sábado, 14 de julio de 2012
Ciprés
¿Quién nos disuadió de
creer en la vida
de los árboles?
¿Cuándo abandonamos
las esperanzas en la
paz?
Acaso cambiamos tanto
que nos olvidamos de
pisar el pasto
descalzos.
Los caminos pasaron a ser
rutas y ahora autopistas.
Cada vez cuesta más
ver hojas secas en la
vereda del otoño.
Inconfundible es el olor
de la tierra mojada
para los que viven con los
pies en el suelo.
A diferencia del
hombre civilizado
los árboles ya no
viven en multitudes.
La semilla es vida, raíz
y tallo; altura y sombra;
habitaciones en espaciadas
ramas, donde cantan tenores
alados, hijos del viento.
La mano que le quitó la
vida a esa semilla, con
su madera hizo esta
mesa y esta silla en la
que sentado escribo.
cuidar la vida.
De mi infancia recuerdo
aquel ciprés en el parque,
su luz, su sombra,
el relajante sonido del viento
lamiendo sus hojas.
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