martes, 24 de enero de 2012

Botellas en el río (Parte I)


Era otro día caluroso de verano, estaba a mitad de mis vacaciones disfrutando de un paseo por la rivera. Había un poco de viento pero no alcanzaba a refrescar, hasta el agua de la costa parecía irradiar calor.
Por la cantidad de peatones, más que una rambla parecía un paseo peatonal. Gente cargando sombrillas, bolsas, termos y mates, niños, y todo lo necesario para un día junto al río.
Cada tanto detenía mi marcha para refugiarme bajo algún paraíso, solo para evitar quemarme demasiado.
Después de caminar durante un rato largo encontré una escalera que bajaba hasta la playa. Me descalcé antes de llegar a la arena, que estaba caliente, y con pasos ligeros y firmes caminé hasta el agua.
Las pequeñas olas me mojaban las rodillas, una de las sensaciones más refrescantes de esa tarde. Me saqué la remera para que no quedaran marcas en los brazos y después de un rato me acomodé en la arena.
Tenía la vista fija en el agua vi a lo lejos algo que parecía ser una botella. Y en efecto, cuando las pequeñas olas acercaron el objeto, era una botella verde, de esas que se usan para el vino.
Me paré y me metí en el agua para poder agárrala. Cuando la tuve en la mano me di cuenta que tenía papeles adentro, y estaba bien tapada.
Miré a mí alrededor pero nadie parecía darse cuenta de mi gran hallazgo, y justo cuando creía haber pescado todo, vi otra botella más y me apuré a sacarla del agua.
Volví a sentarme en el mismo lugar con los envases vacios de vino pero llenos de letras a mis pies. El sol regalaba su brillante reflejo en el río y yo trataba de disimular la felicidad de mi descubrimiento, dicen que la basura de unos es el tesoro de otros, y así me sentía yo.
Miré con detenimiento los papeles que tenían adentro ambas botellas, parecían ser cartas por la forma en la que estaban dobladas, si eran cartas eran solo palabras, pero interesantes porque estaban dentro de una botella.
Pero por alguna extraña razón sospeche que podrían llagar a tener dinero adentro. Aunque también pensé -¿Quién pondría dinero en una botella, la tapa bien y la tira al río? – eso sonaba algo ridículo.
Pero de todas maneras no las iba a abrir en la playa, así que me quedé mirando como el sol perezoso de verano se escondía detrás de los árboles en la orilla de enfrente.
Todavía la arena estaba caliente cuando comencé a caminar hacia la escalera que daba a la rambla. Al principio caminaba con los embaces de vino vacíos en la mano, y a los pocos metros los guardé en la mochila porque la gente me miraba con algo de desconfianza.
Después de un rato largo de caminata llegué al hostal. Era una casa vieja, con techos de casi cinco metros de alto, así que era bastante fresca para soportar los terribles días de verano.
Me di una ducha y me cambié, había dejado las botellas arriba de la mesa y parecía que me estaban esperando para que las abriera.
Levanté una de ellas, la puse a contraluz para poder ver algo de lo que estaba escrito adentro, pero no tuve éxito.
El corcho estaba muy ajustado y parecía que lo habían sellado con cera o parafina, ideal para impermeabilizar, pero complicado para abrirla.
Fui a la cocina a buscar un saca corchos, pero no tuve suerte. El corcho ya se había dilatado y la parafina había hecho el resto.
Me quedé mirando la botella sobre la mesada, sólo mi curiosidad superaba mi bronca por no poder abrirla. Hasta que tuve una buena idea, o eso creí.
Envolví el embase de vidrio con un repasador, miré por la puerta y la ventana de la cocina para ver que no viniera nadie, y golpee la botella envuelta con el filo de la mesada.
Los vidrios hicieron un ruido tremendo cuando cayeron al piso, obviamente esa no era parte del plan original.
-          ¿Qué pasó, te cortaste? – preguntó el en cargado del hostal –
-          No, estoy bien.- le dije mientras sostenía el cuello de la botella escondido en el repasador.- yo limpio este lio,  no te preocupes.
Mientras juntaba los pedazos de vidrio levanté los papeles amarillentos del suelo, el encargado me miraba con desconfianza.
-          Discúlpame – dije con la escoba en la mano-¿Vos sos de por acá?
-          Si, nacido y criado.
-          Sólo para satisfacer mi curiosidad. Hoy encontré un par de botellas flotando en el río ¿tenés idea de quien pueden ser o porque están ahí flotando?
-          ¿O sea que lo que rompiste fue una de esas botellas?
-          Sí, pero no pensaba hacer tanto ruido.
-          Trae mala suerte romper una de esas botellas – dijo mirando al piso- esas botellas no se sacan del río, son para el río
Esa última parte me resultó demasiado misteriosa como para que me dejara con la incógnita.
-          Ah, mira, no sabía nada. – contesté haciéndome el desentendido.- pero ¿al menos saben quién escribe lo que tienen adentro?
-          Hay un viejo, rio arriba que está loco, y tiene poderes. Nadie se mete con él o con sus botellas.
Después de decir eso dio media vuelta y se fue caminando despacio.
Todo eso me resultaba demasiado raro como para ser cierto, sólo sabía que tenía una botella sin abrir en el cuarto y papeles en el bolsillo que iba a leer esa misma noche.

1 comentario:

  1. que dicen los papeles esos??? jaja super chusma!! saludos poeta

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