miércoles, 1 de febrero de 2012

Botellas en el río (Parte V)


Comimos en silencio, cada tanto alguno de los dos levantaba la cabeza para mirar hacia el río. El pescado estaba rico, aunque tenía un aspecto bastante sencillo, su sabor era de primera. El arroz tenía un poco de azafrán y eso cambiaba todo.
Cómo el vino era tinto, ninguno de los dos tocó el vaso.
Terminamos casi al mismo tiempo, él empujó el plato hacia adelante hasta casi tocar con el mío, y se reclinó hacia atrás.
-Postre no hay campeón.
-No, está bien así para mí.
-Fumo un cigarrito, para la digestión y estamos.
-Dale. ¿Querés que te levante la mesa para estar un poco más cómodos?
- No, no. Dejame que lo hago yo.
Mientras él levantaba las cosas de la mesa, aproveche para ir al baño, y a la vuelta me senté y acomodé mi libretita verde y un grabador.
Repasó la mesa, trajo un cenicero, se sentó y se quedó mirándome.
-Ya estamos, pregunte periodista.
-Primero, ¿Quién es usted, de dónde viene, que hace? – mientras decía eso prendí el grabador-
-Ja! Es una entrevista en serio esto.- y apagó el cigarro en el cenicero.
Esta vez el que le devolvió una mirada de: “el chiste no me causa gracia” fui yo.
-Bueno, yo me llamó Iñaki D’Aguerre. Vasco- francés. Mis abuelos vinieron  de Entre Ríos. Eran gente de plata en la ciudad y cuando se fueron me dejaron algo de campo y esta isla. Hacía algunos años vivía en la ciudad pero me vine porque no andaba bien, o sea no económicamente, necesitaba distancia de la gente y un poco de paz.
-¿Qué relación tiene con las botellas? o mejor dicho ¿Usted las escribe y las tira, no?
-Soy el dueño de las botellas, por eso las tiro. Y también soy el dueño de lo que ellas tienen adentro. – hizo una mueca con la comisura del labio.- Que rápido llegó al tema, pregunta bien.
Siendo periodista, había estudiado para preguntar, aunque no nos preparan para escuchar respuestas.
-Y el oficio es así. – dije sonriendo.- ¿te puedo tutear?
-Si. No seremos amigos, pero ya almorzamos juntos. – soltó una risa tenue.-
-¿Sos poeta, escritor, o periodista? ¿A qué se debe ese interés por la escritura?
-No soy ninguna de las tres cosas esas. Escribo porque quiero. – respondió en seco.- y mi interés no es la escritura en sí.
-¿Se puede saber qué es lo que escribe o lo que pretende con lo que escribe?
Se inclinó sobre la mesa y se acercó el cenicero. Sacó del bolsillo de su camisa sin mandas una cajita de fósforos y otra de cigarros. Pendió uno y se reclinó.
Yo no sabía si me había equivocado de pregunta, si la entrevista terminaba ahí y me tenía que volver a nado, o si me iba a correr con una botella rota por haber ido a molestarlo.
-Es una larga historia el motivo de porque escribo. Pero diría que las botellas son sobres de vidrio. Cartas para una persona. – dijo mientras sacaba humo por su nariz.-
Hasta ahí eran todas respuestas que me imaginaba, o que de alguna manera podía deducir. Tenía que ser cuidadoso con el resto de las preguntas que le iba a hacer para hacerlo sentir cómodo y que pudiera hablar con confianza.
-O sea que escribe para alguien en particular. No es que sea científico ni nada, pero lo esa mirada triste que tiene ahora, deduzco que es por una mujer. – dije con tono comprensivo.-
-Si, es una mujer. La mujer que todavía amo y extraño. – y perdió su mirada entre lo verde de los árboles.-
Parecía que lo había perdido, que el alma se le había ido del cuerpo. El cigarro se le consumía entre los dedos. Por un momento creí ver como sus labios temblaban, como cuando los nenes están por llorar. Parpadeó fuerte un par de veces. Truco viejo para evitar llorar en público.
-Sí, es una mujer. Le escribo a una mujer cartas en botellas. Desde que me vine de la ciudad no hubo día que no pensara en ella, y como pensaba cosas lindas, - carraspeó un poco.- entienda, cosas de un hombre… – hizo una seña ruda y repitió- un hombre enamorado.
-Si, si. Más bien.
-Como escribía cosas de enamorado, decidí mandárselas en botellas.
-Pero, ¿acá no pasa en correo o una lancha para que pudiera llevarle las cartas? Creo que le sale más barato un sobre y una estampilla que una botella de vino. – interrumpí el momento romántico.-
-Es un poco más complicado que eso. Todo tiene un porque en la vida. Voy a buscar otra botella y le sigo contando.

2 comentarios:

  1. Es genial todo lo que escribis, como siempre! Sigo con mucha ansiedad por saber como continua la historia!

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