El valiente, es el ímpetu, la fuerza y a veces el apuro del destino para hacer las cosas. Mientras que, el cobarde, podría decirse, es la excusa perfecta para no interferir o interrumpir el curso de las cosas, las que están bien y las que están mal.
Es por esto, que cada ser, cree ser artífice de su destino en base a sus propias elecciones o decisiones. Lo cual es cierto, en parte, porque también hay que saber que cada quien cuenta con una cuota de osadía o cobardía a la hora de optar o elegir ante las situaciones que la vida presenta. Esa cuota, es la que le da el tenor a la decisión. “*
Martina y Agustín se conocían desde la infancia.
No habían ido juntos al colegio, pero eran amigos del barrio. Él había sido compañero y amigo de la hermana mayor de ella.
Llevaban tres años de relación. El primero de aquellos años fue el mejor de todos; el segundo, con algunos sobresaltos, normales en toda relación; el tercero ya tenía cuestiones que habían, no solo desgastado la relación, sino también a ellos mismos.
Aquella tarde, Martina estaba en su casa, esperando que su novio pasara al buscarla para salir, era domingo, tenían toda la disponibilidad para pasear por cualquier lado que quisieran. Pero ella estaba de mal humor porque él estaba retrasado.
No era algo de extrañar en él un retraso, a estas alturas era una cosa más en la situación.
Ella se acostó a dormir la siesta, después de haber salido la noche anterior, estaba cansada.
Cuando llego Agustín, su cuñada, y amiga de colegio, fue la que le abrió la puerta. Cruzaron unas palabras en tono amistoso, algo común para dos personas que se conocen de años y comparten algún vínculo político.
Le dijo que su hermana estaba durmiendo, y le ofreció ir a despertarla, pero él se negó, con la excusa de dejarla descansar.
Luego de una conversación entre cuñados con mates de por medio, ella apareció en la cocina. Con cara de recién levantada, los ojos entre abiertos, un par de marcas de la almohada en la mejilla derecha, y de mal humor.
Su hermana se levantó, se disculpó y abandonó la cocina más rápido que un bombero, le conocía la cara a su hermana. Y ese momento no era propicio para quedarse.
Martina sólo necesitaba una excusa para pelear, y el retraso de Agustín le venía como anillo al dedo para preparar el escenario de tal manera que quedara como víctima de la situación. Y de esa forma conseguir un poco más de atención.
Por su parte, Agustín necesitaba una pelea para terminar la relación, una excusa para ponerle fin a una sucesión de pleitos. La seguía amando, pero no encontraba la solución a las diferencias, convivir con el dolor no era una respuesta, mucho menos una salida.
“¿Cómo es que dos personas pueden ver una misma situación de dos maneras distintas? La respuesta es fácil y un tanto obvia, porque ambas personas contemplan primero sus necesidades primero, utilizándolas como prisma para buscar una solución, de tal manera que puedan suplirlas. El problema sigue siendo el mismo para ambas personas, pero al tener distintos temores, dolores, ansiedad por distintos motivos, etc. Su visión del mundo en ese momento cambia radicalmente. Por eso el destino tiene distintas herramientas, dependiendo del momento, utiliza la que más se ajuste a su plan.” *
Así fue, discutieron. Ella habló primero, vehementemente expuso su pensamiento y su sentir.
Él guardó silencio mientras escuchaba un monologo de reclamos y regaños. No pretendía desmentir nada, muchas de las cosas que ella decía eran ciertas, otras exageradas, pero no mentía.
Cuando Martina terminó de hablar, le exigió a él que hablara, que le contestara algo. Él se quedó callado unos minutos. Después de eso, la miró y le dijo en un tono muy calmado que la relación llegaba hasta ese día. No justificó su decisión. Ella rompió en llanto. El no la abrazó.
Él se levanto, y lentamente se fue caminando hacia la puerta de calle. Ella trató, sin éxito de detenerlo, casi como una formalidad, porque sabía en el fondo, que lo que estaban haciendo estaba bien, solo que ella no tenía el valor para dejarlo, sólo esperaba el momento para que él se decidiera.
“No siempre el que toma la decisión es el valiente, y no siempre el que permanece en su lugar es el cobarde. Los roles se pueden invertir, a veces el cobarde decide primero para evitar un remordimiento posterior. Y el valiente permanece estoico, de lo contrario dejaría de ser quien es.
La única manera de diferenciar quién es quién, es esperar. Aquel que permanece firme en su decisión, es más valiente y decidido que el que se retracta.
A fin de cuentas no importa quien tome la iniciativa en la decisión, no hay forma de evitar que el destino se salga con la suya. No cuando tiene un mundo lleno de herramientas prestas para ser usadas.”*
*Extractos del libro “Herramientas del destino” Capitulo I.
muy lindo Ari!!
ResponderEliminarme puedes mandar info
sobre el libro??
porfa!!
gracias...
Hola Ada, tanto tiempo, disculpá que no te contesté antes, estuve cun muchas cosas para estudiar en la facultad.
ResponderEliminarLamento no poder mandarte info del libro, porque todavía no se escribió, está en proceso...
Me alegro que te haya gustado, un abrazo.
Hola Ari...
ResponderEliminarbueno no hay problema, entonces esperare a que se termine el libro!!
espero que hayas tenido una hermosa navidad
y que el año que viene sea muchisimo mejor mejor que este.
hasta pronto!!!
Hola Ada,muchas gracias, que vos también tengas un brillante 2011, un abrazo grande.
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