Le pidió bailar sin música. Ella lo miró con desconfianza, no entendió.
Cuando él la quiso tomar por la mano ella levantó los brazos simulando desperezarse.
El desconcierto le duró un instante, y volvió a repetir la acción, estiró la mano y la tomó la suya. Le hizo una seña con la cabeza para que lo siguiera.
Caminaron juntos hasta el jardín, pisando únicamente la hilera de lajas grises incrustadas en el pasto verde.
De repente se dio vuelta y la tomo por la cintura acercándosela a menos de un palmo. Apenas unos centímetros distanciaban sus caras.
Sus ojos hicieron contacto a pesar de los intentos que ella hizo para evitar su mirada. Primero la hipnosis y después el trance, vieron en los abismos de sus pupilas la eternidad juntos, envejecieron con las estrellas, vieron lo que querían el uno del otro. El sol salió y se puso varias veces en esa mirada, en ese instante, literalmente un siglo que cabe en un parpadeo.
Inclinaron sus rostros hasta casi tocar las narices con los ojos abiertos. Cuando sus labios se sellaron la luz ya estaba adentro y descansaron su vista puertas adentro.
Con un paso similar al vals de a poco fueron dándole ritmo a un abrazo, su abrazo.
Después de un rato sin tiempo, ella recostó su cara sobre el pecho de él.
- ¿Qué dirían si nos vieran bailando así, sin música?- Dijo ella.- seguro pensarían que somos dos locos.
Él se rió suavemente y le contestó:
- Loco sería no bailar así, esta es nuestra propia música. Mira hacia arriba ¿ves a alguna estrella riéndose de nosotros? Es más, creo que miran a estos dos locos con mucha atención. Tal vez les estamos enseñando un paso que no conocen.
hermoso lo que escribiste!
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