jueves, 20 de septiembre de 2012

Viajero frecuente


Cada viaje comienza
en el mismo el mismo lugar;
en el cuarto haciendo el bolso.

Incluso con el equipaje
cerrado quedan dudas abiertas
de presuntos olvidos.

Salir de noche o de día
nunca llega a ser lo mismo.
El sueño, sin embargo, es igual.

Es preferible salir mal
acompañado que solo, al menos
hay alguien con quien hablar.

Los fumadores de las estaciones
suelen sostener charlas interesantes,
aunque no tengan mucho contenido,
es atrayente verlos gesticular.

Después de estar dos horas
en una sala de espera, ver abordar
un avión resulta similar a contar ovejas.

En cada lugar la gente le reza
a distintas deidades, aunque
todos busquen al Altísimo.

No llegar al destino que uno
pretende, no quiere decir que
el viaje se haya frustrado.

No hay que olvidar que
el destino es el dueño de mapa,
y de todo el camino.

Las mil luces de la pista
y los millones de estrellas,
son imágenes que pocas
cámaras pueden guardar.

Besos de aeropuerto, abrazos
en colectivo, los colores del tren,
compras en estaciones de servicio,
fotos con tres cuartos de cielo.

 

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