viernes, 21 de septiembre de 2012

El engaño

Espacios mentales libres
De la propia voz, algo así
Como un jardín ingles
Tras la fachada de un edificio francés.
Los mortales no esquivan los sentimientos
Los atraen, los abrazan, los exprimen.
Así, algunos atajan con la cabeza
Los golpes que recién en el corazón.
Y tal vez el daño más grande
No lo causen las palabras, sino
Su eco, que puede resonar
Por años en el cerebro.
Una mente aturdida, no es
Un corazón asustado. Un corazón
Asustado, no es una mente perdida.
Desde el final de los cabellos
Al principio de los pies, hay dos
Sentimientos inconfundibles del resto.
Y muy similares entre sí.
El afecto es al solo
Lo mismo que el olor de comida
Al hambriento.
El rostro del enamorado es inconfundible,
No así del que odia, este, tiene mil caras,
Una más amable que la otra.
El arrepentimiento veloz
No siempre es por afecto,
A veces es por interés.
Por eso es importante el silencio, sin escuchar
A los demás, ni a uno mismo
Antes de tomar decisiones.
El engaño más grande, cuando estamos perdidos,
Es pensar que la respuesta está en nosotros mismos,
Que la solución viene de los sentimientos.

Tan oscura

Ya no quiero estar solo
En los atardeceres.
Cuando se acerca la noche
Sabiendo que no hay nadie cerca.
Si lo pienso bien me cuesta
Mas enamorarme que
Comprar un auto.
Abandoné las suposiciones
Y conjeturas por cuadros
Del impresionismo francés.
Lo real no es lo que se ve
Sino el trazo de la mano del artista.
Es difícil observar los detalles
De la noche y las estrellas
Con un cielo tan inconstante.
Me recuerdan a vos,
Tan cambiante, tan atrapante
Tan oscura.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Viajero frecuente


Cada viaje comienza
en el mismo el mismo lugar;
en el cuarto haciendo el bolso.

Incluso con el equipaje
cerrado quedan dudas abiertas
de presuntos olvidos.

Salir de noche o de día
nunca llega a ser lo mismo.
El sueño, sin embargo, es igual.

Es preferible salir mal
acompañado que solo, al menos
hay alguien con quien hablar.

Los fumadores de las estaciones
suelen sostener charlas interesantes,
aunque no tengan mucho contenido,
es atrayente verlos gesticular.

Después de estar dos horas
en una sala de espera, ver abordar
un avión resulta similar a contar ovejas.

En cada lugar la gente le reza
a distintas deidades, aunque
todos busquen al Altísimo.

No llegar al destino que uno
pretende, no quiere decir que
el viaje se haya frustrado.

No hay que olvidar que
el destino es el dueño de mapa,
y de todo el camino.

Las mil luces de la pista
y los millones de estrellas,
son imágenes que pocas
cámaras pueden guardar.

Besos de aeropuerto, abrazos
en colectivo, los colores del tren,
compras en estaciones de servicio,
fotos con tres cuartos de cielo.

 

El olvido


Quisiera que fuera un apartado postal
al que pudiera mandar palabras habladas
o escritas sólo pagando la estampilla.

Quisiera que fuese una persona
a la que recurrir y hacer catarsis,
contarle todo sin recibir respuesta.

Quisiera que fuese una casa
en la que ningún mueble
me recuerde nada ni nadie.

Sin embargo

Es como un buen amigo
que sabe guardar un secreto
por muchos años.

Es como la arena de la costa
cuando la marea está baja
que se va a lavar cuando suban las olas.

Es como un dibujo de tiza en el suelo,
que cuando llueve  va quedando el rastro de
los colores borrosos hasta desaparecer.

Cuarto en el cielo


Tal vez la respuesta esté
Dando vuelta la página,
Y ahí encontremos la receta
Para nuestra felicidad.
Cómo fabricarnos un
Cuarto En el cielo,
Desde donde podamos
Mirar al resto de la
Creación de Dios y
Reírnos del porvenir.
Que los ángeles envidien
Nuestras canciones,
Nuestras danzas con las nubes.
Vivamos suspendidos,
Suspendidos entre las cosas
De arriba y las de abajo.
Dejemos de usar relojes
Contemos el tiempo en
Días y noches, lunas y soles.

sábado, 14 de julio de 2012

Ciprés


¿Quién nos disuadió de
creer en la vida
de los árboles?

¿Cuándo abandonamos
las esperanzas en la
paz?

Acaso cambiamos tanto
que nos olvidamos de
pisar el pasto
descalzos.

