su roja esencia. En el mejor de los casos son guirnaldas de carnaval de brasil, palabras que procuran describir alegría, entusiasmo, exaltar virtudes etc.
Las canciones que nos facilitan la comunicación de nuestros sentimientos con nosotros mismos y con los demás. Nos proveen de metáforas prácticas para poner en frases la circunstancia que estamos viviendo, lo cual no quiere decir que no podamos por nosotros mismos, sino que nos gusta mas como lo dice otro.
Nos gusta mas como lo dice otro, no solo quiere decir que la otra persona tiene una facilidad o una practicidad para comentar las cosas, sino que también nos deslinda de toda responsabilidad del comentario, total fue el otro el que lo dijo. De ser un cómplice a un desconocido, no hay mucha distancia, solamente depende de la ocasión.
Cambiar emoción por canción es una virtud divina que solo algunos dotados poseen, en esas canciones podemos ser sus cómplices, asintiendo con nuestra alma la veracidad de sus glosas, hasta que cambie el viento que impulsa la vela de nuestros sentimientos y sean otras canciones las que nos den el empuje para seguir, como si una impetuosa ráfaga llevara nuestro pequeño navío por la ruta trazada en las aguas de la vida. Pero en la ausencia de las corrientes de los aires, cuando las naves se detienen también hay canciones, como anclas, con las que no podemos movernos, ni avanzar ni retroceder, inmóviles, estáticos, pero con canciones y emociones.
La diferencia es saber mover el dial en el momento justo, para no detenerse.
(Andrés Calamaro)
Suele suceder en esas ocasiones donde la revolución de los sentimientos no encuentra lenguaje alguno para expresarse. Es en ese pérsico momento en el que recurrimos a determinada música, a algún autor en particular, grupo, cantante o temática. Por nuestros propios medios no alcanzamos a sacar lo que tenemos adentro, pero si encontramos a alguien que ya había escrito algo relativo o muy parecido a lo que vivimos. En definitiva el cantante también es un ser humano como uno, con las mismas necesidades, pero a diferencia nuestra tiene esa capacidad o don de traducir el lenguaje del alma al papel usando un poco de tinta. De a ratos viene a ser como pequeñas líneas de sangre sobre, de un individuo que de a poco la corriente del rió empiezo a llevarse su roja esencia. En el mejor de los casos son guirnaldas de carnaval de brasil, palabras que procuran describir alegría, entusiasmo, exaltar virtudes etc.
Las canciones que nos facilitan la comunicación de nuestros sentimientos con nosotros mismos y con los demás. Nos proveen de metáforas prácticas para poner en frases la circunstancia que estamos viviendo, lo cual no quiere decir que no podamos por nosotros mismos, sino que nos gusta mas como lo dice otro.
Nos gusta mas como lo dice otro, no solo quiere decir que la otra persona tiene una facilidad o una practicidad para comentar las cosas, sino que también nos deslinda de toda responsabilidad del comentario, total fue el otro el que lo dijo. De ser un cómplice a un desconocido, no hay mucha distancia, solamente depende de la ocasión.
Cambiar emoción por canción es una virtud divina que solo algunos dotados poseen, en esas canciones podemos ser sus cómplices, asintiendo con nuestra alma la veracidad de sus glosas, hasta que cambie el viento que impulsa la vela de nuestros sentimientos y sean otras canciones las que nos den el empuje para seguir, como si una impetuosa ráfaga llevara nuestro pequeño navío por la ruta trazada en las aguas de la vida. Pero en la ausencia de las corrientes de los aires, cuando las naves se detienen también hay canciones, como anclas, con las que no podemos movernos, ni avanzar ni retroceder, inmóviles, estáticos, pero con canciones y emociones.
La diferencia es saber mover el dial en el momento justo, para no detenerse.
cualquiera puede quejarse
“Si no fuera esto, seria otra cosa”.
En lo particular pienso que es una frase concisa, concreta y bastante sincera. Lo cual no quiere decir que se pueda aplicar a todas las situaciones en general, eso seria un vano capricho. Sin embargo la aplico mucho a la queja. Esta frase me hace pensar en las personas que se quejan con mucha vehemencia, por emplear términos decorosos.
Solamente con la idea de disertar un breve momento voy a abordar la queja desde dos puntos de vista, como un reclamo justo y necesario, y como un capricho.
Existen ciertas circunstancias en la vida en las cuales se padecen injusticias, contrariedades varias, etc. en las cuales la queja es un recurso, a veces el único, de hacer notar dicha aflicción a los demás socios de la sociedad. Probablemente esta sea la forma correcta de ejercer la queja, por así decirlo, de haber alguna forma correcta. Las adversidades, sean por factores externos o internos, le dan carácter de legal la queja, la abalan. Por ejemplo, cuando le roban a una persona en la vía pública, es victima de un arrebato, consideramos que ésta esta en todo su derecho de reclamar y quejarse por haber afrontando un hecho tan desafortunado, en el cual dicha persona es ajena a toda culta y responsabilidad.
Por otro lado, y cambiando la óptica rotundamente, la queja como capricho es meramente banal, ante la mas mínima incomodidad, desacuerdo o mal estar particular, cualquier particular pone su voz en el cielo para hacer notar su disconformidad. El ejercicio de la queja, en este caso, se puede aplicar a situaciones y cosas muy diversas, desde una caries en un diente, la picazón en un ojo, dolor de estomago, que nuestro equipo de futbol, porque hace frio o calor, por el discurso de alguna persona o comentario particular, o solamente porque tenemos el tiempo hacer comentarios quejumbrosos, eso en el mejor de los casos es considerado deporte, de mal gusto.
Bajo este punto de vista, cualquier estadio de incomodidad es valido para quejarse.
Para este último grupo de personas acostumbrada al mencionado ejercicio, la más mínima molestia puede ser el motivo, bajo este punto de vista “si no fuera esto, seria otra cosa”.
Todos conocemos personas con la “patología” de la queja por deporte, siempre se están quejando por algo, si no es esto, es lo otro o aquello. Siempre hay algo.
Dejando de lado comentarios optimistas o pesimistas, siempre va a haber cosas, situaciones o personas que nos desagraden, molesten, incomoden o no toleremos, pero la respuesta no es quejarse, la solución no es esa.
A diferencia de la protesta, la queja es pasiva, porque perder tiempo en algo que no redunda en beneficio de nadie. Ser activo, hacer algo, no detenerse, si te molesta cambialo, modifícalo, pelea por lo que es justo. Elegí el camino del esfuerzo, no te acostumbres, la queja te moldea a las situaciones, cualquiera puede quejarse. Pero son los menos los que se imponen a las adversidades, esos son los que no se quejan.
En lo particular pienso que es una frase concisa, concreta y bastante sincera. Lo cual no quiere decir que se pueda aplicar a todas las situaciones en general, eso seria un vano capricho. Sin embargo la aplico mucho a la queja. Esta frase me hace pensar en las personas que se quejan con mucha vehemencia, por emplear términos decorosos.
Solamente con la idea de disertar un breve momento voy a abordar la queja desde dos puntos de vista, como un reclamo justo y necesario, y como un capricho.
Existen ciertas circunstancias en la vida en las cuales se padecen injusticias, contrariedades varias, etc. en las cuales la queja es un recurso, a veces el único, de hacer notar dicha aflicción a los demás socios de la sociedad. Probablemente esta sea la forma correcta de ejercer la queja, por así decirlo, de haber alguna forma correcta. Las adversidades, sean por factores externos o internos, le dan carácter de legal la queja, la abalan. Por ejemplo, cuando le roban a una persona en la vía pública, es victima de un arrebato, consideramos que ésta esta en todo su derecho de reclamar y quejarse por haber afrontando un hecho tan desafortunado, en el cual dicha persona es ajena a toda culta y responsabilidad.
Por otro lado, y cambiando la óptica rotundamente, la queja como capricho es meramente banal, ante la mas mínima incomodidad, desacuerdo o mal estar particular, cualquier particular pone su voz en el cielo para hacer notar su disconformidad. El ejercicio de la queja, en este caso, se puede aplicar a situaciones y cosas muy diversas, desde una caries en un diente, la picazón en un ojo, dolor de estomago, que nuestro equipo de futbol, porque hace frio o calor, por el discurso de alguna persona o comentario particular, o solamente porque tenemos el tiempo hacer comentarios quejumbrosos, eso en el mejor de los casos es considerado deporte, de mal gusto.
Bajo este punto de vista, cualquier estadio de incomodidad es valido para quejarse.
Para este último grupo de personas acostumbrada al mencionado ejercicio, la más mínima molestia puede ser el motivo, bajo este punto de vista “si no fuera esto, seria otra cosa”.
Todos conocemos personas con la “patología” de la queja por deporte, siempre se están quejando por algo, si no es esto, es lo otro o aquello. Siempre hay algo.
Dejando de lado comentarios optimistas o pesimistas, siempre va a haber cosas, situaciones o personas que nos desagraden, molesten, incomoden o no toleremos, pero la respuesta no es quejarse, la solución no es esa.
A diferencia de la protesta, la queja es pasiva, porque perder tiempo en algo que no redunda en beneficio de nadie. Ser activo, hacer algo, no detenerse, si te molesta cambialo, modifícalo, pelea por lo que es justo. Elegí el camino del esfuerzo, no te acostumbres, la queja te moldea a las situaciones, cualquiera puede quejarse. Pero son los menos los que se imponen a las adversidades, esos son los que no se quejan.
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