Los caminos pasaron a ser
rutas y ahora autopistas.
Cada vez cuesta más
ver hojas secas en la
vereda del otoño.

Inconfundible es el olor
de la tierra mojada
para los que viven con los
pies en el suelo.

A diferencia del
hombre civilizado
los árboles ya no
viven en multitudes.

La semilla es vida, raíz
y tallo; altura y sombra;
habitaciones en espaciadas
ramas, donde cantan tenores
alados, hijos del viento.

La mano que le quitó la
vida a esa semilla, con
su madera hizo esta
mesa y esta silla en la
que sentado escribo.
cuidar la vida.

De mi infancia recuerdo
aquel ciprés en el parque,
su luz, su sombra,
el relajante sonido del viento
lamiendo sus hojas.  

sábado, 9 de junio de 2012

Esquimales (Parte III)


Había quedado como hipnotizada por la pantalla y esa extraña manera de vivir que le mostraba. Comenzó a pensar en todo lo que ella tenía cerca, todo lo que podía hacer.
Ese inmenso vacío blanco y árido le hacía pensar en toda la gente que la rodeaba, incluso la gente que ella no quería, pero que igual la rodeaba.
Cuando terminó su yogur con frutas, dejó el pote sobre la mesa ratona, juntó sus rodillas y abrazó sus piernas, se sentía una nena otra vez, mirando televisión en esa posición.
Varias cosas le habían resultado extrañas de la vida de esas personas, su forma de pescar, haciendo un agujero en la gruesa capa de hielo; que se pudiera encender fuego dentro de un iglú; pero sobretodo la hospitalidad para con los visitantes.
No tenía sueño pero ya no era hora de estar frente al televisor, si no se obligaba a ella misma a irse a la cama no iba a poder levantarse temprano al otro día, y todavía tenía que plancharse el pelo antes de ir al trabajo.
Se levantó del sillón, llevó el pote a la cocina y lo lavó. Dejó una lámpara de lectura encendida en el living, como hacía siempre y fue al baño a lavarse los dientes.
Sacó de su cartera El bosque de los pigmeos, se lo había comprado hacía pocos días.
Abrió la cama y se sentó con el libro en ambas manos, rápidamente buscó el capitulo que estaba leyendo, Los pigmeos.
El frío de la cama ahora era su peor incomodidad. Pero ella tenía una vieja estrategia para esos casos. Corría la almohada hacia la cabecera y se sentaba con la espalda apoyada en el espaldar, comenzaba con ambos pies a deslizarlos rápidamente, la fricción de sus pies sobre las sabanas iba calentando el colchón y poco a poco le iba ganando lugar con su cuerpo al frío. Era eso o levantarse a buscar una bolsa con agua caliente.
Todos los inviernos pensaba en comprarse una frazada eléctrica, pero se acordaba de hacerlo en septiembre, su mala memoria le jugaba en contra.
Una vez templado el colchón, se acomodó para leer un poco antes que llegara el sueño.
El relato la atrapo al segundo párrafo, pero a medida que los renglones iban pasando llegó a la conclusión que no era un capitulo para leer de noche. Buscó el papel que usaba de señalador que estaba arriba de la mesita de luz lo introdujo entre las páginas y cerró el libro.
Automáticamente, sosteniendo el libro entre sus brazos contra su pecho, se volteó sobre su costado derecho, clavando la vista en la puerta de cuarto que estaba entreabierta.
Su mente estaba en una suerte de transición entre lo que había leído y lo que había mirado en la televisión.  
Esquimales, pensó, gente de costumbres particulares.
Su mente se había quedado en los detalles de la hospitalidad de aquel pueblo que relató el locutor de voz grave.  Había mencionado que cuando un esquimal recibía a otro que estaba de paso y se quedaba a pasar la noche en su iglú, el anfitrión le prestaba a su mujer para que no pasara frío.
Esa idea le resultaba chocante, “¿Cómo iba a compartir a su mujer? ¿Por qué no iba el anfitrión a darle calor al huésped?”  Pensó. Todo eso le resultaba bastante machista.
Le alcanzó un breve instante, un minúsculo segundo en el que realizó un movimiento involuntario, pasó su pie por la parte inhabitada del colchón, solo eso le alcanzó para perder toda clase de concentración a cerca del tema que venía pensando y concentrarse en el frío que ocupaba el resto de su cama. Fue eso y el escalofrío que le recorrió la espalda entre los dos omóplatos que le hicieron pensar que tal vez no sería mala idea tener a un esquimal junto a ella.